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Vinculan la esperanza de vida humana a la pérdida de especies

A medida que aumenta la esperanza de vida humana, también lo hace el porcentaje de aves y mamíferos invasores y en peligro de extinción, ha revelado un estudio de la Universidad de California en Davis (UC Davis), Estados Unidos. El estudio, que comprendió datos de 100 países, constata que el ser humano es parte del ecosistema y que, por tanto, debe ser incluido en las investigaciones sobre el medio ambiente.

Vinculan la esperanza de vida humana a la pérdida de especies

A medida que aumenta la esperanza de vida humana, también lo hace el porcentaje de aves y mamíferos invasores (especies invasoras) y en peligro de extinción, ha revelado un estudio de la Universidad de California en Davis (UC Davis), Estados Unidos.

La investigación, publicada en la edición de septiembre de la revista Ecology and Society, examinó una combinación de 15 variables sociales y ecológicas, como el turismo, el producto interno bruto per cápita, la escasez de agua o la estabilidad política.

Estas variables fueron luego correlacionadas con las aves y los mamíferos invasores y en peligro de extinción, que son considerados dos indicadores de lo que el ecólogo y ambientalista Aldo Leopold‎ denominaba la «enfermedad de la tierra”.

Así se constató que la esperanza de vida humana, rara vez incluida entre los índices del impacto humano sobre el medio ambiente, es un indicador clave de las invasiones y extinciones globales de especies.

«No es un patrón azaroso», explica el autor principal de la investigación, Aaron Lotz, en un comunicado de la UC Davis. «De todos estos datos, un factor –el de la esperanza de vida humana – resultó determinante para las aves y los mamíferos en peligro de extinción e invasivos».

Cien países analizados

El estudio comprendió datos de 100 países, aproximadamente del 87% de la población mundial, del 43% del PIB mundial per cápita, y del 74% de la superficie total de la Tierra.

Además de los ya mencionados, otros factores considerados fueron la intensidad de la agricultura, las lluvias, la regulación de los plaguicidas, la eficiencia energética, la protección de la naturaleza, la latitud, la relación exportación-importación, la desnutrición, la alfabetización de los adultos, la participación femenina en los gobiernos y la población total.

A la relación encontrada entre esperanza de vida humana y el peligro de extinción de especies, hay que añadir otros hallazgos del estudio, como que Nueva Zelanda, Estados Unidos y Filipinas tienen los porcentajes más altos de aves en peligro de extinción e invasivas o que Nueva Zelanda cuenta con el porcentaje más alto de todas las especies en peligro de extinción e invasivas combinadas.

Esto se debe en gran parte a su falta de mamíferos terrestres nativos y a la colonización sufrida por el país en los últimos 800 años, que ha conllevado la llegada masiva de especies no nativas, con la consecuente pérdida catastrófica de su biodiversidad.

Los países del mundo con el porcentaje más bajo de aves y mamíferos invasores y en peligro son los africanos. La escasez de comercio internacional en la zona ha limitado las oportunidades de que a ellos lleguen especies invasoras.

Asimismo, la investigación reveló que el aumento del PIB per cápita – una medida estándar de la riqueza nacional- conlleva un aumento del porcentaje de aves y mamíferos invasivos; y que cuando la biodiversidad y la superficie de tierra totales aumentan en un país, también lo hace el porcentaje de aves en peligro de extinción (la biodiversidad se entiende aquí no como medida de la salud de un territorio, sino como el número de especies en un área).

El ser humano es parte del ecosistema

Lotz afirma que los resultados obtenidos indican la necesidad de una mejor comprensión científica de las complejas interacciones entre los seres humanos y el medio ambiente. «Algunos estudios señalan que está la vida silvestre y, aparte, estamos nosotros. Pero nosotros somos parte del ecosistema. Tenemos que empezar a introducir a los seres humanos en el estudio del medio ambiente y no dejarlo fuera de la ecuación. Debemos darnos cuenta de que tenemos un vínculo directo con la naturaleza».

Referencia bibliográfica:

Aaron Lotz, Craig R. Allen. Social-Ecological Predictors of Global Invasions and Extinctions. Ecology and Society (2013). DOI: 10.5751/ES-05550-180315.

RedacciónT21

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