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El patrón energía es la nueva fuente de valor

Cada día que pasa existe más capital que, para tener valor, requiere una cierta cantidad de energía, un “patrón energía”. Debido a la evolución tecnológica, la misma cantidad de dinero permite el consumo de una cantidad mayor de energía. Sin embargo, la energía disponible, y actualmente no renovable, decrece. Por tanto, la idea de que, si aún queda petróleo para 50, 100 ó 200 años, podremos seguir operando durante mucho tiempo en unas condiciones similares a las actuales, es totalmente errónea. La única forma de evitar una crisis no se basa en invertir en “energías alternativas”, sino en descubrir una nueva energía de apariencia ilimitada, responsabilidad que corresponde a los Estados. Curiosamente, los únicos Gobiernos que pueden implicarse en esta búsqueda son los que no están asociados a intereses petrolíferos. Por Alfredo González Colunga.

El patrón energía es la nueva fuente de valor

La idea de que, si aún resta petróleo para 50, 100 ó 200 años, podremos seguir operando durante al menos una buena parte de ese tiempo en unas condiciones similares a las actuales, es decir, en la cual suaves incrementos de los precios del barril de petróleo se verán compensados con suaves contracciones de la demanda, es totalmente errónea.

Existen dos razones para afirmar esto. La primera es que el dinero es, literalmente, energía potencial: el dinero tiene valor en tanto que existe energía de la que podamos disponer para gastarlo. Al igual que no es posible consumir energía sin dinero, podemos afirmar igualmente que no es posible gastar dinero sin consumo energético. Podemos hablar entonces de la necesidad de que exista una cierta cantidad de energía disponible para que el dinero tenga valor. Es decir, un “patrón energía”.

La segunda razón es que los continuos avances tecnológicos hacen que vivamos un momento de incremento exponencial de la eficiencia energética. Es decir, gracias a las mejoras tecnológicas, con el mismo dinero podemos consumir cada vez más energía. Esto hace que el “patrón energía”, es decir, la cantidad de energía de que deberíamos disponer por unidad monetaria, crezca también exponencialmente.

Mayor patrón, menos energía

Por lo tanto, se dan simultáneamente las siguientes circunstancias:

-Cada día que pasa existe más capital, incrementado en procesos especulativos.

-Ese capital requiere, para tener valor, una cierta cantidad de energía. Un “patrón energía”.

-A causa de la evolución tecnológica, cada día que pasa ese “patrón energía” es mayor, es decir, la misma cantidad de dinero permite, y por tanto requiere, el consumo de una cantidad mayor de energía.

-Sin embargo la energía disponible, y actualmente no renovable, decrece.

En resumen: El dinero está perdiendo valor rápidamente. Como consecuencia, nos encontramos dentro de un proceso hiperinflacionario, actualmente oculto bajo un boom inmobiliario mundial, pero que acabará estallando en fecha totalmente impredecibl . y con él todas sus crisis asociadas.

La única forma de detener este proceso es garantizar al capital una convertibilidad en energía, es decir, buscar y acceder a nueva energía. Pero con un criterio específico: Al igual que lo fueron en su tiempo carbón y petróleo, esa energía deberá ser de apariencia ilimitada.

Sólo así se puede seguir generando capital con valor energético. Las denominadas energías alternativas, en tanto que no son capaces de sustituir al petróleo, no serán consideradas por los mercados como una salida viable para su necesidad de gasto energético y no podrán detener el proceso hiperinflacionario.

Buscar alternativas ilimitadas

Por lo tanto, la única forma de evitar una crisis de estas características no se basa en invertir en “energías alternativas”, sino en descubrir una nueva energía de apariencia ilimitada. La buena noticia es que el proceso es viable. De hecho, se está llevando a cabo. Proyectos de investigación en fusión nuclear como el ITER son la prueba.

Simplemente se está actuando con un criterio equivocado. El ITER se subasta, pues los gobiernos consideran que su mejor estrategia consiste en favorecer a sus empresas para así generar impuestos que, a su vez, les favorezcan a ellos. Pero parten de la premisa, como hemos visto errónea, de que el dinero es un valor sólido, de convertibilidad energética garantizada.

Si se acepta, sin embargo, que el valor del dinero está asociado a la disponibilidad energética, se aceptará también que la mejor inversión del conjunto de los Estados no será disputar por el capital existente, sino asegurar la aparición de más energía. Si lo que realmente desea un Estado es capital, que se dedique a la construcción.

La prioridad de un Estado debe ser, por tanto, lograr acceso a una energía de apariencia ilimitada. Y ello no sólo tomando medidas para investigar en esa fuente de energía, sino mostrando absoluta determinación al garantizar que el culminará con éxito, y que lo hará de la forma más rápida posible.

Será la única forma en que el dinero comprenda que, en un plazo razonable, encontrará una vía de escape. Una salida. Valor.

El patrón energía es la nueva fuente de valor

Responsabilidad estatal

Es preciso recordar que, en un entorno de limitación energética, la responsabilidad de garantizar acceso a la energía corresponde a los Estados, no a las empresas. Solamente cuando existe una apariencia de acceso ilimitado a la energía, los Estados pueden ceder, y de hecho ceden, el control de las mismas a la iniciativa privada.

En estas circunstancias las empresas podrán generar capital amparado por un patrón energético, es decir, capital entendido como probabilidades de acceso a energía para conseguir, precisamente, más energía. El proceso crecerá saneadamente mientras los límites de la nueva energía no sean descubiertos. En ese momento el capital volverá a correr el riesgo de perder valor. Todo esto es, por lo demás algo obvio, ya que sin energía el propio Estado carece de viabilidad.

Garantizar el acceso a la energía es prioritario respecto a garantizar el derecho a la cultura, pues ésta se sustenta precisamente en la existencia de superávit energéticos. Garantizar el acceso a la energía es prioritario respecto a la inversión en infraestructuras, porque éstas carecen de sentido si no se garantizan previamente recursos energéticos para su uso.

Garantizar el acceso a la energía es prioritario, incluso, respecto a la propia inversión en tecnología entendida de un modo genérico, es decir, si se enfoca no hacia la búsqueda de nuevos recursos energéticos, sino hacia la mayor eficiencia en el consumo de los recursos limitados disponibles pues estos aumentos de la eficiencia en el consumo energético incrementarán, como hemos visto, el “patrón energía”, presionando los límites energéticos disponibles y anticipando la crisis.

Cuestión de plazos

En este proceso los plazos son muy importantes. No sólo porque la fecha de la explosión hiperinflacionista es impredecible, sino porque, al ritmo que avanzan el conocimiento y la tecnología, no es creíble un proyecto que se concede a sí mismo 50 años para llegar a éxito, y por lo tanto los mercados actuarán como si esta investigación no estuviera teniendo lugar.

Con la actual estrategia la crisis podría estallar la misma víspera de anunciar resultados definitivos del proyecto de fusión nuclear. Además, proyectos a tan largo plazo tenderán a quedar desfasados, generando desaliento e incertidumbre sobre la oportunidad de nuevas grandes inversiones, y cegando así paulatinamente la única vía de escape posible.

Según lo hasta aquí expuesto, los únicos gobiernos que actualmente están cumpliendo con la función básica de buscar acceso a la energía son aquellos que persiguen el control directo de los recursos petrolíferos existentes. No obstante, el actual Gobierno de EEUU sigue una estrategia que, aunque históricamente correcta, no resulta viable en una economía globalizada:

Frontera tecnológica

Las guerras siempre se entablaron cuando se percibía que, más allá de las fronteras, existía la probabilidad de acceso a nueva energía. Pero hoy, la frontera que nos separa a todos del acceso a nueva energía no es geográfica, sino tecnológica.

Dadas las estructuras de poder que la estrategia del actual Gobierno de EEUU y sus socios próximos generan, resultará entonces que, curiosamente, los únicos Gobiernos realmente interesados en liderar inicialmente el proyecto de localizar, a cualquier precio, una nueva energía de apariencia ilimitada, serán aquellos que actualmente no están cumpliendo con su obligación: aquellos no claramente asociables a intereses petrolíferos.

Ahora bien: el propio proceso será expansivo, optimista, generador potencial de una riqueza incalculable y motor profundo de la economía. Por tanto, una vez encarrilado, se retroalimentará.

Si algún Gobierno hubiera tratado inicialmente, con mayor o menor tacto, de detener o refrenar el proyecto, pasará a apoyarlo. Será el momento de recibirle con los brazos abiertos.

Alfredo González Colunga es autor de proyectos multimedia y ensayista

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