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Kurdos

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Manuel Martorell:  Kurdos. Madrid: Los Libros de La Catarata, 2016 (144 páginas).
  Las Unidades de Protección Popular (YPG) han sido el aliado terrestre más eficaz con el que ha contado la coalición internacional liderada por Estados Unidos en la lucha contra el Daesh (el autoproclamado Estado Islámico) en buena parte de la franja noreste de Siria.
 
Pese al compromiso, lealtad y alto precio pagado en vidas humanas en esta imprescindible resistencia frente el avance del Daesh, los hombres y mujeres kurdos han vuelto a ser abandonados a su propia suerte: que no es otra que la de la voracidad de sus históricos enemigos.
 
El inesperado anuncio de retirada de las tropas estadounidenses del enclave kurdo en Siria, a golpe de tuit y después de que el presidente Donald Trump mantuviera una conversación telefónica con su homólogo turco Recep Tayyid Erdogan, ha sido interpretado como una auténtica señal de luz verde para la actual agresión del ejército turco contra los kurdos en esta región.
 
En esta misma franja septentrional las organizaciones kurdo-sirias mantenían hasta ahora una autonomía que, por provisional e improvisada que fuera, no ha dejado de ser reconocida como un ejemplo de orden y administración en medio del caos provocado por el prolongado e internacionalizado conflicto sirio.
 
Precisamente este ejemplo de autogobierno kurdo, pese a su fragilidad, es lo que trata de arrebatar ahora Ankara, máxime al ubicarse al otro lado de la frontera o zona limítrofe entre el Kurdistán sirio y turco. Sin olvidar que Turquía no es el único actor regional en impedir que prospere este precedente, otros pueden estar tácitamente de acuerdo en su fracaso.
 
En sintonía con su reiterada acusación de las fuerzas del YPG como una mera extensión del proscrito Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), Turquía ha disfrazado su operación como una “lucha contra el terrorismo”, metiendo deliberadamente en el mismo saco a las fuerzas kurdas y al Daesh.
 
No es la primera vez que Ankara esgrime un argumento semejante como cortina de humo para arremeter contra el movimiento kurdo. Manuel Martorell recuerda en su obra como tras la elecciones de 2015, en la que el Partido Democrático de los Pueblos (HDP) obtuvo “siete millones de votos (el 13 por ciento de todos los votos emitidos)”, se llevó a cabo una operación militar que -en teoría-buscaba golpear “tanto al Estado Islámico como al PKK, pero en realidad el 99 por ciento de esas operaciones estaban dirigidas contra los kurdos”.
 
Tampoco es la primera vez que los kurdos son traicionados. Su trágica historia parte precisamente del incumplimiento de los compromisos contraídos por las grandes potencias (Tratado de Sèvres, 1920); y, en consecuencia, del consiguiente reparto del que fue objeto el Kurdistán, fragmentado entre Turquía, Siria, Irak e Irán (Tratado de Lausana, 1923).
 
A partir de esta frustración de expectativas, afirma Martorell, “La sucesión de sublevaciones reclamando la autonomía, el federalismo o la independencia terminaron haciendo de la cuestión kurda un asunto de primer orden en cada uno de esos cuatro países que dividía el Kurdistán”.
 
En este mismo contexto, de rivalidades regionales e internacionales, la instrumentalización de ese generalizado descontento kurdo y, por extensión, de algunas de sus milicias por parte de poderes regionales y mundiales ha sido una constante a lo largo de la historia más reciente, para luego terminar siendo  traicionados en el altar de intereses más espurios.
 
Es de temer que su actual y comprensible alianza con el gobierno sirio -alcanzada por medio de la intermediación de Rusia- sea meramente táctica o coyuntural, pues hasta la fecha Damasco se ha negado a reconocer y respetar la autonomía kurda. Por tanto, es sólo cuestión de tiempo que se desvele esa debilidad.
 
Como señala el autor, sin sistemas políticos de carácter federal y democráticos (“no necesariamente mimetizados de los occidentales”) no se podrá preservar el pluralismo y la diversidad de Oriente Medio.
 
Publicado en 2016 por la editorial La Catarata, el texto de Manuel Martorell mantiene toda su vigencia para comprender la cuestión kurda que, junto con la palestina, ha prolongado hasta la extenuación su irresolución en la región de Oriente Medio y, por ende, en la escena mundial.
 
El libro no se reduce sólo a la dimensión política kurda, también recoge otras dimensiones como su patrimonio histórico, cultural, literario; además de su diversidad confesional, tendencias sociales, demográficas y, en particular, la cuestión de género con un notable empoderamiento de las mujeres kurdas en la escena pública y colectiva.

 

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