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España es pionera en investigación oceanográfica

España es pionera en investigación oceanográfica

Dentro de la expedición Malaspina, dos son los barcos encargados actualmente de recorrer todos los océanos y mares del mundo, el Hespérides y el Sarmiento Gamboa. El primero, es el buque de investigación científica que encabeza la flota española y lleva cerca de dos décadas surcando las aguas saladas de la Tierra, pero nunca antes se había enfrentado al desafío en el que se encuentra, que es ser protagonista de la campaña oceanográfica española más importante de la historia. Realiza seis de las siete etapas marítimas en las que esta dividida la expedición Malaspina, que salió de Cádiz el 15 de diciembre del año pasado y llegará a Cartagena el 14 de julio. Por Sergio Montesdeoca.

España es pionera en investigación oceanográfica

La vuelta al mundo de la expedición Malaspina ya ha atravesado todo el Atlántico y en ella han participado numerosos científicos españoles. En estos momentos, se encuentra en su séptima etapa rumbo a Cartagena, donde hará su última parada.

El objetivo principal de esta expedición es explorar la biodiversidad del océano global y analizar en él los efectos del cambio clímático. La circunnavegación Malaspina debe su nombre a quien dirigió la primera expedición oceanográfica española y murió hace 200 años, Alejandro Malaspina. Abarca todas las disciplinas de la ciencia, y está encabezada por los oceanógrafos españoles mas prestigiosos. Incluso en una de sus 11 bloques de estudio hay un hueco para el apartado de Ciencia y Política que, entre otras investigaciones, analiza la interacción socio-cultural promovida por la travesía.

La luz nunca había llegado a tanta profundidad

Muchos son los descubrimientos que han sorprendido incluso a los mismos expertos de la travesía, como el confirmado en la zona del Pacífico Sur, donde los especialistas han comprobado que los rayos ultravioleta alcanzan el doble de profundidad de lo normal, llegando a los 200 metros.

La espectacular transparencia de estas aguas debida a la escasez de materia orgánica disuelta y de microorganismos que necesitan luz solar para realizar la fotosíntesis, el llamado fitoplancton, es la responsable y, a su vez, parece favorecer una mayor entrada de radiación ultravioleta en el medio marino.

“Además, la radiación ultravioleta penetra hasta los 60 metros de profundidad en dosis suficientes para causar mortalidad en las células que forman el plancton“, explica en un comunicado del CSIC la investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas Susana Agustí, jefa científica de las etapa quinta, que va desde Perth (Australia) hasta Honolulú (Hawai).

“El aumento de la radiación ultravioleta podría deberse a la destrucción parcial de la capa de ozono. Esta posible explicación es consistente con resultados recientes que muestran que la materia orgánica producida por el fitoplancton ha disminuido en el océano en las últimas décadas”, señala el coordinador de la expedición Malaspina, Carlos Duarte.

Tres millones de datos de temperatura, salinidad, oxígeno, fluorescencia y velocidad de la corriente, desde la superficie hasta los 4.000 metros de profundidad se han recabado en el Pacífico Sur. Además, se han recopilado de forma continua unos 250.000 registros de temperatura y salinidad de las aguas superficiales.

España es pionera en investigación oceanográfica

Casi todas estas variables se miden a una frecuencia de unas 20 veces por segundo, y los datos se transmiten a tiempo real al barco por medio de un artilugio que es una de las imágenes que podrían representar una campaña oceanográfica. Hablamos del CTD (Conductivity Temperaturre Depth) , un conjunto botellas que unidas entre sí forman una roseta que va tomando muestras de agua a medida que va descendiendo.

Fukushima también protagonista en Malaspina

Además, los científicos han recogido muestras para evaluar la posible presencia de radiactividad en el agua y en la atmósfera tras el accidente de la central nuclear japonesa que tanta repercusión ha tenido en el mundo. Así, se han llegado a detectar radioisótopos en la costa oeste de Estados Unidos y en Europa.

«Esos isótopos, de cesio, deben de estar entrando en el océano en cantidades pequeñas, muy lejos de los niveles que causarían riesgo para las personas. Las muestras recogidas por Malaspina aportarán claves para rellenar el vacío de datos al respecto”, destaca Duarte.

Por otra parte, el equipo de Malaspina ha comprobado que en el Pacífico ecuatorial existe, a 4.000 metros de profundidad, una importante abundancia y actividad biológica. Asimismo, la producción de bacterias es diez veces más alta que en el resto del océano, cuyo trabajo exclusivo del bloque seis, denominado Microheterótrofos, trata de conocer unas especies casi desconocidas en su mayor parte.

Las medusas, un problema para las larvas de los peces

Durante la expedición se contará con un novedoso método, patentado por Juan Ignacio González de la Universidad de Cádiz, que servirá para estudiar el plancton a una profundidad récord de 4.000 metros. Se trata de una botella oceanográfica que en su interior lleva una red de plancton y va acoplada a la roseta. Además, se ha incorporado una cámara submarina para fotografiar los organismos del fondo y en su medio.

El bloque de zooplancton incorpora en su equipo una sección específica dedicada al grupo de organismos conocidos como gelatinosos y que está compuesto principalmente por medusas y salpas. El objetivo de esta sección es realizar la mayor evaluación global de la diversidad de este tipo de organismos, descifrar sus códigos genéticos, calibrar su contenido en carbono, nitrógeno e hidrógeno, y catalogar nuevas especies. Esta trabajo lo dirigen el doctorando mexicano Axayacatl Molina y su director de tesis y profesor de la Universidad de Oviedo, José Luis Acuña.

Permitirá entender de una forma más clara los aspectos básicos de la evolución y la ecología de este tipo de organismos y los procesos que facilitan su apariciones masivas y repentinas con las consecuencias que estas implican.

Estas proliferaciones también pueden dañar y generar problemas operativos en la infraestructura de los puertos y de grandes buques, pueden causar obturaciones en las turbinas de las plantas de generación eléctrica y causar el cierre de playas ahuyentando el turismo. Axacayacatl Molina explica que “ se comen las larvas de los peces y se están captando especies tropicales que pasan a las templadas”.

Los gelatinos tradicionalmente son considerados como un problema, en lugar de verse como una oportunidad de investigación, debido a que atascan las redes y los instrumentos utilizados para realizar muestreos en oceanografía biológica. Sus cuerpos frágiles se rompen con facilidad, lo cual dificulta la manipulación para la realización de experimentos. “Se pretende descubrir que ventajas evolutivas tiene el tener un cuerpo tan gelatinoso” añade Molina. La venenosa carabela portuguesa (Physalia Physalis) ha sido localizada en todos los lugares muestreados, cuya picadura puede provocar fuertes dolores y en algunos casos dificultad respiratoria y paro cardiaco.

Adicionalmente, la abundancia de estos organismos aparentemente no responde a patrones de periodicidad definidos por los cambios en las condiciones ambientales del océano, por lo que pueden aparecer en enjambres muy abundantes y de forma repentina desaparecen. Aunque Axacayacatl aclara que “esperamos que aparezcan con más frecuencia y al ser el más caliente el océano, en un plazo largo, vamos a estar más habituados en encontrarlos. No solo es una predicción nuestra también coinciden muchos expertos, como un grupo prestigioso en gelatinosos de la Universidad de California”.

Malaspina será una referencia porque podrá recopilar datos de todos los océanos en un espacio corto de tiempo. Algo inaudito en una campaña oceanógrafica, ya que ayudará a caracterizar las masas de agua de todo el planeta en apenas ocho meses que dura la circunnavegación, cuando normalmente este rango suele ser de varios años, será como tener una fotografía de todas las variables del océano mundial.

Todas las instituciones participantes actúan en completa colaboración compartiendo todas las muestras y resultados con el fin de hacer una colección Malaspina, que se pretende mantener durante las próximas décadas para poder ser estudiado por generaciones futuras con técnicas de análisis mejores que las disponibles hoy día

Carlos Duarte señala que que “hay problemas globales en nuestro planeta que exigen un enfoque global y haremos especial hincapié en el sondeo continuado del océano profundo (a 4.000 metros), que es un gran desconocido ”. No ha habido eventualidades que impiden la consecución de la agenda prevista., “el balance de la campaña es muy satisfactorio y hemos ido cumpliendo todos los objetivos que traíamos”, comenta la investigadora del CSIC, Susana Agustí.

Los datos

La financiación total de las expediciones se sitúa en torno a los seis millones de euros, sin incluir los costes de los buques y sus tripulaciones ni el tiempo dedicado por los investigadores participantes, por lo que el coste total del proyecto se estima en cerca de 17 millones de euros. En el proyecto participan 17 instituciones, algunas de ellas, como el CSIC, la Armada Española y el Instituto Español de Oceanografía (IEO), con múltiples unidades o institutos, a estos hay que añadir que participan 19 instituciones asociadas, cuatro de ellas españolas y 15 extranjeras, destacando seis instituciones estadounidenses.

En total, en el proyecto participan 114 investigadores españoles, 400 si se incluye a estudiantes e investigadores extranjeros. Hay más de medio centenar de técnicos, 100 efectivos de la Armada Española y 20 marinos civiles.

La expedición generará datos e imágenes para un espacio de almacenamiento de 5500 GB y más de 70.000 muestras de aire, agua y plancton. 350 estaciones de muestreos son analizadas a lo largo de la inmensidad del océano

Ambos barcos acumularán cerca de nueve meses de navegación y más de 44.000 millas náuticas, recorriendo los océanos Indico, Pacífico y Atlántico. El Hespérides tiene un desplazamiento de 2.832 toneladas a plena carga y puede navegar entre hielos de hasta 30 centímetros de espesor a cinco nudos, aunque esto último no necesitará ponerlo en práctica.

En julio de 1789, Malaspina dirigió la primera expedición española de circunnavegación, a bordo de las corbetas Descubierta y Atrevida, partiendo de Cádiz, a donde regresaron cinco años más tarde.

RedacciónT21

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