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La cumbre del clima de París marca “un antes y un después”, según expertos

El pasado 15 de febrero se reunieron en el Instituto de la Ingeniería de España diversas personas participantes en las negociaciones de la cumbre de París sobre el clima. Todas estuvieron de acuerdo en que el pre-acuerdo alcanzado en París y firmado por 189 países “marca un antes y un después” en la lucha contra el cambio climático. Pero esta ha de ser una lucha que debe implicar a todos: sociedad, políticos, empresas. España estaría muy bien colocada frente a las oportunidades del cambio, gracias a sus capacidades tecnológicas, aunque para aprovecharlas será imprescindible una colaboración público-privada estable a largo plazo. Por Carlos Gómez-Abajo.

La cumbre del clima de París marca “un antes y un después”, según expertos

Participantes en las negociaciones de la cumbre de París sobre el clima, celebrada en noviembre y diciembre pasados, explicaron el 15 de febrero en el Instituto de la Ingeniería de España los retos y las oportunidades que se presentan al mundo tras el pre-acuerdo firmado por 189 países para evitar que la temperatura suba más de 2º respecto al periodo pre-industrial, y que será ratificado en abril en la ONU.

Moderó la sesión María Jesús Rodríguez de Sancho, presidenta del Comité de Ingeniería y Desarrollo Sostenible del Instituto, organizador de la misma. La primera ponente fue Teresa Ribera, directora general de Iddri, el Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Institucionales, un think tank con sede en París.

Ribera señaló que va a haber “una agenda muy cargada en los próximos años”, tras un acuerdo que “marca un antes y un después”, pues se centra en la “resiliencia”, en prevenir frente a un clima diferente. También ha cambiado la asunción de responsabilidades de los países, dijo.

“El hito del cambio de tornas fue la Conferencia sobre el Cambio Climático de Copenhague 2009, donde por primera vez se plantea con crudeza la trascendencia que tiene el que las perspectivas de desarrollo de los países emergentes incorporaran plenamente la necesidad de incorporar modelos de desarrollo con bajas emisiones de CO2, y contribuyeran a reforzar la resiliencia al cambio climático”, recordó.

No es que antes los grandes emisores emergentes no entendieran, explicó. “Es que primaba la convicción de que ser país en desarrollo les colocaba en una postura de justicia histórica respecto a los países desarrollados, y solo se iban a esforzar si había ayuda financiera”.

En 2009 cambia el planteamiento, especialmente de India, cuyo ministro “tuvo que pagar políticamente el precio de reivindicar que el derecho que debía reconocerse era el desarrollo sostenible, y no el derecho a quemar carbón para acceder a energía, que no es lo mismo. Hay una especie de cultura de derecho al acceso a la energía clásica”, lamentó.

París se marca como objetivo “quebrar esto. El objetivo es que logremos salir de París gestionando el cambio, en lugar de esperar a que el cambio nos venga encima. Esto ha sido el centro del trabajo de la diplomacia francesa, desde dos años antes de la cumbre”.

El objetivo de la cumbre era, señaló, incorporar un tratado internacional y un conjunto de contribuciones de cada uno de los países, “según las prioridades nacionales de cada país”. También debía incluir un bloque relativo a la financiación, y hacer ver “hasta qué punto un cambio de modelo no requiere sólo de un marco regulatorio, sino de una acción coherente llevada a la práctica por gobiernos, instituciones públicas, y también actores privados”.

Lo que propone el acuerdo de París es “buscar fórmulas de asegurar que esa coherencia se va a dar a lo largo del tiempo. El objetivo común es definido contra todo pronóstico de una forma extraordinariamente ambiciosa, con dos fórmulas: se deben adoptar compromisos de reducción de emisiones de modo que la temperatura no debe ser mayor de 2 grados respecto a la era preindustrial (o incluso 1,5 grados); y todos los países deben comprometerse a un balance neto cero en la segunda mitad de este siglo”.

Teniendo en cuenta que ya estamos 1 grado por encima de la era preindustrial, dijo Ribera, el panel de científicos (IPCC) debe decir cómo reducir las emisiones. En cuanto al balance cero, el pico deberá alcanzarse en 2020-2025, y a partir de ahí bajar un 3, 4, 5 o 6% anual, con capacidad de absorción de emisiones a final de siglo.

Para que las contribuciones nacionales sean compatibles con ese escenario, señaló, se establecen varias premisas:

-se refuerzan la transparencia y la rendición de cuentas;
-todos los países tienen la obligación de explicar cómo van a ir alineando sus políticas para cumplir los objetivos que se han dado, y pueden actualizar sus contribuciones al alza, y nunca a la baja;
-ya no se trata de un único convenio internacional, sino que se busca una acción coherente en el resto de los espacios de actuación pública y privada. Se incentiva la creación de alianzas y partenariados.

A juicio de Ribera, ahora hay que centrarse en buscar los ámbitos de actuación más importantes. En concreto, citó el elemento financiero, que deja de ser solamente la puesta a disposición de herramientas financieras, y pretende “facilitar una evaluación de los costes de las distintas políticas. Este proceso cae sobre todo bajo la responsabilidad del G-20 y los reguladores financieros globales”. Asimismo, citó la obligación de rendición de cuentas a las empresas cotizadas.

Por último, los países deben ver cómo conseguir que las emisiones de carbono a corto plazo sean compatibles con los objetivos a medio y largo plazo. “Hará falta un sistema eléctrico libre de emisiones de gases de efecto invernadero y muy eficiente”.

Las empresas

Por parte de las empresas participó Valentín Alfaya, director de Calidad, Prevención y Medio Ambiente de Ferrovial, que habló también en nombre del Grupo Español para el Crecimiento Verde, una asociación de empresas que surgió en colaboración con el Ministerio de Medio Ambiente, pero que ahora es sólo privado.

Estas empresas, entre las que hay suministradoras de energía del carbón como Endesa y Gas Natural Fenosa, además de la propia Ferrovial, Abertis, Abengoa o BBVA, consideran que “si bien reducir emisiones tiene ciertos riesgos, lo que de verdad tiene es grandes oportunidades”. No se trata de “sacar pecho”, dijo, sino de “influir en que cambien las cosas en España y en la Comisión Europea, con una visión a largo plazo que dote de certidumbre”.

En el Grupo hay también pymes “pioneras” en esta idea, como Ecoalf o Contazara. Para pertenecer hay que firmar “unos principios muy exigentes y comprometerse a hacer lobby para reducir las emisiones».

Alfaya señaló que España está muy bien colocada frente a las oportunidades del cambio, gracias a sus capacidades tecnológicas. Es imprescindible, señaló, una colaboración público-privada estable a largo plazo. Las empresas del Grupo firmaron en mayo pasado la Declaración de Barcelona, en la que se apuesta por la descarbonización de la economía.

Uno de los principios que deben regir el cambio, dijo, es seguridad jurídica, para lo cual debe haber “coordinación institucional, legislativa. Que un departamento no deshaga lo que ha hecho el otro. Y también coordinación Estado-autonomías-Ayuntamientos.” La certidumbre permitirá una “transición ordenada”, especialmente para los sectores que no están tan preparados para el cambio. En concreto, Ferrovial tiene “negocios en la pole position, pero otros como el transporte aéreo no. Y es difícil que sea verde, aunque se intentará que al menos sea poco contaminante”.

Todo lo que se haga tiene que estar basado en “el desarrollo tecnológico y la innovación, sin improvisar”. Asimismo, el Grupo plantea “reformas profundas del modelo fiscal, en beneficio de los que aportan valor en la reducción de emisiones”.

A su juicio, el pre-acuerdo de París, entre 189 países, que suponen el 97% de las emisiones, “genera certidumbre”. Hace 10 años “sólo venían, con perdón, los frikis de la inversión socialmente responsable. De un tiempo a esta parte, todo el mundo pregunta por estos temas, y las empresas tenemos que estar preparadas para responder. Hay un montón de inversores ahí fuera interesados”.

Sólo el hecho de que exista el acuerdo “va a activar inversiones en proyectos de bajas emisiones”. El hecho de que se vayan a revisar los objetivos cada cinco años “hará inevitable que suban en ambición”.

En opinión de Alfaya, a la conferencia de París le ha faltado “certidumbre sobre los compromisos, que haya un sistema de rendición de cuentas transparente y solvente”. Ferrovial, por ejemplo, “no está en muchos países con grandes oportunidades porque no dan seguridad jurídica”. En ese sentido, apostó por explotar el Green Climate Fund, un mecanismo de la ONU para apoyar a los países en desarrollo en la mitigación del cambio climático, de modo que alcance los 100 mil millones de dólares anuales en 2020.

Es importante asimismo que el carbono tenga un precio, “ya sea por impuestos, incentivos fiscales, por la bolsa de derechos; es importante que haya un estímulo económico para que muchas inversiones se puedan activar. Las empresas estamos empezando a desarrollar un mecanismo para introducir un precio de carbono en nuestras emisiones, que introduzca las tendencias regulatorias, etc.”

Para una empresa, enseñar “una tarjeta de presentación solvente de reducción de emisiones es crítica si se quiere tener credibilidad”. En 2007 Ferrovial se puso a evaluar riesgos y oportunidades, algo que Alfaya recomienda a todas las que se vayan a ver afectadas por el cambio climático. “esto se ha convertido en un riesgo cierto para las actividades económicas: merece la pena invertir en ello”.

Sociedad civil

Y fue el turno de Rémi Parmentier, fundador del Varda Group, consultora especializada en asuntos sociales y ambientales. “Hace 40 años que soy un friki de esto, tratando de que el sector público y el privado avancen en el desarrollo sostenible”, comenzó. La sociedad civil, dijo, incluye a las ONGs, pero también a los sindicatos, los sectores productivos, etc. Las palabras de Valentín Alfaya le sonaron “como música para los oídos. Está bien ver que somos muchos más frikis que hace 50 años».

A su juicio, los cambios de París son extraordinariamente importantes. “Los que no se apunten, se quedarán atrás, sean empresas, ONG, Estados…” Propuso el experto seguir el ejemplo de Alemania -que apuesta por las renovables y dejará la energía nuclear en 2020- en cuestiones ambientales. “Hay a quien le gusta seguir a Alemania en algunos aspectos, que lo haga también en esto”.

París representa “la más potente ilustración de la entrada del mundo en la era del polilateralismo”. El multilateralismo incluía sólo a los Estados; el polilateralismo, a toda la sociedad civil, que estaba “mirando la orquesta, y ahora es parte de ella. Ahora hay que asegurar que todo el mundo toque bien”.

El polilateralismo, dijo, ya se había visto en el papel de las organizaciones humanitarias en espacios abandonados por los Estados, en asuntos como las minas antipersonales o la no proliferación de armas nucleares, o ahora con el partenariado transatlántico (TTIP) y el transpacífico (TPP). “Es prematuro saber en qué dirección se resolverá este tema. La sociedad civil no es monolítica”.

Los Objetivos del Milenio de la ONU, y más aún los de Desarrollo Sostenible, “son experiencias de polilateralismo. “Todo esto es parte de la metamorfosis de la sociedad, que no estará libre de dificultades, como todas las metamorfosis”.

“París es un éxito de nuestros gobiernos, pero no habría sido posible sin el apoyo de la sociedad civil. Es importante que el polilateralismo se refuerce, y formas equivalentes se multipliquen, a nivel local y nacional”.

Parmentier dio “pinceladas” de las tareas pendientes. Por ejemplo, los subsidios a las energías fósiles, a los que se dedican 500 mil millones de dólares al año, cinco veces más que lo que se prevé para el Green Climate Fund en 2020. “Estamos tirándolos, regalándolos, 24 años después de [la Cumbre de] Río 92. Hay algo que no va, es evidente. No soy un genio de la aritmética, pero hay algo que no funciona aquí. Es cuatro veces lo que reciben las renovables. En lugar de hacer edificios deberíamos arreglar lo que tenemos”.

El bajo precio del petróleo, dijo, citando un artículo de Le Monde, podría ser una oportunidad para fijar el precio del carbono, “porque el consumidor no lo va a notar.

El acuerdo de París presenta un “hueco enorme” en cuanto a aviación civil y transporte marítimo. “Creo que hay que poner todo el biofuel que se pueda en la aviación y no malgastarlo en otros ámbitos. En el transporte marítimo hay que volver a los orígenes, el motor de viento”.

El coche eléctrico, recordó, es tan antiguo como el motor de explosión, pero hasta hace muy poco no ha despegado. “El motor de viento existe, hay grandes proyectos, cosas muy interesantes por hacer. Habría que revisar las rutas marítimas, usar aquellas donde haya viento. Antes de instalar una fábrica, habrá que ver donde habrá viento, corrientes, etc.”

Una última cosa: “Tenemos que cuestionar, modificar, el sector de la publicidad… modificar las pautas de consumo”, dijo, quejándose de tener una botella de agua mineral en la mesa, “con lo buena que está el agua de grifo de Madrid. Y concluyó con una frase: “Si queremos proteger el clima, hay que proteger el mar, y si queremos proteger el mar, hay que proteger el clima”.

Debate

En las preguntas del público, el representante de Ferrovial comentó que la Declaración de Barcelona incluye influir en los gobiernos español y europeo para que eliminen los subsidios a los combustibles fósiles. “También tenemos que influir en la sociedad civil y en la industria”.

Algún asistente mostró su escepticismo ante el hecho de que empresas cuyo negocio se ha basado en el carbón ahora hagan lobby por las renovables. A ese respecto, Alfaya reconoció que “cuesta mucho pensar” que van a apostar por las renovables si al tiempo la regulación “sube los peajes de acceso a la red hasta hacerlas casi inviables, al igual que con la batería Tesla. A eso nos referimos con coordinación entre los ministerios y a certidumbre regulatoria”.

Teresa Ribera comentó, a una pregunta sobre las elecciones presidenciales estadounidenses, y la posibilidad de que salga elegido un candidato contrario a las medidas ambientales, que “hemos pasado de un entorno de riesgo para los políticos que apostaban por las renovables, a una situación en la que la convicción de lo importante que es atender a un escenario contrarreloj genera un escenario inverso. Se penalizará a quien pudiendo hacer cosas, no las hace”.

Y Parmentier dijo que prefiere el “judo político”, que acompaña los movimientos de quien tienes enfrente para atraerlo hacia ti, que el “boxeo político”, para el que hacen falta “puños muy sólidos”. Prefiero, dijo “hacer dujo con la Declaración de Barcelona que boxeo. Las metamorfosis son más lentas que las revoluciones, pero tal vez dan resultados duraderos que no dan otros tipos de evolución de la sociedad. La sociedad civil tiene el deber de actuar para que esta metamorfosis se acelere”.

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