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El oxígeno atmosférico fue considerablemente menor en el pasado geológico de la Tierra de lo que se creía

Un equipo internacional de investigadores dirigido por Ralf Tappert, de la Universidad de Innsbruck (Austria), y en el que ha participado el español Jaime Ortega Blanco, de la Universidad de Barcelona, ha reconstruido la composición de la atmósfera de la Tierra en los últimos 220 millones años mediante el análisis de las resinas de plantas modernas y fósiles (ámbar). Los resultados sugieren que el oxígeno atmosférico fue considerablemente menor en el pasado geológico de la Tierra de lo que se suponía hasta ahora. "En comparación con otras materias orgánicas, el ámbar tiene la ventaja de que permanece químicamente y isotópicamente casi sin cambios durante largos períodos de tiempo geológico", explica Tappert. "Durante la fotosíntesis las plantas acumulan carbono de la atmósfera, cuya composición isotópica se conserva en las resinas a lo largo de millones de años, y a partir de ellas, podemos deducir las concentraciones de oxígeno en la atmósfera", añade Tappert. La información, en concreto, se obtiene del ratio entre los isótopos estables de carbono 12C y 13C. El equipo también comparó el ámbar fósil con las resinas modernas para poner a prueba la validez de los datos. Los resultados de este amplio estudio sugieren que el oxígeno atmosférico durante la mayor parte de los últimos 220 millones años fue considerablemente menor que el 21 por ciento actual. "Sugerimos porcentajes entre el 10 y el 15 por ciento", señala Tappert. Estas concentraciones de oxígeno no sólo son más bajas que en la actualidad, sino también considerablemente más bajas que lo que la mayoría de las investigaciones anteriores proponían para el mismo período de tiempo. Para el período Cretácico (hace entre 65 y 145 millones de años) , por ejemplo, proponían hasta un 30 por ciento de oxígeno atmosférico. A raíz de los resultados de este estudio, las comparativamente bajas temperaturas del pasado más reciente (es decir, las edades de hielo) se pueden atribuir a la ausencia de eventos de vulcanismo a gran escala y a un aumento en el oxígeno atmosférico. Los periodos de altas temperaturas, en cambio, coinciden históricamente con periodos de escasez de oxígeno. Los investigadores recomiendan además revisar teorías como la de que el gigantismo en animales, como los dinosaurios, se debió a altos niveles de oxígeno.

RedacciónT21

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