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Un Nuevo Paradigma de la realidad concilia ciencia y espiritualidad

Los más recientes conocimientos científicos arrojan nueva luz sobre el universo y la persona, alumbrando un nuevo paradigma de la realidad que permite conciliar la ciencia con las más antiguas tradiciones espirituales. Esta es la tesis del libro “¿Un nuevo paradigma de la realidad?”, publicado por Gonzalo Rodríguez-Fraile, fundador de la Fundación para el Desarrollo de la Consciencia. Por Juan A. Martínez de la Fe.

Un Nuevo Paradigma de la realidad concilia ciencia y espiritualidad

 La Fundación para el Desarrollo de la Consciencia ha publicado una obra de su fundador, Gonzalo Rodríguez-Fraile, titulada ¿Un nuevo paradigma de la realidad? (Fundación para el Desarrollo de la Consciencia,  3ª edición, Madrid, Enero 2018) que analiza el papel de la espiritualidad en la era de la globalización, la secularización y el materialismo reduccionista. Se trata de un libro que, por tanto, aúna cuestiones filosóficas, teológicas, religiosas y científicas.  
 
Desarrollada en dos partes, la obra empieza ofreciendo un resumen de la evolución de la física, desde la física clásica, caracterizada por una visión determinista; hasta la física cuántica, pasando por la teoría de la inflación cósmica, la del multiverso y la teoría de supercuerdas. Todas ellas, dice el autor, nos obligan a aceptar el hecho de que los seres humanos, hasta ahora, solo hemos sido conscientes de una minúscula parte de la realidad universal.
 
Pero la visión que actualmente tiene la ciencia del cosmos apunta a un cambio en nuestra cosmovisión: el observador consciente jugaría un papel en la conformación de la realidad, formada además no solo por materia y energía, sino también por una información activa y efectiva que cohesiona todas las cosas en el Universo y que también condiciona la evolución humana hacia una mayor complejidad progresiva, tanto a nivel individual como colectivo, como especie.
 
Así, pues, el Nuevo Paradigma se basaría principalmente en un cambio de nuestra percepción de la realidad y considera al ser humano como un ser espiritual, compuesto, como el resto del cosmos, por energía e información, una información “almacenada” a nivel genético, mental y de consciencia.
 
Niveles de consciencia
 
Esta consciencia humana presentaría diversos niveles, según González Fraile, vinculados cada uno de ellos a un campo de energía predominante, que se puede organizar en grados. Esta organización la realiza Rodríguez-Fraile basándose especialmente en los estudios de David R. Hawkins y de Gerardo Schmedling sobre los niveles de consciencia.
 
Tres son los niveles que propone: La consciencia simple, propia de los animales; la consciencia del yo, predominante en el ser humano y desde la que arranca el acceso a la trascendencia; y la consciencia cósmica-unitiva-mística.
 
Desde cada nivel de consciencia se tiene una visión diferente de lo que es real y lo que es de importancia prioritaria. Así, para el autor, la respuesta a la pregunta sobre el propósito de la vida en este mundo depende del nivel de consciencia y de la fisiología del cerebro. Además, la consciencia evoluciona y progresa, yendo desde la forma egoica a la transpersonal y unitiva, tal como se recoge en el pensamiento de Ken Wilber, señala el autor.
 
Hasta ahora, hemos tendido a identificar la felicidad con cosas externas, pero en el nuevo paradigma, la hipótesis es que la felicidad está dentro de cada uno y depende del nivel de consciencia individual: No son los acontecimientos, sino la actitud hacia ellos lo que se encuentra en el origen de la felicidad.

Religión y espiritualidad
 
La religión y la espiritualidad en el nuevo paradigma es otro de los temas importantes que aborda este concienzudo ensayo de Gonzalo Rodríguez-Fraile.
 
En la historia de la humanidad la religión ha desempeñado dos funciones, según el autor. Una primera, consolar al ego. La segunda, encontrar el infinito en el otro lado de la muerte. En el Nuevo Paradigma, el papel de la espiritualidad es ofrecer una versión preconvencional, convencional, postconvencional y transformadora.
 
Pero, para alcanzar un grado de auténtica espiritualidad –consciencia cósmica, lo llama-, es necesaria una cierta práctica, se ha de proceder de manera paulatina. De lograrlo,  se tenderá a disolver las fronteras entre religiones, y a hallar profundas conexiones entre estas, pues todas tratan de establecer un contacto directo con la Verdad, desde distintas versiones. 

Aplicación práctica
 
Como se ha dicho, el libro contiene una segunda parte, con un contenido más práctico, pues se dedica a explicar cómo comenzar a vivir la propia existencia, practicando la nueva visión y examinando los cambios internos que hay que afrontar. Esta parte se encuentra fundamentalmente en la línea del pensamiento de Gerardo Schmedling.
 
La naturaleza no responde al azar, nos dice González-Fraile, sino que obedece a unas leyes que son propias del universo. El autor menciona siete leyes universales: la de la naturaleza, la de la armonía (integración de las partes en un todo y del todo en un conjunto superior), la ley de la correspondencia, la ley de la evolución, la ley de la polaridad (intersección de los principios masculinos y femeninos), la ley de la manifestación (que permite que lo preexistente o inmanifestado se manifieste) y la ley del amor.  
 
Hay que saber que estas leyes tienen su aplicación en la práctica de la vida diaria. Pero para poder llevar a cabo esa aplicación, debemos tener en cuenta otras trece leyes, que son las de la vida, entre las que se cuentan, la ley de la advertencia (que nos avisa de las dificultades), la ley de la oportunidad, opuesta a la anterior; la ley de vasos comunicantes (que propone que sólo puede dar el que tiene) o la ley de causa y efecto, por la que cada ser humano recibe el efecto de todo lo que causa.
 
Otro aspecto fundamental práctico es lo que González-Fraile llama la “aceptología”. El fruto de la aceptación como práctica habitual sería la paz permanente, la liberación del sufrimiento, la acumulación y aumento de la energía vital, necesaria para activar las facultades superiores.
 
Ante la realidad caben tres actitudes: sufrir y luchar sin éxito, sufrir y luchar con éxito y aprovechar la realidad; luchar contra ella conlleva uno de los mayores desgastes energéticos. Y, en este sentido, Rodríguez-Fraile ofrece un interesante y útil cuadro sobre los síntomas de la falta de aceptación.
 
Por otro lado, para adentrarnos en el Nuevo Paradigma, sería necesario cambiar de pensamiento, modificar la propia visión de la estructura y los procesos de universo; comprender que este universo tiene inteligencia y un propósito; además de limpiar los traumas, que dejan de ser un problema para devenir en un proceso temporal de defensa.
 
Por último, la obra propone impulsar el crecimiento para mejorar la vida. Para ello, nos dice González-Fraile, se debe empezar a manejar en la mente la información correcta, entrenarse en la aplicación de la información correcta; y ejercer una práctica espiritual o manejo de la energía, por ejemplo, a través de diversas formas de meditación.

Un Nuevo Paradigma de la realidad concilia ciencia y espiritualidad

Conclusión
 
Este libro tiene la ventaja de una claridad expositiva, con lenta pero lógica progresión. Es cierto que no siempre aporta todas las explicaciones que serían de desear, de manera que alguna información queda carente de un precedente; pero esto no impide que se deba de leer con detenimiento.
 
No todos aceptarán los principios desde los que parte; eso es evidente; circunstancia que llevaría al desmantelamiento parcial o total de las consecuencias que extrae; pero esa decisión queda a juicio del lector.
 
Si bien en un estado más avanzado, los principios generales de los que parte no son del todo novedosos. Respetando las necesarias distancias, esa idea de una totalidad de la que formamos parte (esa consciencia cósmica-unitiva-mística que mencionamos antes) ya ha sido tratada por otros pensadores, como Leibnitz o Spinoza. Y más recientemente la influencia de Ken Wilber es notable. 

RedacciónT21

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