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Las elecciones europeas, marcadas por el eje digital anglosajón

El complejo panorama que arrojan los comicios al Parlamento Europeo no es ajeno a la influencia del eje digital anglosajón, constituido por el FT, The Economist, The Guardian, WSJ, NYT, BBC, Huffington Post y otros, todos profundamente euroescépticos, con un eje de intereses contrarios al euro y al sistema de Estado de bienestar imperante en el viejo continente. Europa es la región más fuerte económicamente del mundo, pero no tiene medios de comunicación paneuropeos que reflejen su propia imagen, algo de lo que deberían ocuparse los eurodiputados electos. Por Miguel Ormaetxea.

Las elecciones europeas, marcadas por el eje digital anglosajón

Las elecciones al Parlamento europeo de esta pasado fin de semana han resultado todo un terremoto político, con un clarísimo auge de los partidos antieuropeos, desde el Frente Nacional francés, en la extrema derecha, al Podemos español, a la izquierda de la izquierda tradicional.

¿Cuánto tiene que ver este preocupante resultado con el hecho de que, de manera creciente, la opinión pública más influyente en las elites europeas se conforma con el eje digital anglosajón: «Financial Times», más «The Economist», más «The Guardian», más «Wall Street Journal», más «New York Times», más la BBC, a los que podríamos añadir los digitales puros como el Huffington Post y otros?
 
Según el ranking global de ComScore, de los 25 sitios web de noticias más leídos del mundo, once son de EEUU y tres del Reino Unido. El resto son chinos. Europa es la región más fuerte económicamente del mundo, pero no tiene medios de comunicación paneuropeos que reflejen su propia imagen, como afirma Wolfgang Blau en «DerStandard «.

No existen medios que sirvan para un auténtico debate de los problemas de la construcción de la Unión, la eurozona, el Banco Central Europeo, la austeridad, los grandes dilemas en curso, sin los cuales la democracia que funciona en Europa está gravemente tarada.

Las elites que manejan el poder en la UE leen y siguen los medios británicos («Financial Times», «The Economist», la BBC) o norteamericanos, todos ellos profundamente euroescépticos, con un eje de intereses contrarios al euro, al sistema de Estado de bienestar imperante en Europa, que en general se muestra cada vez más crítico contra las crecientes desigualdades entre ricos y desfavorecidos.
 
La andanada lanzada este pasado sábado (la edición con más audiencia) por el rotativo salmón contra el economista francés Thomas Piketty y su libro «El capital del siglo XXI», el «best seller» de moda absoluta desde la aparición de su versión en inglés, es de una elocuencia manifiesta.

Ataca no ya sus tesis, sino el rigor de sus cifras y cálculos, que demuestran que una parte de la riqueza total de los países tiende a concentrarse en el segmento de los más ricos, por lo que pide instaurar un impuesto progresivo sobre el capital.

Evidentemente, esto no gusta nada en la City, que ha empleado a su leal acorazado mediático para intentar descalificar a Piketty. El economista galo ha replicado diciendo que el ataque de «FT» es claramente «ideológico». No va nada desencaminado.

Los que seguimos al rotativo rosa desde hace décadas sabemos bien que determinados temas, como el euro, la construcción europea, los problemas de los países del Sur de Europa que ellos llaman «Pigs», etc. están sesgados por los intereses y la visión de la City, el principal pilar de la economía británica.

Patetismo español

Resulta patético comprobar cómo prestigiosos medios españoles reproducen y airean con genuflexa veneración las tesis interesadas del diario británico.

Determinados temas como la evasión fiscal, los paraísos fiscales, el origen de las fortunas, son cuidadosamente punteados, «ninguneados» como diría un mexicano, en las páginas del diario. Más ahora que el «Financial Times» muestra un rutilante éxito de audiencia (+11% en el último año), 665.000 abonados de pago a sus páginas (dos terceras partes lo son a la edición digital).

El diario británico euroescéptico es la publicación más influyente en la Unión Europea, que tiene el lastre de una gran variedad de idiomas en su seno y una ausencia de anunciantes paneuropeos de peso, causa de los fallidos intentos de crear unos medios de comunicación verdaderamente europeos.

Ahora que la publicidad está dando un giro copernicano, gracias al auge de la publicidad programática (RTB), que no se dirige a los medios y las cabeceras, sino a los lectores individualmente, tal vez Europa tenga una segunda oportunidad.

Hace poco cerró el servicio de información digital que daba cuenta de lo más interesante publicado en medios europeos en varios idiomas, por razones presupuestarias. El Parlamento europeo recién elegido haría bien en ocuparse de esta cuestión nada marginal, pues es muy malo para la democracia y para los intereses europeos que la opinión pública la conformen tus detractores.

Este artículo se publicó originalmente en Media-Tics. Se reproduce con autorización.

RedacciónT21

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