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Desarrollo y libertad

Amartya Sen: Desarrollo y libertad. Barcelona: Planeta, 2000 (440 páginas).
 
La democracia es tanto un medio de convivencia como un fin en sí misma. Ningún otro sistema político en el mundo goza actualmente de mayor prestigio. Pero no siempre fue así. A lo largo de la historia los sistemas políticos democráticos han sufrido importantes embestidas: ascenso de autoritarismos y totalitarismos, golpes de Estado, invasiones u ocupaciones en nombre de la seguridad, la libertad o la soberanía limitada.
Con el fin de la Guerra Fría la democracia se ha visto revalorizada como modelo de convivencia política en el espacio nacional, pero también en el internacional. El prestigio del que hoy en día goza la democracia no corre en paralelo con su práctica. Su implantación en la escena mundial es desigual e incluso deficitaria. No son pocos los autócratas que se visten con sus mejores galas buscando una legitimidad que no poseen.
Por lo general, la ausencia de democracia va unida al subdesarrollo y a una posición periférica en el sistema internacional. Por el contrario, la mayoría de los países desarrollados cuentan con gobiernos democráticos y ocupan un espacio preferente en la sociedad internacional. A la inversa no sucede lo mismo. Pocos son los países subdesarrollados o en proceso de acelerada modernización económica que posean un sistema competitivo sólido.
¿Debe deducirse que el desarrollo socioeconómico es un requisito imprescindible para el establecimiento de un sistema democrático? Los teóricos de la modernización consideraban que, en efecto, el crecimiento económico debía de preceder a la democracia. De aquí que, en cierta medida, justificaran la mano dura ejercida por algunos regímenes autocráticos en el Tercer Mundo (véase Samuel P. Huntington: El orden político en las sociedades en cambio. Barcelona: Paidós, 1997, cuarta reimpresión).
Hoy día esta teoría (aunque no su práctica) se encuentra en desuso y, por el contrario, se considera que la democracia no es sólo un puerto de destino, sino también de partida. Para el nobel de economía, Amartya Sen, la libertad es tanto una consecuencia del desarrollo como una de sus causas propiciatorias.

RedacciónT21

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