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La agresión no es ventajosa para la evolución

La agresión no es ventajosa para la evolución

La agresión no aporta ninguna ventaja significativa a la evolución, según se desprende de la aplicación de la teoría de los juegos al mundo microscópico: una cepa de bacterias que quiera destruir a otras termina desapareciendo. Este resultado puede obtenerse tanto por simulación informática como por observación biológica, arrojando nueva luz a las investigaciones médicas sobre las formas de propagación de virus y bacterias, sobre la extensión de epidemias en el mundo y sobre la mejor forma de resolver conflictos sociales. Por Eduardo Martínez.

La agresión no es ventajosa para la evolución

En el mundo microscópico, una agresión intensiva no es eficaz a largo plazo, según Martin Nowak y Karl Sigmund, de la Universidad de Harvard y del Instituto de Matemáticas de la Universidad de Viena, respectivamente, que tal como explican en la revista Science, han aplicado la teoría de los juegos al ámbito de la biología.

La teoría de juegos, ideada en los años 40 del pasado siglo por Oskar Morgenstein y John von Neumann con el fin de analizar el mercado, fue desarrollada más tarde por el alemán Reinhard Selten y los estadounidenses John F. Nash y John C. Harsnyi, que en 1994 obtuvieron el Nobel de Economía por sus investigaciones en este campo.

La teoría de los juegos, que constituye un desarrollo de la teoría de los juegos de azar aplicada hasta ahora a la economía y la estrategia militar, y que según el profesor español Rafael Alberto Pérez, representa un avance fundamental en la comprensión del riesgo y de la incertidumbre, puede aplicarse también a la biología y obtener de ella grandes enseñanzas.

En esta teoría se considera juego a una situación en la que muchos individuos deben tomar decisiones que afectan a todos. Asimismo, en el juego el resultado no depende únicamente de uno de los jugadores, ni tampoco del azar, aunque de hecho también influye.

Escenario microscópico

El escenario microscópico creado por estos investigadores a partir de la teoría de los juegos es el siguiente: una cepa de bacterias posee un veneno capaz de matar a otra cepa de bacterias concurrentes.

Como para convivir con el veneno la primera cepa de bacterias debe desarrollar un antídoto, esta nueva capacidad le permite extenderse y aniquilar a las demás bacterias concurrentes.

Esta aparente victoria, sin embargo, es engañosa, ya que al cabo de cierto tiempo aparecen bacterias mutantes que son el resultado de la intervención del veneno y del antídoto.

Las bacterias mutantes no necesitan producir veneno, ya que no hay bacterias concurrentes que deban ser aniquiladas, lo que les permite ahorrar energía y hacerse más fuertes, pero sí pueden obtener antídoto.

Agredir para nada

Mejoradas de esta forma, las bacterias mutantes consiguen la mayoría y fuerzan la desaparición de las bacterias originales que habían producido el veneno, lo que hace innecesario a las mutantes seguir produciendo antídoto.

El resultado de este escenario, demostrable según los autores tanto por simulación informática como por observación biológica, es que al final sólo existe una nueva generación de bacterias que no necesita veneno ni antídoto y que por lo tanto vive en paz con su entorno.

Así termina el juego. La agresión inicial no ha valido la pena. Sin embargo, no siempre la alternativa consiste en sobrevivir o perecer, sino que a veces coexisten posibilidades diversas.

Por ejemplo entre las lagartijas hay machos monógamos, otros que se rodean de un harén y un grupo tercero que practica el coito dondequiera que encuentre a una hembra.

Aplicaciones médicas

Los cálculos a base de la teoría de juegos muestran que cada uno de esos métodos tiene ventajas, pero al mismo tiempo que hay interferencias e interdependencias mutuas.

Según los investigadores, el comportamiento o los rasgos particulares de individuos tan sólo se explican a través de la interacción con su entorno. Además, se da el hecho «ilógico» de que los seres humanos, e incluso algunos animales, en ocasiones actúan sin velar por sus propios intereses y aguantan desventajas para sí mismos.

La teoría de los juegos puede aplicarse también a la medicina, particularmente para el estudio de los mecanismos de propagación de los virus y de las bacterias en el organismo humano.

De hecho, algunas investigaciones sobre el cáncer se han visto potenciadas ya por la teoría de los juegos. Se ha demostrado por ejemplo que vacaciones terapéuticas a lo largo de un tratamiento tienen efectos positivos en los procesos de contención de la enfermedad: la agresión contra las células cancerígenas debe ser controlada, tal como se estableció en el escenario de las bacterias, para evitar un resultado no deseado.

Reflexión sobre las guerras

El estudio de la expansión de una enfermedad en una región o en el mundo, y también cómo esa enfermedad vuelve a desaparecer, puede beneficiarse también de la aplicación de la teoría de los juegos.

La sociología es otra rama susceptible de beneficiarse de la teoría de los juegos para el análisis de los fenómenos sociales, particularmente de los episodios de violencia (individual, familiar, generacional, étnica, estatal, de grupos terroristas).

Si, tal como se desprende de la teoría de los juegos, la agresión no es la fórmula más adecuada para la supervivencia, quizás de este análisis se desprenda una revisión del pensamiento del influyente Clausewitz, quien decía que la guerra era la continuación de la política por otros medios.

La teoría de los juegos no deja de ser lo que es: una estadística basada en estrategias de base algorítmica que pueden ser ejecutadas tanto por máquinas, como por bacterias o por personas. Su principal ventaja es que ayuda a comprender un proceso de interacción profundamente arraigado en la naturaleza que nos indica que la cooperación es preferible a la confrontación.

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe, periodista científico, es el Editor de Tendencias21.

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