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Descubren en Egipto el mayor campo de cráteres de meteoritos del mundo

El mayor campo de cráteres de meteoritos del mundo, constituido por un centenar de impactos en una superficie de 5.000 kilómetros cuadrados, ha sido descubierto en el desierto del sudoeste de Egipto, desvelando la huella de una lluvia de meteoritos de una magnitud inédita en la historia de nuestro planeta, que habría tenido lugar hace 50 millones de años. El descubrimiento del campo de cráteres egipcio puede tener una importancia equivalente a la de otro descubrimiento ocurrido en 1972: el del reactor nuclear de Oklo, que entró en funcionamiento hace casi 2.000 millones de años desvelándonos que la velocidad de la luz no siempre ha sido constante. Por Eduardo Martínez.

Descubren en Egipto el mayor campo de cráteres de meteoritos del mundo

El mayor campo de cráteres de impactos de meteoritos de la Tierra, de una extensión de 5.000 kilómetros cuadrados, ha sido descubierto en sudoeste de Egipto y podría indicar que una lluvia de estos cuerpos, sin precedentes en la historia de nuestro planetra, cayó sobre esa región hace 50 millones de años.

El campo de cráteres está localizado en la meseta de Yilf Kebir y su descubrimiento es el resultado de una misión franco-egipcia (CNRS-Universidad del Cairo), de la que se hace eco el número de octubre del Diario del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS).

Un centenar de impactos de 20 metros en un radio de un kilómetro de diámetro, y de una profundidad que puede ir hasta 80 metros, fueron detectados con la ayuda de satélites por el equipo dirigido por Philippe Paillou, del Observatorio de Burdeos, mientras que 13 de ellos fueron estudiados sobre el terreno durante una primera misión realizada a comienzos de 2004.

Hasta ahora sólo se conocían nueve campos de impactos de meteoritos en el mundo, el más grande de los cuales, en Argentina, cubre únicamente 60 km2. En todos estos casos conocidos los campos de cráteres han sido atribuidos al impacto de un único asteroide que se fragmentó al penetrar en la atmósfera terrestre.

Impacto inédito

Al entrar el la atmósfera, el meteorito se rompe y los fragmentos se dispersan, golpeando la superficie terrestre en varias decenas de kilómetros cuadrados. Sin embargo, dado que el campo de cráteres descubierto en Egipto es de 5.000 km2, los científicos creen que fueron varios meteoritos, y no uno solo, los que se fragmentaron al entrar en la atmósfera, un fenómeno del cual no se tiene constancia en la historia de nuestro planeta.

El próximo diciembre, una nueva misión se desplazará al campo de cráteres para datar el lugar, levantar un mapa del campo de impactos y tal vez encontrar en los cráteres más pequeños fragmentos de los meteoritos.

El descubrimiento del campo de cráteres egipcio ha sido posible merced a la ayuda de imágenes de satélites radar, que son las que permiten monitorizar un entorno terrestre las 24 horas del día e incluso en condiciones meteorológicas desfavorables, que impiden a otros satélites capturar información.

Los satélites radar se emplean para detectar mareas negras antes de que lleguen a las costas, ya que en aguas de poca profundidad, la información de los radares muestra las corrientes marinas. Estos satélites radar se emplean también para confeccionar mapas de peligrosos bancos de arena ocultos y para cartografiar la topografía del fondo del mar.

Satélites radar para tierra firme

En tierra firme, los datos de los satélites radar se emplean en la monitorización de inundaciones, terremotos y erupciones volcánicas. Las imágenes procedentes de los satélites de radar se emplean asimismo a menudo en agricultura, especialmente para predecir la producción de arroz.

La tecnología de satélites radar funciona asimismo muy bien en las zonas muy áridas. Por ejemplo, hay mucha aridez sobre la superficie de Marte y las investigaciones del planeta rojo pretenden enviar instrumentos de este tipo de profundizar en su historia geológica.

Estos satélites radar detectaron varias decenas de estructuras geológicas circulares reagrupadas en una región de 5.000 kilómetros cuadrados, al sudoeste del desierto egipcio.

Los cráteres y otras estructuras originadas por los meteoritos se denominan astroblemas (o heridas de estrellas). En la actualidad se conocen 160 astroblemas en la Tierra, situadas en su mayoría en Estados Unidos y Europa del Norte.

Correspondencia estadística

Un astroblema se reconoce por la estructura circular que deja el impacto, por la presencia de una huella particular sobre la roca, los conos rocosos creados por la onda de choque, mientras que análisis de laboratorio pueden revelar la presencia de cuarzo incrustado en las rocas.

Si había 160 astroblemas en el norte del planeta, estadísticamente debería haber una proporción similar en otras partes del mundo y esta hipótesis fue la que llevó al equipo del CNRS a analizar las imágenes de satélites radar de zonas áridas en busca de indicios semejantes.

Al principio, nadie les prestó atención porque estas imágenes no fueron tomadas con un fin específico, sino en misiones rutinarias. Han sido estos investigadores los que, analizando datos recopilados por estos satélites radar, descubrieron indicios de impactos en una gran superficie del desierto egipcio.

Posteriormente, una misión terrestre pudo verificar que la mayor parte de estas estructuras detectadas rutinariamente por los satélites, de las que 13 fueron estudiadas al milímetro, eran cráteres resultantes del impacto de meteoritos.

Importancia equivalente a la de Oklo

Su diámetro y profundidad ha llevado a la conclusión de que este campo de cráteres sólo ha podido ser el resultado de la fragmentación de muchos meteoritos de gran tamaño, ocurrida en el momento en que entraron en la atmósfera terrestre.

El descubrimiento del campo de cráteres egipcio puede tener una importancia equivalente a la de otro descubrimiento ocurrido en 1972: el del reactor nuclear de Oklo, que entró en funcionamiento hace casi 2.000 millones de años desvelándonos que la velocidad de la luz no siempre ha sido constante.

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe, periodista científico, es el Editor de Tendencias21.

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