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La mecánica cuántica ha de transformar la religiosidad, según Diarmuid O’Murchu

En 2014, la Editorial Abya Yala publicaba en español “Quantum Theology”, obra que recoge las ideas del sacerdote católico irlandés Diarmuid O´Murchu. O´Murchu entiende que, si el mundo es como dice la Nueva Física, el ser humano religioso ha de entender su religiosidad de una forma nueva, en la que debe predominar la vinculación con el Todo, el universo, la vida, la comunidad humana y religiosa; y un Dios que constituye la última esencia holística del universo. Por Gonzalo Haya.

La mecánica cuántica ha de transformar la religiosidad, según Diarmuid O’Murchu

Durante muchos siglos la imagen del mundo físico en la ciencia estuvo dominada por lo que se conoce como la mecánica clásica. Conducía a una imagen determinista y mecánica del universo. El universo era un clock work, una portentosa obra de relojería.
 
Sin embargo, desde los descubrimientos y los constructos teóricos que comenzaron a proponerse a principios del siglo XX, la imagen del mundo físico comenzó a cambiar radicalmente: se pasó del fraccionamiento de las partículas unidas por cadenas causa-efecto, que producían la imagen de un sistema desintegrado y ciego (mecánica clásica), a un universo concebido como un inmenso campo unitario donde los objetos y seres individuales que lo conforman pertenecen a un todo superior que los integra.
 
Para Diarmuid O´Murchu esta nueva imagen del universo lleva a una nueva idea de la religión en que predomina la vivencia holística de la inmersión en la Divinidad, la vinculación al todo superando las diferencias, la solidaridad interhumana, y en último término a la vivencia del amor, entendido como la fuerza de Dios, que ha querido estar unido al cosmos, y la fuerza que da sentido a la vida de los hombres por su unión a la naturaleza, a los demás hombres y a Dios.
 
¿Quién es Diarmoid O´Murchu?
 
O´Murchu es un sacerdote católico, de origen irlandés, graduado en el Trinity College de Dublín (Irlanda). Su especialidad intelectual es la psicología social, habiendo dedicado gran parte de su vida a actuaciones sociales, principalmente en barrios oprimidos de grandes ciudades, como Londres, así como en diversos países de Europa, de los Estados Unidos y del tercer mundo como Filipinas, Tailandia, India, Perú y otros países africanos.
 
En estos países ha contribuido a programas de psicología social y a la presentación de la fe cristiana en adultos. Pero la vida de O´Murchu, principalmente dedicada a compromisos sociales, ha estado siempre acompañada de una profunda inquietud intelectual. Su fruto han sido diversas obras como Quantum Theology (1996, revisada en 2004 y traducida al español en 2014), Ancestral Grace (2008), Jesus in the Power of Poetry (2009), Christianity´s Dangerous Memory (2011), In the Beginning was tje Spirit (2012), God in the Midst of Change (2013) y On Being a Postcolonial Christian (2014). Actualmente vive en Dublín, Irlanda. Se ha destacado su interés por el feminismo, su simpatía por el New Age y su análisis de la religiosidad humana sin religión.

Presentación

Quizás el título de la obra de Diarmuid O´Murchu pueda sonar un poco exagerado. Pero no es snobismo. Nuestros conceptos son abstracciones obtenidas de la experiencia del mundo que nos rodea; si nuestra experiencia del mundo cambia, también cambiarán los conceptos con los que elaboramos la interpretación de nuestra experiencia espiritual.
 
La física cuántica está cambiando nuestra comprensión de los últimos elementos de la realidad, aunque todavía no llega a explicar las experiencias más habituales del macrocosmos. Pero la última realidad es precisamente el objeto de la metafísica y de la experiencia espiritual, por eso la teología cuántica se inspira en la nueva física, y encuentra mejor explicación que en la física mecanicista de siglos pasados. Esta sería en el fondo la justificación que ofrece O’Murchu para esta tendencia que denomina como Teología cuántica.
 
No creo que esta teología cuántica sea consecuencia lógica de los principios de la teoría cuántica. Ni la ciencia ni la mecánica cuántica llevan por sí mismas a una teología cuántica. Sin embargo, es legítimo, fuera de la ciencia, encuentrae en ella una explicación o soporte para interpretar la experiencia espiritual. O’Murchu incluso invita a estimular la imaginación para descubrir nuevas posibilidades en la comprensión del Misterio que nos sobrepasa.
 
“En este libro –nos dice– convergen dos vertientes la física cuántica y el despertar místico. Nos aventuramos por caminos en parte inexplorados, nos atrevemos a soñar. Una nueva visión siempre es vista como amenaza para el status quo. El espíritu sopla donde quiere.”
 
Creo, pues, que un adulto comprometido con la cultura y la sociedad actual debe al menos conocer estas nuevas interpretaciones de la teología para vivir su espiritualidad de una manera congruente con su cultura. Las ideas de O´Murchu son un reto para vivir la espiritualidad sintiendo la inmersión en el campo universo descrito por la nueva ciencia.
 
Me gustaría ofrecer aquí un amplio resumen de este libro (que creo está agotado), pero no puedo trasladar a los lectores ni los numerosos testimonios científicos que menciona ni el estilo sugerente de su exposición. Me limitaré a exponer en forma simplificada los principios correspondientes de la teoría cuántica y las orientaciones paralelas de la teología cuántica. Lo presentaré en dos niveles, primero una SÍNTESIS que sirva para formarse una idea general sobre el tema. Después, para un mejor conocimiento, el DESARROLLO de la Teología cuántica de O’Murchu, imaginada libremente en armonía con la idea moderna del universo.

1.1 Principios científicos 
  -El modelo clásico: Se basa en el principio de causa y efecto. Es determinista; es reduccionista (el todo es igual a la suma de sus partes, y éstas funcionan independientes); es racional (exclusivamente método lógico y científico); y pretende una objetividad total (independiente del sujeto que lo analiza). Puede plasmarse en el exacto funcionamiento de una máquina, de un reloj.

-La teoría cuántica: toma las aportaciones de Einstein: relatividad, interdependencia de las partes, continuum espacio-tiempo, conceptos de energía-masa, y de la fuerza de gravedad como atracción mutua de todas las masas. Posteriormente la teoría cuántica ha desarrollado algunas propiedades que han servido como orientación a esta nueva teología: las radiaciones de luz o calor se emiten mediante paquetes de energía (“cuantos”); pueden estar en más de un lugar al mismo tiempo (propiedad de onda); son haces de ondas que, al observarlos, se manifiestan en corpúsculos (colapso de la función de onda); se producen saltos cuánticos (el objeto deja de estar aquí y se manifiesta en otra parte), y ejercen una acción a distancia sobre su par gemelo.

En la segunda parte de esta presentación –Desarrollo de la Teología Cuántica– se hace referencia a otros progresos científicos que le sirven de orientación: fractales, holograma, campos de influencia, quarks, los agujeros negros, la teoría del caos, el proceso epigenético  y los difíciles equilibrios del oxígeno, de las partículas y anti-partículas, de la masa del protón y del neutrón, de las fuerzas de gravedad y electromagnética, y de la formación del carbono, todos ellos interdependientes.
-Consecuencias

Estas conclusiones científicas llevan a un nuevo planteamiento epistemológico que podemos resumir con las siguientes características.

1)Trascender la objetividad externa; el flujo de energía constituye la esencia de la realidad; coexistencia simultánea de varias posibilidades; nada tiene sentido de forma aislada; la realidad supera nuestra capacidad de comprensión en esta fase evolutiva; el observador influye sobre lo observado. Todo está afectado por todo lo demás.
  2) La relación causa-efecto ha sido sustituida por la de relación, interdependencia y conectividad. El determinismo ha sido sustituido por la probabilidad. Contra el reduccionismo se afirma que el todo es indivisible y es mayor que la suma de sus partes.  La materia es energía, y tiende a la auto-organización y a la auto-regeneración; el caos es la forma propia de ser, de evolucionar; no estamos en un cosmos, sino en una cosmogénesis.

Como antes decíamos, la propuesta de O´Murchu no pretende ser ciencia, sino la intuición de que, si el mundo es unidad, así también la espiritualidad debería enriquecerse en tanto en cuanto quedara abierta a la conciencia de que la unidad del universo impone vivir de una cierta manera la unidad con el cosmos, con la vida, con los otros hombres y con Dios. Esta vivencia de unidad podría ser la base para la exigencia moral de vivir de acuerdo con la ética ecológica que hoy se argumenta desde ámbitos muy diferentes, meramente civiles y religiosos.
 

1.2 Principios de la Teología Cuántica
 
Anticipamos aquí los principios que el autor deduce de su análisis de los principales temas que deben preocupar a una teología acorde con la ciencia y la cultura actual.
  -La teología debe ser una reflexión sobre la espiritualidad

El pensamiento teológico no debe reducirse a una religión; es una búsqueda humana de sentido, teniendo muy en cuenta la sabiduría de todas las culturas y religiones.
– El todo es una energía creativa (ver 2.1)

Dios no es superior ni externo al orden creado; el potencial creativo emerge desde dentro del cosmos; Dios –la realidad última, la energía creadora- co-crea con el proceso evolutivo. (Espinoza ya había propuesto Deus sive natura).

El todo es más que la suma de las partes, y éstas están interrelacionadas 
El todo es más que la suma de las partes y está contenido en cada parte. Éstas no pueden entenderse independientemente. Dios es relación y el ser humano no puede entenderse individualmente sino en relación y en su integración en el todo mayor del universo.

La narración es la expresión verbal del proceso evolutivo
El sentido último está imbuido en el relato más que en una explicación conceptual o en cada hecho concreto, porque la creación evolutiva en sí misma es el relato en que Dios se revela. Las tradiciones religiosas son expresiones simbólicas de un relato mayor, que necesitan ser reinterpretadas en consonancia con el conocimiento de ese relato evolutivo.

El proceso evolutivo integra necesariamente el lado oscuro de la realidad
El espacio vacío está cargado de energía; la destrucción y la absorción son la precondición para la expansión del universo; la ruptura del equilibrio forma parte del proceso de renovación. La redención es cósmica y personal; integra la oscuridad, la nada y el caos de nuestro mundo, como prerrequisitos para la creatividad y la transformación. La sombra es una fuente de creatividad cuando nos comprometemos con ella y la integramos en el flujo de la vida. Necesitamos superar el pecado estructural, que resulta destructivo en el proceso evolutivo.
-Nuestro destino es la búsqueda de la iluminación y el triunfo del bien 

Nuestro destino final, tanto acá como en la eternidad, es la iluminación, y el triunfo último del bien. Somos innatamente espirituales pero necesitamos una maduración adecuada.
Los conceptos de principio y final, y de resurrección, son mitos para dar sentido a nuestro destino infinito en un universo infinito. La muerte no es un final sino una manera de existir más holística. Las grandes religiones describen un proceso de nacimiento-muerte-resurrección. Es improbable que los humanos podamos superar la extinción que se avecina, pero la vida humana puede resurgir capacitada para compartir la nueva etapa evolutiva.
-El amor es una fuerza de vida interdependiente

El amor es el origen y la meta de nuestra búsqueda de sentido, engendra siempre formas de vidas superiores y esta cualidad es superior a la de la supervivencia del más apto.
Dios es una presencia relacional dentro del mismo proceso creativo de la evolución; su encarnación exige una nueva relación con los cuerpos a través de la ternura sexual, la justicia compasiva y la amistad altruista.

La mecánica cuántica ha de transformar la religiosidad, según Diarmuid O’Murchu

DESARROLLO DE LA TEOLOGÍA CUÁNTICA
 
El fondo intelectual y científico de las ideas de O´Murchu es, en el fondo, sencillo. La forma antigua de entender las religiones, al menos en el mundo occidental, derivaba al individualismo y a una visión del universo en que predominaban las partes sobre el todo. Un universo desintegrado en que la vida humana quedaba también desintegrada. Esta manera de pensar, que tuvo más influencia en el cristianismo, por la influencia griega, fue fue tan intensa en las religiones orientales en que predominaban visiones holísticas, no dualistas, de la realidad. Estuvo además avalada durante siglos por la imagen del universo en la mecánica clásica.
 
Pero O´Murchu tiene muy claro que la imagen actual del universo en la ciencia y en la cultura ha variado cualitativamente en relación al mundo mecano clásico. Hoy constatamos un universo evolutivo, energético, interrelacionado, en que ningún elemento está aislado del conjunto porque forma parte del sistema, un universo holístico en el que Dios podría verse verosímilmente como su fondo ontológico último que explica también la forma de ser real del universo surgido de Dios, especialmente el mundo de la vida, de la conciencia y de la tendencia a la unidad ecológica con el cosmos y a la unidad social interhumana.  
 
 2.1 El todo es una energía creativa
  -La energía es movimiento y expansión. La vida está sustentada por una energía creativa, benigna, que se expresa con movimiento, ritmo y pautas. Nuestro punto de partida no es Dios, sino nuestra experiencia del mundo percibido por la imaginación cuántica.

 
-Inicialmente la teología se expresó mediante mitos, que pretendían transmitir ideas y valores fundamentales, plasmándolos en narraciones fabuladas. La religión formal es tardía en la evolución espiritual y adoptó un sistema oficial de creencias, expresadas de forma racional. la danza es una metáfora adecuada del proceso energético; es movimiento y energía, frecuentemente caótico, pero con ritmo, patrón e interconexión. En las religiones primitivas la danza era el medio de comunicarse con la fuente última. La música es como el pulso de la creación, y ha sido una experiencia humana desde la más remota antigüedad. La ciencia actual, con la teoría de las supercuerdas, se hace eco de la energía original de la música.

-La teología cristiana debe ocuparse especialmente de la interpretación de las Sagradas Escrituras. La teología cuántica tiene en cuenta la teoría cuántica y los aportes de las nuevas orientaciones de la teología feminista, teología de la liberación, de la creación, y del pluralismo religioso.

2.2 El todo es más que la suma de sus partes
  -El holón es un todo que forma parte de otro todo superior, y que muestra dos tendencias: interioridad para preservar su autonomía, y comunión, que lo integra al todo superior. Toda criatura viva es un holón que no se entiende sin el holón superior.

  -La teología tradicional separa al todo de sus partes y analizan al mundo como un objeto dividido en partes. Las religiones antiguas consideraban el universo como un sujeto vivo en el que los hombres se sentían integrados. Ningún sistema científico o religioso puede comprender la totalidad. La energía creativa está dentro, no fuera del cosmos. El cosmos fluye en un despliegue evolutivo. Nosotros somos un elemento dentro de esta evolución, recibimos nuestra existencia del todo al que pertenecemos, no podemos competir con otras partes de ese todo sino cooperar con ellas.

  -La teología cuántica debería desear trascender las corrientes dualistas. La teología tradicional engendra ideología. El todo es dinámico, es mayor que la suma de sus partes, pero está contenido en cada una de sus partes y por eso se supera el panteísmo. (La ola es el mar, según la metáfora de Willigis Jäger). El todo rebasa nuestra capacidad de comprensión, y no puede ser encerrado en dogmas o credos. 

 
2.3 Las partes están necesariamente interrelacionadas  
-Tenemos un horizonte de pertenencia. Una de las ilusiones más dañinas es nuestra tendencia a mirar (y entender) las cosas aisladamente. Por el contrario, la vida se experimenta en paquetes de experiencia (quantas). No podemos considerar el universo como objetos aislados, sino como nuestra esfera de pertenencia en la que tenemos que integrarnos.

 
Los campos de influencia son los sistemas dentro de los cuales las relaciones emergen y crecen, son horizontes de permanencia, dotados de creatividad y auto-organización que crean un sentido de uniformidad; no están limitados al espacio o el tiempo, tienen una cualidad holística y permiten la acción a distancia. Los campos presentan continuidad (memoria colectiva de las especies) pero también cambios, debidos a la cooperación interactiva de varios campos (resonancia de campos), que crean nuevos patrones de conducta (experimento de los monos de Koshima). El ejemplo más conocido es el inconsciente colectivo de Jung.
  -El hombre no puede entenderse sin su integración en la evolución del universo, como ya lo consideraban las religiones primitivas. La creación es un proceso evolutivo, con una interacción incesante divino-cósmica, básicamente positivo, que integra los dualismos de orden y desorden, de azar y creatividad, de luz y de sombra. En el proceso evolutivo co-participan todas las criaturas; la revelación es continua y no se puede encerrar en ninguna religión o sistema cultural. Para responder a nuestra entidad de personas en relación, necesitamos auténticas experiencias eclesiales y sacramentales, sin caer en rituales que demandan una estricta observancia legal.

 
La revelación no debe entenderse como una manifestación clara y definitiva de Dios, sino como un patrón innato que ha ido evolucionando en sus manifestaciones concretas, adaptadas a la influencia de otros campos biológicos y culturales. La creación es el libro principal de la revelación de Dios. El Espíritu Santo puede ser entendido como una influencia de campo.

La mecánica cuántica ha de transformar la religiosidad, según Diarmuid O’Murchu

2.4 No somos seres aislados

-Los elementos más pequeños de la realidad los últimos ladrillos de la construcción del mundo- no son los átomos aislados e indivisibles. Los descubrimientos han llegado hasta los quarks, pero éstos no han podido ser aislados, sólo se manifiestan en relaciones (en díadas o tríadas) y se mueven en la dualidad partícula-onda. La naturaleza está compuesta de patrones de energía interrelacionados, y no de bloques aislados.
  -La más antigua sabiduría ya había observado que todas las cosas están en relación e interdependencia. El cristianismo ha elaborado el misterio de la Trinidad, la naturaleza esencial de Dios es una relación de interdependencia. Dios es amor, el concepto de Iglesia se centra en la comunidad, el bautismo es un rito de entrada en esa comunidad, la eucaristía es –en su origen- una comida en común. Una trinidad se encuentra también en el hinduismo, budismo, zoroastrismo, y otras religiones. El monoteísmo surgió con la revolución agraria como un modo de dominar sobre otros pueblos. Nuestra cultura ha sobredimensionado el individualismo; la Declaración Universal de los derechos humanos se centra en el individuo más que en la sociedad. Somos demasiado racionales, hemos perdido la capacidad de relacionarnos holísticamente. Buscamos seguridad personal en vez de fraternal comunión.

2.5 La narración es la mejor expresión verbal del proceso evolutivo

 
El origen del universo. La hipótesis Gaia, hace un análisis detallado de la inmensa complejidad de combinaciones, y de la exacta precisión que éstas requieren, para el equilibrio del universo y la producción de la vida, y pone de manifiesto la capacidad de auto-organización del universo.

Para su existencia es imprescindible mantener los equilibrios del oxígeno, de la sal, de las partículas y anti-partículas, de la masa del protón y del neutrón, de las fuerzas de gravedad y electromagnética, y de la formación del carbono, y todos estos equilibrios son interdependientes. Esta capacidad de resiliencia no parece posible por mero azar, y ha llevado a destacados científicos a pensar en un organismo vivo, que sabe lo que sucede y lo que tiene que hacer para mantener su metabolismo. Ya la sabiduría ancestral había reconocido a nuestro planeta como la Madre Tierra.  

El autor rechaza el principio antrópico. Algunos científicos creen que el universo no existe hasta que lo observamos, otros en cambio defienden que existe un mundo objetivo. El universo ha existido millones de años sin nosotros, y quizás llegue a superarnos en su proceso evolutivo.
  -Implicaciones teológicas. La teología ha tardado en admitir la evolución y ha tenido que aceptar la cosmología como el centro de su reflexión. El contexto lleva a buscar el sentido, y a Dios desde dentro del universo, no desde fuera. Dios co-crea juntamente con el proceso evolutivo. Somos parte de un todo y no podemos entenderlo, sólo podemos observarlo (contemplarlo); somos el sistema nervioso del planeta, la dimensión consciente del universo, narradores de la historia sagrada cosmológica. No somos los dueños ni los administradores del planeta, más bien nos hemos convertido en una anomalía cósmica que amenaza al planeta, pero Gaia continuará con nosotros o sin nosotros.

  -La narración es la herramienta más dinámica y versátil para explorar el sentido del misterio. Tanto la ciencia como la teología son producto de la historia. Las narraciones despliegan la imaginación. La metáfora expresa mejor que las leyes científicas lo que la ciencia encuentra hoy en la naturaleza, porque nos invita a imaginar más allá de nuestros dualismos. Hemos dado un significado literal a un relato que no había sido pensado literalmente (la creación, nacimiento virginal, las parábolas).

 
La Biblia, y los grandes textos sagrados, son un relato, no un registro cerrado de acontecimientos. La pedagogía de Jesús consistía en contar historias (parábolas). En nuestra interpretación le hemos restado importancia al contexto narrativo y su llamada al cambio. Las parábolas son historias de transición con la intención de perturbar y desafiar a los que las escuchan, y motivarlos a adoptar una forma radicalmente nueva de comprometerse con el mundo y con el llamado de los tiempos.
 
-El mito central del relato cristiano es el Reino de Dios. Se trata de una historia, no de un dogma, con un significado universal y práctico, el de establecer unas relaciones sociales en este mundo. Las Iglesias han perdido contacto con la agenda del Reino y alienan a su público potencial. Toda sabiduría religiosa o científica tiene su repertorio de historias que remiten a un ethos más global y universal que los hechos narrados.  
-Interpretando los textos sagrados. Nuestra interpretación requiere símbolos y rituales que nos comprometan con su sentido mítico y arquetípico. Las personas frecuentemente recurren  al modo no verbal (arte, danza, música) para expresar lo que les está sucediendo por dentro, como hicieron en las primeras culturas. Ante los textos sagrados necesitamos una actitud de escucha, abierta no a uno sino a varios significados. Usar los textos sagrados para conservar un sentido monolítico del pasado puede socavar el compromiso humano con el mensaje y el poder de la narración. Lo que realmente nos salva de la idolatría de la letra es la libertad y el desafío de la interpretación.

 
La llamada de la ciencia y de la cultura actual a identificarse holísticamente con las raíces cósmicas no concluye ahí. La llamada a la unidad se extiende también al mundo humano con un emplazamiento al compromiso por la lograr no sólo la armonía natural, sino también la armonía humana en la sociedad. Así, el hombre, y especialmente las religiones que tratan de sublimar lo humano, deben comprometerse en superar el caos y el desorden natural, que también puede manifestarse como el caos y el desorden social, interhumano.
 
2.6. El proceso evolutivo integra necesariamente el lado oscuro de la realidad

-Los agujeros negros. Son el resultado del colapso de estrellas sobre ellas mismas, son calientes y blancos, pueden ser la fuerza mayor que determina la formación y la velocidad de rotación de nuestra galaxia. El espacio está cargado de energía: según Hawking en su interior electrones y positrones se destruyen mutuamente, pero antes es posible que una partícula sea atrapada por la gravedad y que la otra escape hacia el espacio universal, de este modo el agujero “se evapora”; la destrucción y absorción son la precondición para la «evaporación” de otras partículas. También en la mística la abnegación es la precondición para la iluminación. Con el tiempo el orden del universo absorberá el desorden del agujero negro.

-La teoría del caos. En la ciencia clásica se asociaba el caos a la casualidad; ahora, en los sistemas caóticos observamos patrones ocultos. En los sistemas caóticos se ha observado una creciente bifurcación de su comportamiento hasta llegar a una infinidad de posibilidades. Parece que el caos tiene características universales, constantes en valores numéricos, que pasan por etapas de alteridad previas a la emergencia final del orden. La complejidad (no la complicación) es una dimensión esencial de los sistemas vivos.  
-La sociedad o la Iglesia debe integrar las dimensiones caóticas. Tenemos miedo al caos porque desestabiliza nuestro status quo de poder jerárquico. Nuestra mentalidad lineal era clara porque rechazábamos integrar a las sombras (el mal y el sufrimiento). Nuestro universo no va hacia el deterioro progresivo (segunda ley termodinámica) sino que es capaz de regenerarse.

 
En gran parte el mal es resultado de la acción del hombre. La creación es esencialmente buena, es un todo que comprende lo positivo y lo negativo (pecado original). El cristianismo ha explicado la superación del mal como la redención mediante el sacrificio expiatorio de Cristo (explicados en términos más o menos duros). Al atribuir el mal a la influencia del demonio hemos “divinizado el mal”; al exteriorizar el mal, hemos fomentado las guerras de religión.
 
Para llevarnos bien con la oscuridad hemos de integrarla en el sistema, tomar como modelo no la muerte sino la vida de Jesús. Las principales religiones resaltan la naturaleza; la teología cuántica integra y se hace responsable del bien y del mal, no proyecta el mal sobre el chivo expiatorio de la crucifixión; la redención es planetaria tanto como personal.
No puede haber salvación personal sin fortalecimiento de la vida planetaria y universal.
El pecado estructural y sistemático abunda en nuestro mundo, y frecuentemente provoca que las personas se comporten inmoralmente. Necesitamos nuevas directrices éticas tanto desde la política como desde la moral.

La mecánica cuántica ha de transformar la religiosidad, según Diarmuid O’Murchu

2.7 El problema del mal
  -Freud trató de recuperar el control del subconsciente por parte del consciente. Jung resaltó nuestra interdependencia y el inconsciente colectivo, energía que contiene el pasado y el futuro, la luz y las sombras del universo. Los dualismos niegan el 50% de la realidad. Ante un alcohólico no basta suprimir el alcohol, hay que analizar los factores sistémicos que le han llevado al alcohol, hay que pasar del sistema atomizado mecanicista al sistema cuántico. El patriarcado encuentra en el dualismo la cabeza de turco a la que atribuir los males. El enfoque estructural nos invita a integrar y comprometernos con nuestras sombras.

  -La integración del mal no es meramente personal sino social y cultural. El pecado y la salvación no son asuntos meramente personales sino sociales; la moralidad cuántica se centra en el compromiso con los valores fundamentales en las estructuras humanas, sociales y políticas; atiende primero al conjunto, y luego a las partes que lo componen; tiene un carácter sistémico.

  -Los pecados estructurales de nuestro tiempo son: Biocidio y geocidio. Especismo, creencia de que nuestra especie tiene derechos sobre toda la creación; sin embargo, solamente somos una parte en su estadio evolutivo. Antropomorfismo, el hombre como medida de todas las cosas, imagen antropomórfica de Dios. Dualismos, cielo-tierra, cuerpo-espíritu, sagrado-profano, hombres-animales. Aislacionismo, individualismo, exclusividad, nacionalismo, sexismo, compartimentación temporal. La idolatría del dinero y de nuestras ideas humanas sobre Dios. Militarismo y Poder (del varón). Injusticia social. Blasfemia, uso del nombre de Dios para bendecir el armamento destructivo. Las religiones no mencionan el pecado estructural; son poco exigentes con actitudes como la ambición, el hedonismo, la manipulación, que son letales para la humanidad actual y futura. Es urgente establecer un código internacional y planetario al servicio del cosmos.

 
2.8 Nuestro destino es la búsqueda de la iluminación y el triunfo del bien
  -La luz es una fuente de energía. La luz ha sido el factor determinante para la formación de las algas y del desarrollo de la vida en la tierra; la fotosíntesis es una parábola cósmica más que un hecho bioquímico, y llegará un momento en que posibilite un cambio evolutivo en la humanidad.

  -Los sistemas vivos tienen la capacidad de autoorganizarse, de adaptarse, de autorregenerarse. La ciencia ha hablado de “proceso epigenético”, de “autocatálisis” –la ruptura del equilibrio como proceso de renovación-, del “principio cosmogenético” (diferenciación, autopoiesis, y comunión). La memoria cuántica y el campo morfogenético son una reserva de información más allá de las formas concretas en las que se materializa. En el nivel cuántico nada se pierde, sólo se transforma.

 
-El universo autopoiético puede desplegarse para siempre. La ciencia aborrece la idea de infinitud y ha tratado de sustituirla –con poco éxito-  por la “renormalización”. En nuestro estado actual no podemos entender la noción de infinito.  
  -La luz ha sido símbolo de una fuerza espiritual y un símbolo de la vida desde toda la antigüedad, conocido como “el camino de la iluminación”. Los místicos han buscado siempre la iluminación, y actualmente se extiende la práctica de la meditación, el arte del centramiento, la interioridad, la unión entre mi ser y el ser, el sentido de estar conectado con la totalidad de la vida, con el universo entero. Para las religiones, la luz es un sacramento, aunque con el tiempo se ha ritualizado excesivamente y se llega a perder su sentido; el teólogo cuántico se esfuerza por el redescubrimiento de las auténticas experiencias sacramentales que tienen dimensiones planetarias y cósmicas.

  -La desmitologización teológica desarrollada en el siglo XIX y XX, conforme a la conciencia racional y científica, consideraba el mito como algo infantil; sin embargo, los antropólogos y psicólogos han descubierto en el mito la expresión de una verdad más profunda.

 
-La resurrección de la muerte es un mito que se repite en diversas formas, como la reencarnación, en las principales religiones. La verdad profunda es que la vida no acaba con la muerte de una persona; los relatos de la resurrección de Jesús divergen entre sí, pero lo importante fue su poder de transformar a los discípulos. El fondo del mito –la autopoiesis, la capacidad de renovación- puede extenderse a todo el universo, pero el dogma puede acabar en idolatría. La muerte no es un final sino una manera de existir más holística. Gaia –el universo vivo- descubre la sacralidad dentro de nosotros y del universo, no el concepto mecanicista de un Dios fuera del universo. El mito del fin del mundo ha sido utilizado por las religiones como amenaza para obtener la obediencia a sus leyes, pero actualmente ha caído en el descrédito.

-La vida eterna no es algo que sucede más allá del cosmos sino la entrada en una nueva relación con el cosmos. El autor considera que la calidad de esta relación cósmica puede estar relacionada con la relación enajenada o integrada durante nuestra vida (equivalentes al infierno o al cielo). En el nivel cuántico nada se pierde, sólo se transforma. Se trata de aprender a vivir en infinitud.

2.9 El futuro que nos espera 
-La promesa y el peligro.  Las grandes religiones describen un proceso de nacimiento-muerte-resurrección. La experiencia del calvario (el sufrimiento y la muerte) es un requisito para el nuevo umbral evolutivo. Nuestro mundo occidental está pasando por una experiencia de destrucción y muerte; la teología cuántica considera que la resurrección ya ha ocurrido simbólicamente en Cristo. Es improbable que los humanos podamos superar la extinción que se avecina en los próximos cincuenta o cien años.

 
En la historia planetaria ya han ocurrido otras extinciones que han sido superadas en nuevas etapas evolutivas. Después de la extinción de nuestra especie, la vida humana resurgiría capacitada para compartir la nueva etapa evolutiva. Tenemos que aceptar este calvario como requisito de una nueva realidad. Ya existen algunos signos de esta resurrección universal; la desconfianza en las religiones y en las instituciones civiles está llevando a búsqueda de la interioridad y la exploración científica del universo.
  -La teología del proceso considera que el universo no tiene principio ni fin; Dios ofrece las posibilidades que luego el universo es libre de realizar. Un Dios bipolar, teóricamente eterno e inmutable, pero en la práctica (en la encarnación) dependiente de la realidad física; la mística reconcilia ambos extremos. Este modelo bipolar es adecuado para la teología cuántica (bipolaridad partícula-onda).

 
Conclusión
 
En el fondo la obra de O´Murchu se resume en la afirmación de que la esencia de todo es el Amor. Un Amor que ya nace de la realidad trinitaria de Dios y que se extiende al universo. La individualidad que lo domina trata de superarse por un proceso de Amor continuo que lleva a que todas las cosas se vayan relacionado con otras, en un proceso de unidad creciente que es la plenitud del Amor, tal como lo ve O´Murchu.
 
2.10 El amor es el origen y la meta de nuestra búsqueda de sentido
-El amor es un concepto fundamental en todas las religiones; incluso en la física, los quarks son discernibles sólo en relaciones de díadas o tríadas. El amor engendra siempre formas de vida superiores y esta calidad es superior a la de la supervivencia del más apto; sin embargo, en nuestra cultura mecanicista actúa más la competencia que la colaboración, destaca más el poder y la obediencia que su invitación al amor. En las culturas primitivas y en religiones como el hinduismo la unión sexual era usada como expresión simbólica de la relación humana-divina.

 
-La encarnación del amor. Macfague presenta al mundo como el cuerpo de Dios, y las necesidades de la vida corporal como una parte de la realización divina. Describe la Trinidad como Madre – Amante – Amigo. Propone el siguiente cuadro de relaciones.

Metáfora Amor Acción Ética Metáfora raíz
Madre Ágape Parir Crear / justicia, juzgar Organismo completo en sí
Amante Eros Salvar Sanar Relaciones interpersonales
Amigo Philia Sostener Compañía Fidelidad a la alianza

-El amor es una fuerza de vida, sin límites, el origen y la meta de nuestra búsqueda de sentido. El teólogo cuántico no se pregunta acerca de nuestro amor a Dios sino del amor de Dios a nosotros. Lo opuesto al amor no es el odio sino la indiferencia. No es nuestra individualidad lo que importa, sino nuestro ser persona, que no tiene sentido fuera de las relaciones con los otros y con el universo.
 
Una proyección poético-teológica libre del universo cuántico
 
Como hemos dicho O´Murchu no hace ciencia. Simplemente se inspira en el universo cuántico, en su imagen holística y relacional del universo, para delinear poético-teológicamente la forma armónica en que las religiones deberían realizarse para alcanzar su armonía en ese universo holístico. Ese universo se constituye en una llamada nacida de la naturaleza para recuperar el Amor al cosmos y a los otros hombres en una dimensión social e interhumana.   

 
Artículo elaborado por Gonzalo Haya, doctor en Teología y colaborador de Tendencias21de las Religiones.
 

RedacciónT21

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