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Antiguos cuadros de atardeceres ayudan a medir la contaminación atmosférica del pasado

Un equipo de investigadores griegos ha demostrado que los colores de los atardeceres pintados por artistas famosos se pueden utilizar para estimar los niveles de contaminación atmosférica en fechas determinadas del pasado de la Tierra. Los cuadros revelan que las cenizas y el gas liberado durante las grandes erupciones volcánicas dispersan los colores de la luz solar, de tal forma que las puestas de sol son más rojas de lo habitual. Un efecto similar se observa con la presencia de los minerales del polvo del desierto o con los aerosoles generados por el hombre. Los investigadores analizaron cientos de fotografías digitales de alta calidad de cuadros que muestran el último momento del día, pintados entre los años 1500 y 2000, un período que incluye más de 50 grandes erupciones volcánicas en todo el mundo. Las proporciones de rojo y verde en las puestas de sol se correlacionan bien con la cantidad de volcánicos en la atmósfera, independientemente del pintor o el estilo, señalan los científicos. El equipo midió la denominada , un parámetro que relaciona el ratio rojo-verde, y que es tanto mayor cuantos más aerosoles hay en el aire. Después compararon los valores con agentes independientes como núcleos de hielo o datos de explosividad volcánica. También solicitaron a un pintor que retratara diversas puestas de sol durante y después del paso de una nube de polvo sahariano –algo que él no sabía– sobre la isla de Hidra. Los resultados coincidieron con la información que habían facilitado los cuadros. Algunos de los cuadros que ha analizado el equipo son los de , artista británico que pintó impresionantes puestas de sol en la época en la que estalló el (Indonesia). Entró en erupción en 1815 y pintores de toda Europa pudieron ver los colores cambiantes del cielo durante casi tres años. Las cenizas y el gas produjeron bellos atardeceres rojos y anaranjados, pero el volcán también causó la muerte directa de unas 10.000 personas, más otras 60.000 que fallecieron después por hambre y enfermedades durante el que siguió a la erupción. El equipo considera que este parámetro se puede utilizar directamente en los modelos climáticos, especialmente para entender cómo los aerosoles han afectado al clima de la Tierra en el pasado. Esto, a su vez, puede ayudar a mejorar las predicciones climáticas futuras.

RedacciónT21

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