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Repaso a la posguerra fría

Repaso a la posguerra fría

Javier Solana y Lluís Bassets: Reivindicación de la política. Veinte años de relaciones internacionales. Barcelona: Debate, 2010 (267 páginas).

Pese a sus imprescindibles pinceladas biográficas, el libro escrito a dúo por Javier Solana y Lluís Basset no entra en el género de las biografías políticas ni en el de las desprestigiadas autobiografías. Tampoco responde al del ensayo, ni al de un manual de relaciones internacionales. Por el contrario, se trata de un libro que, siguiendo el modelo de una conversación, repasa las transformaciones experimentadas por la sociedad internacional durante las dos últimas décadas.

El grueso de la obra se debe a las respuestas de quien fuera Secretario General de la OTAN durante la segunda mitad de los años noventa (1995-99); y Alto Representante de la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea a lo largo de la primera década del siglo XXI, desde 1999 hasta 2009.

Más allá de las filias y fobias que pueda suscitar Javier Solana, habrá que reconocer que es uno de los políticos españoles con mayor proyección internacional del siglo XX. No menos importante es la contribución que realiza el periodista Lluís Bassets, director adjunto y articulista de política internacional del diario El País, donde sostiene el blog “Del alfiler del elefante ”.

Pese a su bagaje comunitario, la temática del libro no se reduce a Europa. Por el contrario, se trata de una obra panorámica de las relaciones internacionales de la posguerra fría, vista desde el ángulo político de quien ha ocupado el más alto cargo en la acción exterior europea. En este sentido, llama nuevamente la atención la diferencia del lenguaje empleado por un político cuando ocupa una posición de responsabilidad y cuando no. A pesar de su consabido comedimiento o lenguaje políticamente correcto, Javier Solana se muestra más claro de lo habitual, sin evitar que en alguna ocasión el lector tenga que leer entre líneas.

Quizás donde más diáfano se muestre sea en aquellos aspectos que más han trascendido a la opinión pública y, por tanto, son más conocidos como la guerra de Irak. Sin ningún tipo de ambages, reconoce el error de semejante decisión y cómo se cobró la división de la alianza trasatlántica y, también, de la Unión Europa con su efecto paralizante.

Otros temas que destacan tanto por su relevancia como por su controversia son los dedicados a la nueva condición de Estados Unidos como única superpotencia tras el fin de la Guerra Fría; el conflicto de los Balcanes y la inoperancia europea; las relaciones de los países occidentales con Rusia y la necesidad de no vejar a Moscú; el nuevo desafío nuclear iraní y las diferentes formas de abordarlo; las difíciles relaciones de Europa e Israel a propósito de la intransigencia israelí para resolver el conflicto de Oriente Próximo; además del ascenso de China y de otros países emergentes como Brasil e India.

Frente a la simplicidad (analítica al menos) que presentaba la Guerra Fría, la nueva sociedad internacional resulta mucho más compleja para su análisis y resolución de controversias. Entre los ejemplos que avanzan los autores sobre esa nueva complejidad destaca la nueva dimensión adquirida por el poder, el creciente e imparable papel que desempeña la economía, los nuevos actores no estatales y trasnacionales; además de las amenazas globales: terrorismo, cambio climático, pobreza y proliferación nuclear, entre otros.

Su solución requiere de medidas igualmente globales, pero paradójicamente “la legitimidad, la política y los recursos siguen siendo locales”. En suma, el texto de Javier Solana y Lluis Basset, además de una lectura amena, brinda al lector una idea general de cómo están las cosas en la política mundial, donde el poder y los intereses predominan por encima de los valores e incluso las normas.

Por último, pero no menos importante, cabe apostillar cómo en no pocas ocasiones los políticos adoptan un lenguaje académico para eludir sus responsabilidades; y, a la inversa, se podría igualmente argumentar, cómo algunos académicos utilizan un lenguaje más propio de los políticos al no tener que asumir el riesgo ni el coste de esas responsabilidades. Un debate, éste, del que en buena medida advertía el sociólogo Max Weber en un ensayo clásico: El político y el científico.

RedacciónT21

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