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Paranoia científica contra el terrorismo

Los acontecimientos del 11-S y la evidencia de que la amenaza terrorista acecha a la sociedad norteamericana un año después de los fatídicos atentados, han creado una especie de «paranoia constructiva»; en la comunidad científica, que revive así el clímax que dio origen a la bomba atómica en los años cuarenta. Por Vanessa Marsh.

Paranoia científica contra el terrorismo

Un grupo de científicos norteamericanos ha sido convocado para descubrir herramientas capaces de frenar el avance del terrorismo. Estos científicos reviven así una especie de «paranoia constructiva», similar a la que padecieron eminentes figuras de la ciencia en los años de la segunda guerra mundial, que culminaron con el descubrimiento de la bomba atómica, alerta el Boston Globe.

Las investigaciones se centran en la detección eficaz de elementos patógenos en el ambiente, el análisis masivo de la información que circula por Internet y la evaluación permanente de los sistemas interconectados, como los transportes, las redes de distribución de energía y las comunicaciones de la vida cotidiana.

Por un lado, los científicos de la National Infrastructure Simulation and Analysis Center y de Sandia Laboratories cooperan con investigadores de Los Alamos National Laboratory para analizar todos los posibles fallos de las infraestructuras usando el principio de «systems engineering», desarrollado por Boeing para comprender cómo los componentes de un avión interactúan con el conjunto del sistema.

Software autoevolutivo

Paralelamente, estos investigadores explotan un programa informático llamado Genie que usa imágenes de satélite y se empleó por vez primera después de los atentados del 11-S.

Este sofisticado programa autoevolutivo permite analizar ingentes cantidades de información y seleccionar la que más interesa a una investigación concreta. Lo primero que hizo este programa fue elaborar una cartografía precisa de las cenizas emitidas por las Torres Gemelas después de los ataques suicidas.

Los investigadores del Instituto Georgia Tech trabajan a su vez en el desarrollo de captadores ergonómicos capaces de detectar el uso de armas biológicas. Han conseguido prototipos de microprocesadores capaces de detectar algunas bacterias en la atmósfera.

Vanessa Marsh

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