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La genética permite reconstruir la historia de las migraciones humanas

Un equipo de investigadores de la Universidad de Washington ha conseguido reconstruir el pasado de 1.000 personas a partir de sus genes, confirmando así que la genética se ha convertido en una potente herramienta para profundizar en la historia de la especie humana. El estudio desvela que las características del ADN dicen mucho más de nuestro pasado que el color del pelo o de los ojos e incluso que nuestros apellidos. Por Vanessa Marsh.

La genética permite reconstruir la historia de las migraciones humanas

Un equipo de investigadores, dirigidos por Mary-Claire King y Arno G. Motulsky, de la Universidad de Washington, han podido determinar la historia ancestral de 1.000 personas analizando sus genes, según cuentan en la revista Science.

De esta forma han podido descubrir afinidades genéticas existentes entre los antiguos pobladores del noroeste de China y algunos grupos humanos del Medio Oriente, así como la ascendencia europea y asiática de los actuales descendientes modernos de los mayas.

El estudio concluye que, aunque los seres humanos son semejantes, las características genéticas dicen mucho más de nuestro pasado que los ojos, la piel o el apellido, lo que confirma la validez de esta técnica para profundizar en el conocimiento de nuestra especie y de su aventura evolutiva.

Estos rasgos genéticos, aunque sean muy pequeños, desvelan datos de las migraciones y las historias humanas. En su estudio, los científicos examinaron el DNA de 1.056 personas y pudieron determinar la procedencia continental de cada uno de ellos, ya fuera de África, Asia, América u Oceanía.

Marcadores genéticos

Las mayores dificultades de identificación procedieron de las personas de Europa, Oriente Medio y Asia central y del sur, debido a su larga historia de migraciones, comercios y conquistas. La excepción la aportaron vascos y cerdeños, que por permanecer aislados conservaron más claramente su identidad genética.

La base del estudio fueron 377 marcadores genéticos que perduran a lo largo de generaciones, a pesar de que no desempeñan ningún papel relevante en la definición del color del pelo o de la fuerza física, ni tampoco en la estructuración del sistema inmunológico.

Reuniendo grupos de personas que tenían los mismos marcadores genéticos, los científicos pudieron seguir el rastro evolutivo de sus respectivos ancestros.

Este estudio confirma la validez de otros anteriores acerca de la capacidad de la genética para reconstruir el mapa de las migraciones humanas. El siguiente paso es determinar cuándo se hicieron estas migraciones y a cuánta gente implicaron estos desplazamientos.

Vanessa Marsh

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