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Los neandertales eran buenos padres

Los especialistas tienen la visión de que la infancia de los neandertales era muy dura, en gran parte por las pruebas biológicas que señalan que estos pequeños vivieron periodos de escasez y otras penurias. Sin embargo, un análisis reciente de aspectos culturales y sociales de esta especie Homo ha revelado que los adultos neandertales daban una importancia especial a su descendencia.

Los neandertales eran buenos padres

Un equipo de investigación del PALEO (Centre for Human Palaeoecology and Evolutionary Origins) y del Departamento de arqueología de la Universidad de York (Canadá) ofrece una perspectiva nueva y distinta sobre la crianza de los niños del Neandertal.

Sugiere que los niños de esta especie extinta del género Homo experimentaban fuertes lazos emocionales con su grupo social inmediato, utilizaban el juego para desarrollar habilidades, y jugaban un papel importante en su sociedad. Hasta ahora se creía que estos niños habían tenido infancias muy difíciles.

La percepción tradicional de la dureza de la infancia de los pequeños neandertales está basada en gran parte en las pruebas biológicas. Sin embargo, el equipo de arqueólogos de York, dirigidos por Penny Spikins, ha analizado evidencias culturales y sociales para explorar lo que realmente pudo haber pasado.

En una investigación publicada en el Oxford Journal of Archaeology, explican que la experiencia infantil de los neandertales se diferenció sólo sutilmente de la de los niños humanos modernos, concretamente, en un mayor enfoque hacia las relaciones sociales dentro de su grupo.

Los enterramientos, la pista clave

La investigación de enterramientos neandertales es lo que ha llevado en gran medida a los investigadores a esta conclusión. Los hallazgos realizados en ellos sugieren que los niños jugaron un papel particularmente importante en la sociedad neandertal, sobre todo en la expresión simbólica.

El equipo de investigación ha concluido esto del hecho de que las tumbas de los niños de esta especie generalmente estaban más elaboradas que las de personas de mayor edad. Así, aunque no existen pruebas de que los padres neandertales se preocupasen por sus hijos enfermos y heridos, su forma de enterrarlos revela que los pequeños sí que eran objeto de una atención especial.

En cuanto a los lazos sociales, se sabe que los grupos de neandertales eran pequeños y se encontraban relativamente aislados, lo que habría tenido importantes implicaciones para el contexto social y emocional de la niñez. Estas condiciones habrían propiciado en concreto conexiones grupales internas muy estrechas.

Cambio de visión

“La vision tradicional de la infancia del neandertal es que esta era normalmente brutal, difícil y peligrosa. Esto está en concordancia con las ideas preconcebidas sobre la inferioridad del neandertal y su incapacidad para proteger a los niños, tipificadas en el declive de esta especie”, explica Spikins.

“Nuestra investigación ha mostrado, sin embargo, que un vínculo estrecho y una atención particular a los niños es una interpretación más plausible de las evidencias arqueológicas, y explicaría esa atención inusual a la infancia y a los niños en los enterramientos; así como el establecimiento de un simbolismo neandertal en un contexto que es probable que incluyera a los niños”.

«Las interpretaciones sobre los altos niveles de actividad y los frecuentes períodos de escasez (que vivió esta especie) forman parte de la base de la percepción de la infancia del neandertal como algo muy duro. Sin embargo, este tipo de retos para la infancia no serían distintos a los vividos por los primeros niños humanos del Paleolítico o por los niños de los grupos de cazadores-recolectores en ambientes especialmente fríos. Se debe distinguir entre una infancia dura y una infancia vivida en un ambiente hostil», concluye la investigadora.

Referencia bibliográfica:
Penny Spikins, Gail Hitchens, Andy Needham and Holly Rutherford. The Cradle of Thought: growth,
learning and play attachment in Neanderthal children
. Oxford Journal of Archaeology (2014). DOI: 10.1111/ojoa.12030.

RedacciónT21

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