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El cerebro modula nuestras fantasías

El cerebro compensa nuestra fantasía enturbiando las imágenes mentales para que nuestra imaginación no se desborde. Es posible regularla con fines terapéuticos.

La imaginación es una facultad cognitiva superior que ha intrigado a los científicos desde que salió de la especulación filosófica para situarse en el terreno de la psicología experimental.

Se define como la capacidad que tenemos las personas para reflejar en nuestra mente imágenes de cosas reales o irreales: tanto podemos imaginar un caballo blanco como algo más absurdo, por ejemplo, una mariposa que habla.

Desde el siglo XIX se ha sabido que no todas las personas tienen la misma capacidad de imaginar cosas: unas perciben esas imágenes como nítidas, otras apenas pueden verlas y otras ni siquiera son capaces de imaginar nada.

Mirando el cerebro

Los científicos han intentado penetrar en esta facultad misteriosa a través de sus implicaciones cerebrales.

Y han descubierto que la imaginación no es un proceso cerebral simple, sino que involucra al menos a 12 regiones cerebrales, según estableció en 2013 una investigación del Dartmouth College, en Hanover.

Las células nerviosas de esas regiones forman una red neuronal compleja que representan un “espacio mental” que es donde se desarrolla nuestra capacidad de imaginar.

La corteza visual es una de las regiones implicadas en la capacidad de imaginar.

Diferentes experimentos han permitido a los científicos averiguar qué es lo que está imaginando una persona, analizando solo la actividad de la corteza visual.

Más adentro

Una nueva investigación desarrollada en la Universidad de Nueva Gales del Sur ha descubierto ahora algo más sorprendente sobre el cerebro y la imaginación.

Una primera constatación es que la corteza visual, que procesa la información facilitada por el sentido de la vista, en realidad lo que hace es impedir que lo imaginado aparezca como real.

La parte del cerebro realmente importante para que las imágenes mentales las percibamos con nitidez es la corteza prefrontal, que está especializada en la coordinación de nuestros pensamientos.

Cuando empezamos a imaginar una fantasía, las neuronas de la corteza prefrontal se activan y nos permiten disfrutar de un escenario imaginario que percibimos como real.

Medida correctora

Pero cuando eso ocurre, las neuronas de la corteza visual se activan también, pero para meter ruido y enturbiar las imágenes que estamos contemplando en nuestra fantasía.

Una posible interpretación es que el cerebro, al mismo tiempo que nos proporciona herramientas para la imaginación, pone límites a nuestra divagación para que no nos olvidemos de la realidad cotidiana.

Parece que nos da a entender que, si bien imaginar es algo bueno, al mismo tiempo debemos ser conscientes de que nuestra vida se desenvuelve en el mundo de la percepción visual, conectada a los objetos cotidianos y a las imágenes reales.

Consecuencias

El interés científico por la facultad de imaginar no para de crecer. En 2017, un encuentro de neurocientíficos se planteó la necesidad de una nueva ciencia de la imaginación, con aplicaciones especialmente al sector educativo.

La Universidad de Essex, en el Reino Unido, ha comprobado incluso la eficacia de la visualización para mejorar los comportamientos saludables.

El poder de la imaginación para resolver problemas intestinales de los niños se ha comprobado asimismo en otra investigación de la Universidad de Carolina del Norte.

Los autores de la nueva investigación destacan que es necesario profundizar más en sus descubrimientos para conseguir entender mejor esta facultad humana.

Imagen de Pete Linforth en Pixabay.

Se puede fomentar

Consideran que su trabajo no solo explica por qué unas personas son más proclives a imaginar que otras: depende de su comportamiento cerebral.

También puede ayudar a fomentar la imaginación en las personas que carecen de esa capacidad (afantasía), ya que es posible estimular eléctricamente la corteza prefrontal para facilitarles las cosas.

Además, «en muchos trastornos mentales, las imágenes pueden volverse incontrolables y traumáticas», señala Rebecca Keogh, autora principal del estudio, en un comunicado. Su terapia puede mejorar esos episodios.

También destaca que las imágenes mentales juegan un papel importante en la vida cotidiana y en los procesos mentales.

Tienen la clave para desbloquear nuestra comprensión de cómo pensamos, sentimos, recordamos y tomamos decisiones.

Ahora sabemos cómo se originan las imágenes mentales y cómo corregir sus excesos, ya sea porque nos desbordan o porque no podemos visualizar nada.

Referencia

Cortical excitability controls the strength of mental imagery. Rebecca Keogh et al. eLife 2020;9:e50232 DOI:10.7554/eLife.50232
 

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe es el Editor de Tendencias21.

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