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¿Qué relación tiene la química con la elección del nuevo papa?

El humo negro que salió el pasado martes y en la mañana del miércoles del tejado de la Capilla Sixtina se produce con tres compuestos fumígenos: azufre, perclorato de potasio y antraceno. Es la mezcla con la que se han generado las dos fumatas negras del cónclave que se ha desarrollado esta semana en Roma. Para producir las fumatas blancas se usa lactosa, clorato de potasio y colofonia. Esta última, conocida como ‘pez de Castilla’, es la resina ámbar de los pinos y otras coníferas. La lactosa es un azúcar que se quema muy bien, y la colofonia, una resina, también arde de maravilla en exceso de oxígeno, explica a SINC Maribel Beltrán, ingeniera química de la Universidad de Alicante. "En estas condiciones, la combustión completa de la materia orgánica da solo CO2 y vapor de agua, que es el que hace que el humo se vea blanco. Sin embargo, en las fumatas negras se produce una combustión incompleta donde, aunque también se genera vapor de agua, "aparece monóxido de carbono (CO) y negro de humo u hollín, un polvo muy fino que al ser arrastrado hace que el humo se vea negro, dice Beltrán. El antraceno es, a temperatura ambiente, una sustancia incolora de naturaleza aromática, aunque al quemarse en condiciones con poco oxígeno genera también negro de humo. Por su parte, el azufre es un agente ‘entrecruzante’ de la materia carbonosa –prosigue–, así que probablemente lo usen porque ayuda a que la mezcla se queme peor. Y respecto al clorato y el perclorato, son muy parecidos: los dos son oxidantes, ayudan a que no se detenga la combustión y aportan oxígeno extra. En la fumata negra supongo que deberán utilizar una proporción baja de perclorato, lo suficiente para asegurarse que no se detenga la combustión y no se acabe antes de tiempo.

RedacciónT21

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