Tendencias21

Un sistema automático mide la compacidad de los racimos de uva

Investigadores de la y el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias, junto con el Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (Universidad de La Rioja-CSIC-Gobierno de La Rioja), han desarrollado un nuevo sistema de visión artificial que ayuda a determinar la compacidad (cualidad de compacto) de los racimos de uva, una característica que influye notablemente en la calidad de la uva y el vino. Actualmente, su valoración requiere de una inspección visual por parte de evaluadores, basada en un método fijado por la Organización Internacional de la Viña y el Vino, que "ofrece unos valores subjetivos y cualitativos, mientras que nuestro método es no invasivo, objetivo y cuantitativo, destaca Nuria Aleixos, del Instituto de Investigación en Bioingeniería y Tecnología orientada al Ser Humano de la UPV. El nuevo sistema procesa automáticamente imágenes y realiza un análisis multivariante de las propiedades morfológicas y de color. Entre otros valores, ofrece información sobre la visibilidad de los pedicelos (tallos que unen las uvas a la rama), la presencia de bayas deformadas debido a la presión o algunas relaciones especiales entre sus características geométricas. El equipo incorpora una cámara fotográfica, un sistema de iluminación con cuatro puntos de luz y diferentes algoritmos de adquisición y procesamiento de imágenes. Podría utilizarse tanto en la inspección automatizada en campo, como en la entrada en bodega para separar racimos con diferentes características. Los investigadores compararon la valoración del sistema automático con la media de las opiniones de 14 expertos, obteniendo coincidencias superiores al 85% para las nueve variedades analizadas. Los racimos se pueden clasificar desde poco densos a muy densos, donde las bayas están muy apretadas, incluso deformadas, y donde un gran número de ellas se encuentran en capas interiores. En los más densos, la circulación del aire es escasa y la exposición al sol, reducida. Esto compromete la maduración –hace que sea más heterogénea en el racimo- y favorece la aparición de enfermedades fúngicas que afectan a las propiedades del vino. Por ello, los productores tratan de obtener racimos poco densos, considerados de mayor calidad, apuntan los investigadores de la Universidad de La Rioja.

RedacciónT21

RedacciónT21