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Primera evidencia de una crucifixión romana en Europa

Primera evidencia de una crucifixión romana en Europa

Un esqueleto hallado en el pueblo de Fenstanton es el único ejemplo conocido de una crucifixión romana en las Islas Británicas y en Europa: sería el mejor conservado en todo el mundo.

Un equipo de arqueólogos del Reino Unido ha descubierto la única evidencia conocida hasta el momento de una crucifixión romana en toda Europa. El esqueleto de un hombre crucificado, con un clavo de hierro que atraviesa el hueso del talón, fue identificado en uno de los cementerios romanos desenterrados en el pueblo de Fenstanton, una localidad situada en el condado de Cambridgeshire, en Inglaterra.

Se trata de la segunda víctima de la crucifixión romana descubierta en el mundo: la primera se identificó en Israel, en 1968. De acuerdo a una nota de prensa de la Universidad de Cambridge, una de las instituciones que participó de la investigación, el análisis dental de los restos sugiere que el hombre crucificado, denominado esqueleto 4926 por los especialistas, tenía entre 25 y 35 años al momento de su muerte.

De acuerdo a las técnicas de datación por radiocarbono, el fallecimiento se habría concretado en algún momento entre los años 130 y 360 después de Cristo. Además de ser el único ejemplo identificado hasta el momento de una crucifixión romana en Gran Bretaña y en todo el continente europeo, los arqueólogos destacaron que se trataría del ejemplo mejor conservado en todo el planeta. El caso permitiría optimizar los conocimientos científicos en torno al período estudiado.

El castigo romano

Aunque popularmente se cree que la crucifixión era concretada masivamente en el Imperio Romano, en realidad se trataba de una práctica poco común como método de ejecución en comparación con otras. Según las estimaciones de los especialistas, menos de 200 personas fueron crucificadas anualmente en las regiones dominadas por los romanos, en las que vivieron hasta 70 millones de personas, entre el año 200 antes de Cristo y el 337 después de Cristo, momento en el que se habría abandonado esta práctica. Aproximadamente entre 100.000 y 150.000 personas habrían sido crucificadas durante ese período en las zonas controladas por Roma.

El descubrimiento en la región de Fenstanton se concretó durante una excavación realizada en 2017, en cinco pequeños cementerios romanos que contenían los restos de 40 adultos y 5 niños. El contenido de las tumbas, que recientemente ha sido analizado al detalle, corresponde principalmente a restos del siglo IV después de Cristo.

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La clave fue el estado de conservación

Uno de los restos identificados corresponde a un esqueleto masculino, tendido en su tumba con un clavo de hierro de 5 centímetros incrustado horizontalmente a través del hueso del talón derecho. Tanto el ejemplo de crucifixión como los otros restos presentan signos de salud precaria, como enfermedades dentales, malaria o múltiples fracturas. Además, el hombre víctima de crucifixión mostraba signos de trauma antes de su muerte, evidencia de infección o inflamación en sus piernas y de adelgazamiento de las espinillas, un dato que confirmaría que fue atado o encadenado.

El clavo que penetró en el talón durante la crucifixión se descubrió en el laboratorio cuando se lavaron los huesos, hallándose una hendidura más pequeña junto al agujero principal. Esto sugiere que un intento inicial al momento de clavarlo en la cruz habría fallado. Los expertos británicos, que publicaron las primeras conclusiones de la investigación en la revista British Archaeology Magazine, destacaron que la buena conservación hizo posible examinar este ejemplo casi único, cuando otros miles tuvieron que descartarse.

Un asentamiento romano consolidado

Vale destacar que las evidencias osteológicas de la práctica de la crucifixión en el Imperio Romano son extremadamente difíciles de obtener, ya que no siempre se usaban clavos y los cuerpos normalmente no recibían entierros formales. Según los científicos, el hombre crucificado habría sido un esclavo, que fue encarcelado antes de su muerte.

Además de la identificación de restos humanos, el descubrimiento de artefactos como broches esmaltados, monedas, cerámica decorada y huesos de animales, junto a un gran edificio y un patio, indican la presencia de un asentamiento romano organizado con claros signos de actividad comercial y riqueza en el área de Cambridgeshire.

Foto: el clavo de hierro atraviesa el hueso del talón del esqueleto, identificado como 4926, que corresponde el hombre crucificado, encontrado en uno de los cementerios romanos desenterrados en el pueblo de Fenstanton. Crédito: Albion Archaeology.

Pablo Javier Piacente

Pablo Javier Piacente es periodista especializado en comunicación científica y tecnológica.

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