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La capacidad de amar hunde sus raíces en la más tierna infancia

La capacidad de confiar, amar y resolver conflictos con los seres amados se desarrolla en la más tierna infancia, mucho antes de lo que se pensaba. Ésta es la conclusión alcanzada por un estudio realizado por psicólogos de la Universidad de Minnesota, en Estados Unidos. Según ellos: las experiencias interpersonales con la madre entre los 12 y los 18 meses de edad pueden predecir el comportamiento que tendrán los adultos en sus relaciones amorosas 20 años después. Los investigadores afirman que, antes de lo que podemos recordar, antes incluso de que tengamos la capacidad de expresarnos, las actitudes implícitas en esa relación primaria madre-hijo quedan codificadas por la mente, y condicionan el modo en el que seremos tratados o amaremos en el futuro. Este hecho no es una idea nueva para la psicología, pero hasta ahora ha habido pocas evidencias sólidas que la respalden. Los investigadores de Minnesota las han proporcionado. En su estudio, analizaron las relaciones de 75 bebés con sus madres y, años después, las relaciones amorosas que estos bebés desarrollaron. De esta forma, constataron una coherencia entre el tipo de trato de la madre hacia los niños al principio de la vida de éstos y el tipo de relaciones que los niños habían establecido, siendo ya adultos. A pesar de esto, la investigación también arrojó una buena noticia: Si se pueden entender estos viejos modelos y verbalizarlos y si se está implicado con una pareja comprometida y digna de confianza, los individuos pueden revisar sus modelos y reajustar sus comportamientos. De esta manera, un bebé que no fue querido puede aprender a amar, y un bebé que fue traicionado puede llegar a ser leal a quien ama, aseguran los investigadores.

RedacciónT21

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