Tendencias21

Calculan matemáticamente la probabilidad de fallo de cualquier conspiración

El investigador David Robert Grimes, físico de la Universidad de Oxford (Reino Unido), también es periodista científico y locutor, así que está acostumbrado a escuchar a mucha gente que cree en conspiraciones relacionadas con la ciencia. Esto le ha motivado a desarrollar un sencillo modelo matemático que calcula la viabilidad o probabilidad de fallo de una confabulación y si se puede sostener. Pensar que no es verdad que el hombre ha llegado a la Luna puede no ser perjudicial, pero tener creencias falsas sobre las vacunas puede resultar fatal, apunta Grimes. Sin embargo, no todas las ideas que parecen ‘conspiranoicas’ son necesariamente erróneas, como demostraron las revelaciones de Edward Snowden al confirmar ciertas teorías sobre las actividades (ilícitas) de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos. El investigador explica que es habitual descartar directamente estas confabulaciones y ningunear a sus defensores, pero yo quise tomar el camino contrario, para ver si podrían ser posibles, así que me centré en un requisito fundamental para que una conspiración sea viable: el secreto. Su estudio, que publica esta semana la revista de acceso abierto , demuestra que, aunque todos podemos guardar un secreto, si lo compartimos con un gran número de personas acabará destapándose. Solo es cuestión de tiempo y del número de personas implicadas. Grimes comenzó creando una ecuación para expresar la probabilidad de que una conspiración fuera hecha pública deliberadamente por un denunciante o revelada inadvertidamente por algún despistado del grupo confabulador. Esa probabilidad depende de factores como el número de conspiradores, la cantidad de tiempo, e incluso del efecto de que muera un implicado por muerte natural o ‘accidental’. Como la ecuación requiere estimaciones realistas de las posibilidades de que cualquier individuo revele el secreto, el autor utilizó los datos de tres casos reales. Uno fue el propio –desvelado por Snowden– sobre de vigilancia electrónica masiva que hacía la NSA para registrar las comunicaciones de los usuarios de internet. Los otros dos casos fueron el , un estudio clínico sobre los efectos de no tratar la sífilis en afroamericanos llevado a cabo durante décadas por el Servicio Público de Salud de EE UU; y el , relacionado con multitud de errores en los análisis –en muestras de pelo– que condenaron a pena de muerte a personas inocentes. Con los datos de estos tres sucesos reales, Grimes planteó el ‘mejor escenario’ para los conspiradores, sobreestimando su número y el tiempo necesario antes de que ocurriera una fuga de información, hasta conseguir que solo hubiera cuatro posibilidades entre un millón de que alguien se fuera de la lengua.

RedacciónT21

RedacciónT21