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¿Por qué nos ruborizamos? La ciencia lo explica

El rubor facial es una expresión incontrolable, imposible de fingir y sin equivalente en otros animales. Aunque se asocia a sentimientos de vergüenza o culpa, también está vinculado con otras emociones relacionadas con la evaluación social y la conciencia de uno mismo, como sorpresa, ira y alegría. Lo único que se me ocurre es que cuando alguien se sonroja transmite a los demás que es consciente del efecto de sus acciones y que le importa ser cooperativo y honesto, dice el holandés Frans de Waals, uno de los mayores especialistas en conducta primate de todo el mundo. Esta reflexión está en la línea de la teoría más aceptada en la comunidad científica, la 'comunicativa', en la que el rubor tendría la función de transmitir información y sería considerado como algo positivo por parte de los demás. Varios estudios sustentan que quienes se sonrojan son juzgados de una manera más leve que los que no, y más atractivos, matiza a de Jong. Otra hipótesis es la de la atención social indeseada. Según sus defensores, el rubor provoca que el observador se sienta incómodo y desvíe la atención para ayudar a su interlocutor a recuperar la compostura. Los partidarios de la tercera teoría moderna, la de la exposición, defienden que esta respuesta fisiológica aparece cuando una información privada es descubierta o amenaza con serlo. Al final, el valor del sonrojo no depende de la reacción en sí misma sino del contexto –resume de Jong–. En una situación ambigua, el rubor puede tener efectos negativos ya que el observador piensa que alguien inocente no tiene por qué sonrojarse. Según los expertos el miedo a ruborizarse reside en que quien lo sufre sobreestima la intensidad y el coste social del sonrojo. La operación quirúrgica, la simpatoctomía endoscópica torácica (SET), lleva haciéndose casi cien años. El índice de satisfacción es de un 72,8% en el caso del rubor facial. El índice de arrepentimiento es de un 7,8%, aunque sube a 13,5% con el paso del tiempo. Una excesiva sudoración es una de las consecuencias indeseadas de esta cirugía. Desde 2007 ya no seccionamos el nervio simpático si no que colocamos un clip que interrumpe el estímulo, de manera que se puede intentar revertir la operación, cuenta Laureano Molins, jefe de cirugía torácica del Institut Clinic del Tórax del Hospital Clínic de Barcelona. Como principal inconveniente de la operación, estas personas ya no se sonrojarán ni en situaciones en las que esta reacción puede ser extremadamente funcional, reflexiona Peter de Jong.

RedacciónT21

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