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Hay indicios de espiritualidad más allá del Homo sapiens

El orgullo de especie es un sentimiento muy tramposo. Esto de etiquetar al ser humano como la única especie capaz de vivir experiencias espirituales y religiosas tiene ya muchos años, incluso nos hemos autodenominado Homo religious como queriendo distinguirnos del resto del reino animal precisamente por esta característica. Y sin embargo, se ha constatado que algunos seres vivos no humanos muestran señales de una cierta vida espiritual o religiosa.

Sería ingenuo intentar identificar una doctrina dogmática en un delfín: evidentemente, los signos de trascendencia se adecúan al alcance y los límites del ser en los que se manifiestan y, por tanto, no son iguales en humanos que en no humanos.

Aun así, cabe recordar que la religiosidad humana no siempre ha tenido la forma actual, es más, la mayor parte de la vida de la humanidad ha sido radicalmente distinta y las fronteras entre magia, ciencia, superstición, técnica, fe y arte nunca fueron tan claras como lo son ahora.

Algunos hitos han revolucionado el estilo religioso, como la generalización de la agricultura -que generó una riqueza y estabilidad social capaz de dedicar personas al culto religioso exclusivamente- o la escritura -que dio lugar a la plasmación de las palabras para su veneración y exportación-.

Pues bien, en los seres vivos no humanos, estos eventos u otros relevantes de la historia humana están ausentes; sin embargo, eso no quita que tengan experiencias análogas a las de nuestros antepasados y en esencia equivalentes a las nuestras.

Para establecer la distinción entre las formas de religiosidad a las que estamos acostumbrados y otras mucho más primitivas, se puede utilizar el término protorreligiosidad. Con él se denotan religiosidades prototípicas o versiones beta que carecen de una estructura compleja y de nitidez o pureza espiritual. Así, uno puede descansar más tranquilo y satisfecho al ver que no se le compara con una musaraña.

Elementos protorregligiosos

Identificar los elementos protorreligiosos genera gran dificultad porque son fácilmente confundibles con prácticas que nada tienen que ver con lo religioso y porque no podemos contrastar las motivaciones de los no humanos mediante entrevistas.

Sin ningún afán de rigor filosófico-teológico, se va a proponer que se entienda como protorreligiosa cualquier manifestación de espiritualidad, es decir de la conjunción de dos experiencias o conciencia: la experiencia o conciencia de finitud (identidad de sí, muerte, limitación, deseo…) y la experiencia o conciencia de infinitud (identificación con la familia o sociedad, con el universo, con la vida a pesar de la muerte…).

Con esta abstracción podemos enfocar los comportamientos observados y registrados en seres vivos no humanos para catalogarlos como protorreligiosos como son: las pinturas rupestres de carácter simbólico, el comportamiento ético prosocial, el lamento por la finitud de la vida, la realización de rituales funerarios y el consumo voluntario de sustancias que alteran la conciencia.

Manifestaciones protorreligiosas

A continuación se justifica la aparición de estos elementos:
 

 
Estrategias análogas

Todo esto puede sonar extravagante, pero ¿por qué iba la evolución natural a reservar a una única especie en exclusiva una herramienta tan útil para la supervivencia y adaptación? De la misma manera que las especies que evolucionan aisladas en ambientes similares desarrollan órganos análogos, es razonable que similares estructuras encefálicas den lugar a estrategias análogas de comprensión de la realidad.

En una clave teológica, ¿por qué iba un Dios omnipotente a limitar su oferta de salvación a una especie concreta? No pretendo establecer bases para una teología animalista, no obstante, dar crédito a estos hechos puede ser útil y conforme a la verdad.

Si un ser vivo puede sentirse en cierto modo cerca de Dios, ¿acaso el valor de su vida y de la Creación entera no cobran una nueva dimensión?, ¿acaso no habría que repensar muchos de los mensajes religiosos para purificarlos mediante la razón?

 
(*) Federico Gómez es titulado en Ingeniería superior de Montes y Bachillerato en Ciencias Religiosas. Es profesor, tanto en secundaria y bachillerato, de ciencias y religión en el colegio San Antonio Abad de Valencia, así como en el Bachillerato de Ciencias Religiosa que ofrece el ISCR Don Bosco de Barcelona, donde imparte «Islam para la integración pastoral de musulmanes» e «Identidad religiosa y diálogo interreligioso».

 

Notas
  (1) D. L. Hoffmann. et al., U-Th dating of carbonate crusts reveals Neandertal origin of Iberian cave art, Sciencie, (2018), Vol. 359, Issue 6378, 912-915.
(2) Frans De Waal, Bien natural: los origenes del bien y del mal en los humanos y otros animales, (2009).

(3) Barbara J. King, When Animals Mourn, Scientific American (2018), 27, 100-105.
(4) King, Barbara, Evolving God: A Provocative View on the Origins of Religion., (2007).
(5) Jared M. Diamond, Were Neanderthals the first humans to bury their dead?, Nature (1989), 340, 344.
(6) University of St Andrews, Descubren un nuevo ritual funerario en chimpancés [youtube], (2017). Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=aCyNY6mwqwM
(7) National geographic. Rare Footage: Wild Elephants “Mourn” Their Dead | National Geographic [youtube],  (2016). Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=Ku_GUNzXoeQ
(8)Rubia, Francisco J., El cerebro espiritual, (2015), p. 79.