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Las semillas interestelares podrían crear oasis de vida

Astrofísicos de la universidad de Harvard afirman que, si tomamos en consideración la teoría de la panspermia, la vida se encontrará repartida por el universo en unos “oasis” cuya identificación será sencilla. El patrón de extensión del fenómeno se podría comparar al de la propagación de una epidemia en nuestro planeta. Por Jorge Lázaro.

Las semillas interestelares podrían crear oasis de vida

¿Hipótesis de la Tierra especial, o un universo que bulle de vida? ¿Abiogénesis o panspermia ? Para Henry Lin, del Centro de astrofísica Harvard-Smithsonian, esa no es la pregunta importante. De hecho, la cuestión de si la vida se originó en la Tierra o vino del espacio es totalmente secundaria cuando nos enfrentamos a otra pregunta: de aceptar la segunda hipótesis, ¿cómo seríamos capaces de descubrir que estamos en lo cierto?

Sobre esa pregunta pretende arrojar luz el estudio realizado por Lin y su equipo, que predice que la expansión de la vida en una teoría de panspermia seguiría un patrón que podríamos identificar con cierta facilidad al ser reconocible para nosotros. Ese patrón dejaría una huella que recordaría a una suerte de oasis de vida en la inmensidad del espacio.

La expansión de las semillas

O, quizás, según una metáfora más adecuada de Lin, a “burbujas que explotan en una olla de agua hirviendo”. Asevera el investigador que su teoría define un modelo en que “racimos de vida surgen, crecen, y se superponen unos a otros”, mientras se expanden por el universo.

No importa el método de expansión que estemos estudiando. Habitualmente, los astrobiólogos que estudian los orígenes de la vida predicen una panspermia a partir de formas de vida más simples y extremófilas (son los indicios polémicos y no confirmados de acontecimientos como la lluvia roja de Kerala) que viajan en asteroides y meteoritos, como el de Murchison (con moléculas orgánicas) o el ALH840001 (con supuestos marcadores biológicos procedentes de Marte).

Otros investigadores se centran más en una teoría en que la vida inteligente se expande de manera consciente por la galaxia. En cualquier caso, el resultado es el mismo: semillas de vida se esparcen en todas direcciones, arraigando solo en planetas habitables de estrellas en su radio de alcance. Luego, estos pequeños núcleos crecen hasta convertirse en esos oasis de que habla Lin.

Una ayuda para la astrobiología

De ser cierta la teoría, se acotarían mucho las puertas en el extenso campo de la búsqueda astrobiológica. En lugar de realizar un tanteo a ciegas, se podrán establecer patrones que permitan hacer predicciones: si descubrimos que, por ejemplo, la Tierra ocupa una posición concreta en una de esas burbujas de vida (en su centro, en sus extremos…) habrá que buscar otras formas de vida en estrellas cercanas que permitan configurar esa forma esférica.

“La vida podría expandirse de una estrella anfitriona a otra en un patrón similar al del estallido de una epidemia”, afirma Avi Loeb, coautor del estudio e investigador del Centro de astrofísica de Harvard-Smithsonian. “En este sentido, la Vía Láctea se vería infectada por núcleos de vida”.

La comparación con una epidemia no es ociosa, pues el modelo de Lin y Loeb comparte con las enfermedades otro factor fundamental: el de la rapidez y la gran extensión. De manera similar a la propagación de una epidemia, el patrón con forma de burbujas es reconocible en los primeros estadios del proceso, pero se diluye a medida que este avanza. La expansión del universo a lo largo de los millones de años aleja estrellas vecinas, difuminando por tanto esos núcleos de mundos con vida, e impidiendo que se facilite esa tarea que para los astrobiólogos resulta tan titánica. 

Referencia bibliográfica

Henry W. Lin, Abraham Loeb. Statistical Signatures of Panspermia in Exoplanet Surveys. Astrophysical Journal Letters (2015). arXiv:1507.05614.

RedacciónT21

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