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La integración regional africana

La integración regional africana

Lourdes Benavides de la Vega (ed.): La integración regional y el desarrollo en África. Madrid: La Catarata & Casa África, 2009 (187 páginas).

El siglo XIX fue testigo del reparto colonial de África. Las potencias europeas competían por ensanchar sus fronteras geopolíticas, sus mercados y, en definitiva, su poder, influencia y prestigio.

La política del poder no sólo implicaba incrementar sus propias fortalezas, sino también contrarrestar las de sus adversarios. En esta disputa imperialista entró en liza la repartición del continente africano, concebido como un espacio periférico en el que resolver algunas de las contradicciones del centro político y económico del sistema internacional de la época.

Además de consagrar el reparto colonial, la Conferencia de Berlín (1884-85) estableció las reglas del juego por las que debían guiarse las potencias europeas en la adquisición de sus nuevos territorios coloniales. Los Estados africanos surgidos tras la descolonización llevan esta marca de registro.

Sus fronteras fueron trazadas por los gobernantes europeos, no por los africanos. El diseño de su espacio territorial tampoco respondía a las realidades sociales, políticas, económicas o culturales africanas, sino a las acuñadas por los intereses de las metrópolis europeas.

Pese a que desde su creación, en 1963, la propia Organización para la Unidad Africana reconociera como un hecho consumado las fronteras delineadas por el colonialismo, los africanos no han dejado de buscar formulas de integración regional que cohesione y fortalezca la unidad de su continente.

Las ventajas estratégicas de la integración regional africana son inmensas. Abarca desde el orden económico hasta el político; además del social, el medioambiental, el de seguridad y el internacional.

En síntesis, se busca superar su fragmentación en todos estos terrenos, reforzando su complementariedad, fomentando la confianza entre sus miembros, animando su cooperación y fortaleciendo su posición en el marco de las negociaciones de ámbito global.

Pese a sus enormes y reconocidas ventajas, la integración regional africana todavía es un proyecto, con numerosos obstáculos en su camino, de los que no están exentos de responsabilidad tanto los actores regionales como los internacionales.

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