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La gestión humana de los árboles contribuye al calentamiento global

Dos nuevos estudios publicados en revelan cómo los cambios en el número de árboles provocados por el hombre influyen no solo en el ciclo del carbono, sino que también aumentan las temperaturas superficiales más de lo que se había estimado. Un primer estudio, liderado por el Instituto de Medioambiente y Sostenibilidad del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea, describe cómo los cambios en la cobertura forestal global afectan a los flujos de energía y agua entre la tierra y la atmósfera, y que este proceso puede variar según las diferentes regiones forestales. Las zonas más afectadas son aquellas con una gran tasa de deforestación, alta irradiación solar y limitaciones frecuentes de agua. Ejemplos típicos son las regiones tropicales, en particular con clima árido, declara a Sinc Alessandro Cescatti, autor principal junto con Ramdane Alkama. Entre 2003 y 2012, durante el invierno, el impacto climático de la deforestación fue opuesto entre la zona boreal y las áreas tropicales –se refrigeraron las altas latitudes y se calentaron las bajas–. Su análisis, que se basa en datos por satélite de la temperatura superficial y las variaciones de la cobertura arbórea, revela que la deforestación está provocando un aumento de las temperaturas superficiales máximas y promedio, excepto en las latitudes más septentrionales. La deforestación aumenta la temperatura global por la emisión de dióxido de carbono –efecto biogeoquímico– y al afectar el balance de energía de la superficie terrestre –efecto biofísico–. El calentamiento relacionado con este segundo efecto se debe principalmente a la disminución en la cantidad de después de la deforestación, añade Cescatti. El segundo trabajo demuestra que, a pesar de que existe un aumento general de la cobertura arbórea, los bosques controlados de Europa contribuyen al calentamiento global, en vez de disminuirlo. La reforestación de solo ciertas especies de árboles está provocando un efecto cascada contraproducente, apunta el trabajo. A escala mundial, las áreas reforestadas son cada vez más. En Europa, desde 2010 el 85% de los bosques están gestionados por los humanos. La predilección por plantar árboles con mayor valor comercial –tales como el pino silvestre, la pícea de Noruega o las hayas– ha provocado una reforestación de 633.000 km² de coníferas a expensas de los bosques frondosos, que se han reducido en 436.000 km² desde 1850. El investigador principal Kim Naudts, del Laboratorio de Ciencias del Clima y el Medio Ambiente en el Instituto Pierre Simon Laplace (Francia), y su equipo reconstruyeron 250 años de historia de gestión de los bosques utilizando un modelo de cobertura en la superficie. Además, incluyeron factores de gestión de los bosques, como los cambios en las especies. Su análisis revela que la sustitución de bosques frondosos por montes de coníferas provocó cambios significativos en la evapotranspiración y el albedo –la cantidad de energía solar reflejada de la Tierra nuevamente hacia el espacio–. Estos cambios, junto con la emisión de carbono que se asocia a la manipulación de los bosques, favorecen el calentamiento en vez de mitigarlo. Por lo tanto, afirman los autores, cualquier marco climático debería tener en cuenta el manejo del suelo además de su cobertura.

RedacciónT21

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