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TRANSFORMACION GLOBAL ANTROPICA

La tierra ha venido experimentado cambios en sus condiciones climáticas, a lo largo de su historia. Esas alteraciones de su clima, han modificado el medio ambiente y el ecosistema, teniéndose que adaptara a ellas los seres vivos que la poblaban.
Pero hasta la fecha, esas alteraciones habían venido siendo debidas a causas naturales. No obstante, desde hace pocos años, existen indicios de una profunda alteración de las condiciones ambientales sobre la Tierra, que pudiera ser debida a la acción del hombre.
Este es el objetivo del primer informe que va a emitir el CLUB NUEVO MUNDO.

Se plantea la cuestión de si esta crisis ambiental, si esta Transformación Global Antrópica, pudiera ser evitada, o al menos, minorada, para que sus efectos resulten lo menos nocivos posible para quienes la han generado, y para la vida en la Tierra.
Precisamente, la reciente iniciativa de Eduardo Martínez y Alicia Montesdeoca, editores de Tendencias21: el Club Nuevo Mundo (https://club.tendencias21.net/), convoca a pensadores, científicos y en general, a personas preocupadas con la evolución de la sociedad, para contribuir con sus ideas y propuestas ante esta crisis ambiental y social, y redactar informes y manifiestos.
 
Antecedentes
Como ejemplo, podríamos recordar que hasta los años setenta del siglo XX, en los estudios y proyectos de calefacción o de modificación de las condiciones ambientales en el interior de los edificios, se estimaba que, conforme a las estadísticas climáticas disponibles, se venía produciendo un “enfriamiento secular de la corteza terrestre”. Esta era una hipótesis de trabajo confirmada.
Esta conclusión estaba basada en los datos estadísticos de temperatura ambiente exterior. Por tanto, se había llegado a la conclusión de que la Tierra estaba en un lento proceso de enfriamiento, conforme a la ley de Stefan-Boltzmann, que establece que un cuerpo negro ideal emite radiación térmica con una potencia emisiva total, proporcional a la cuarta potencia de su temperatura.
Es el efecto del rápido enfriamiento de las noches despejadas, sin nubes: La radiación emitida por la Tierra, enfría su superficie, de forma exponencial.
La conjetura de un enfriamiento global se fundaba en las mediciones de temperatura ambiente reales y sus tendencias, y en la situación climática tras la segunda Guerra Mundial, y permitían augurar una tendencia a un posible período de glaciación.
Es necesario recordar que el comercio y la economía mundial se encontraban, a partir de 1945, en franca recesión.
Este panorama, cambió sustancialmente a mediados de los setenta, coincidiendo con un incremento de la actividad antrópica. Los primeros indicios pudieron apreciarse en pequeños valles de zonas alpinas, que empezaron a disponer de menos días de nevadas, y de menos precipitaciones de nieve.
La Organización Meteorológica Mundial emitió un aviso en junio de 1976, estimando una posible nueva tendencia hacia un…muy significativo calentamiento del clima global.
Se advirtió de que no existía correlación significativa entre este cambio de tendencia, y las emisiones de calor del Sol, que fluctuaban conforme a un modelo habitual, no alterado. Era pues evidente que las causas de este nuevo Cambio climático no eran naturales, y en cambio, posiblemente debidas a la acción humana.
Con el tiempo, la mayoría de científicos han llegado al convencimiento de que nos encontramos en una preocupante modificación del ecosistema debida a una Transformación global antrópica, siendo la primera vez que esto se produce en la Tierra.
Puede estimarse que el constante incremento en los consumos de energía, y especialmente, la utilización de combustibles fósiles, han generado esta arriesgada transformación ambiental.
Y no solo por la aportación de materiales a la atmosfera, y la disipación de ingentes cantidades de energía al medio, si no también, por los efectos indirectos, generados por esos materiales y esos procesos térmicos utilizados, como el incremento de aerosoles, de CO2 atmosférico, y el consecuente efecto invernadero.
La actividad humana, como la quema de combustibles fósiles, la deforestación, el uso de agentes químicos nocivos, etc…,han intensificado el efecto invernadero natural, causando un calentamiento global antrópico, que perturba el equilibrio ecológico natural de la Tierra.
El efecto invernadero favorece que la radiación térmica emitida por la superficie terrestre, sea absorbida por los gases de efecto invernadero (GEI) de la atmosfera y devuelta, propiciando el incremento de la temperatura superficial media de la Tierra.
Las actividades humanas generan, al menos, emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de larga permanencia, como el CO2, metano (CH4), óxido nitroso (N2O) y compuestos químicos clorofluorocarbonos (CFC).
Parece evidente que la evolución humana, mejorando las condiciones de vida, económicas y sociales de la población, cada vez en mayor proporción, ha generado un mayor consumo de energías y de recursos terrestres, emitiendo gases y partículas a la atmosfera, que modifican su equilibrio secular. Por tanto, ese es el origen de esta transformación global antrópica.
 
Posibles acciones
Para solucionar este grave y trascendente conflicto, es necesario cambiar nuestras costumbres, nuestras pautas de consumo, ahorrar energía y revisar los modelos y criterios del uso de la energía en la actividad humana.
Ya desde los finales del siglo XX se realizaron propuestas para modificar el modelo de crecimiento de las sociedades, proponiendo el concepto de desarrollo sostenible, intentando una evolución del bienestar económico, coherente con el respeto a los recursos naturales y a las condiciones ambientales naturales, evitando comprometer el futuro de la vida en el planeta, pero intentando seguir mejorando la calidad de vida de la especie humana, y preservando la vida natural terrestre.
Las Naciones Unidas han venido trabajando en el desarrollo de esta estrategia. En el año 2000 se definieron: Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), constituidos por ocho propósitos de desarrollo humano, para el horizonte del año 2015.
Organizó también en 2012 la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, emitiendo un documento final titulado: El futuro que queremos. En 2015 fueron valorados los resultados obtenidos de los ODM y posteriormente, ha sido puesta en marcha la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, proponiendo 17 nuevos Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) concretos, para los próximos 15 años. El entonces Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, expreso: Los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible son nuestra visión compartida de la humanidad, y un contrato social entre los líderes del mundo y la gente, añadiendo: Se trata de una lista de tareas para las personas y el planeta, y de un plan para el éxito (http://www.un.org/es/millenniumgoals/).
Esos objetivos de Desarrollo Sostenible pueden ser conocidos en el portal de la Naciones Unidas: Erradicar la pobreza extrema. Combatir la desigualdad y la injusticia. Solucionar el cambio climático. https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/combatir-el-cambio-climatico/
En 1917 las Naciones Unidas convocaron la Conferencia de las Naciones Unidas para Apoyar la Consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible 14: Conservar y Utilizar Sosteniblemente los Océanos, los Mares y los Recursos Marinos para el Desarrollo Sostenible.
Pero, a pesar del conflicto ecológico que hemos generado, en donde nos jugamos la propia supervivencia de la humanidad, debemos ser optimistas ante esta grave situación. En primer lugar, y a pesar de las resistencias de muchos políticos y de distintas naciones, la crisis ha sido detectada. Ahora es necesario analizar a fondo este conflicto, y proponer diagnósticos que permitan elaborar y plantear soluciones a esta crisis generada por la propia acción humana.
El escritor y científico cognitivo canadiense Steven Pinker, en su último libro: En defensa de la Ilustración: Por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso (Enlightment Now. The Case for Reason, Science, Humanism and Progress, Viking 2018, New York), sugiere la tesis de que debemos ser optimista en base a indicios que nos permiten estimar un descenso de la violencia humana y, simultáneamente, la mejora de las condiciones de vida. Identifica esta evolución con el progreso de la ciencia y de los valores de la Ilustración: la razón, la ciencia y el humanismo, aunque señala que determinados agentes pueden obstaculizar esta deseada evolución de la condición humana, como el fundamentalismo religioso, el populismo en política y las críticas no objetivas a la ciencia.
Bill Gates ha valorado su ensayo como «el mejor libro que he leído en mi vida» proponiendo que Pinker, con su optimismo, es un sabio que prueba con datos que «en contra de lo que se cree, el mundo va cada vez mejor«. En 2004 fue ya considerado, por la revista Time, como un intelectual destacado, en concreto, como una de las 100 personas más influyentes del planeta.
 
Un ejemplo de optimismo
Volviendo a nuestro análisis, disponemos de la información de un caso semejante, y parcial, que pudiera entenderse como un claro ejemplo precursor: La capa de ozono.
El ozono es un gas existente en la atmosfera terrestre, cuya molécula contiene tres átomos de oxígeno, y que solo se mantiene estable en determinadas condiciones de presión y temperatura.
El ozono se genera en la estratosfera terrestre por la acción de los  fotones de luz ultravioleta, en un proceso fotoquímico que absorbe esa radiación, evitando que alcance en demasía, la superficie terrestre. Pero, además, la capa de ozono actúa como filtro de otras radiaciones nocivas, y de alta energía, que llegan a la atmosfera, actuando de escudo protector de la vida terrestre.
Fueron detectados desequilibrios y anomalías en el espesor de esta capa, por lo que a nivel mundial se establecieron estaciones de medición y seguimiento, obteniendo la conclusión de que dicha capa podía considerarse seriamente amenazada. En 1976 la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos emitió un informe con evidencia científica, alertando sobre la disminución del ozono en la atmosfera terrestre. En 1985 fue firmada la Convención de Viena para la Protección de la Capa de Ozono, donde se establecía un marco internacional para la regulación de las sustancias que perturbaban la capa de ozono. La Asamblea General de las Naciones Unidas de 1987 acordó la firma del Protocolo de Montreal para la Preservación de la Capa de Ozono.
Se dedujo que la causa de este deterioro era la excesiva emisión a la atmosfera de compuestos químicos clorofluorocarbonos CFC, usados en los circuitos frigorigenos como fluidos refrigerantes, propelentes, y fungicidas de suelo. Esta acción había provocado el aumento de la concentración de cloro y de bromo en la estratósfera, debido evidentemente, a las emisiones antrópicas de compuestos químicos.
En base a estos indicios, se adoptaron acuerdos internacionales para la reducción, o incluso eliminación, de los agentes químicos nocivos, y evitar así su emisión a la atmosfera. Fue acordada la prohibición de la fabricación y distribución de estos gases. El hecho es que el agujero en la capa de ozono sobre la Antártida disminuyó a partir de 1979. Se estima que la densidad de ozono atmosférico llegó a su mínimo en el año 2000, y a partir de esa fecha se ha ido recuperando.
También es cierto que en la industria del frio y de la climatización, las decisiones iniciales causaron una profunda transformación, sin que hasta esta fecha se haya solucionado el cambio de gases frigorigenos. A nivel mundial no se han adoptado acuerdos para definir los nuevos gases, existiendo una gran confusión e indignación en estas industrias, ante la indefinición y la falta de decisión mundial.
Disponemos de este caso, como ejemplo de que una acción antrópica, que se demuestra perjudicial para la preservación de la vida, puede ser detectada y revertida por acuerdo de las naciones. Por todo ello, podemos tener cierta esperanza…

El CLUB NUEVO MUNDO, fundado por la revista digital Tendencias21, que en este año ha cumplido 30 años, consciente de esta problemática, desea participar en su resolución, emitiendo dictámenes e informes.

El primer informe sobre Impacto Antrópico, pretende generar un modelo de acción de implantación directa y masiva que ayude a revertir el proceso global de transformación, proponiendo una estrategia de posibles acciones a adoptar a nivel de municipios e instituciones.

Cualquier interesado en esta trascendente problemática, puede acudir al Club y participar en el mismo.
(https://club.tendencias21.net/)
 

Gabriel Barceló

Gabriel Barceló es actualmente uno de los miembros directivos del Club Nuevo Mundo, impulsado por Tendencias21. Es Dr. Ingeniero industrial y estudio la licenciatura de Ciencias Físicas.

Fue durante veinte años funcionario del Ministerio de Hacienda, como Inspector de Finanzas del Estado, Subdirector del Centro de Proceso de Datos del Ministerio de Hacienda, Inspector Jefe de Madrid y fundador y presidente de la Asociación profesional de Inspectores de Hacienda, representativa del Cuerpo Superior de Inspectores de Hacienda del Estado (Actualmente: Inspectores de Hacienda del Estado: IHE).

Posteriormente causó baja como funcionario, y fue fundador y presidente de diversas empresas, de asociaciones no lucrativas y de fundaciones, actuando como presidente de las mismas, ex-Presidente de la Federación de Ingenieros Industriales de España y ex-Vicepresidente del Instituto de la Ingeniería de España, Gabriel Barceló ha sido consultor en ingeniería de la edificación y asesor fiscal.

Desde hace más de treinta y seis años desarrolla un proyecto de investigación científica sobre dinámica rotacional. Autor de numerosos libros, destacando: “Nuevo paradigma en Física” (editado en inglés y español, en dos tomos), y ha publicado más de cien artículos.

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