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Más español en la ciencia y en la ingeniería

Iniciativas como el Diccionario de Ingeniería, de la Real Academia de Ingeniería, pretenden potenciar el español en el mundo científico-técnico, donde tiene una importancia mucho menor que a nivel general. De ello hablaron el miércoles en el Instituto de la Ingeniería de España dos expertos, el acádémico de la lengua José Manuel Sánchez Ron, y Antonio Colino, director del Diccionario de Ingeniería.

Más español en la ciencia y en la ingeniería

El Instituto de la Ingeniería de España celebró el miércoles 17 una jornada homenaje al español, idioma que hablan 560 millones de personas en el mundo. El acto formó parte del Homenaje organizado por la Fundación Independiente durante el presente año, y se centró especialmente en el lenguaje técnico.

Manuel Moreu, presidente del Instituto, subrayó que actos así «nos hacen recordar lo que tenemos y lo que tenemos que hacer para tener más», y explicó que el acto se centraría en dos aspectos, por un lado el Diccionario de la Lengua, y por otro el Diccionario de la Ingeniería, iniciativa «fantástica» de la Real Academia de Ingeniería, «que hay que mantener viva, porque el lenguaje es enormemente dinámico».

Moreu cree, señala la web del Instituto, que «a veces nos pasamos usando terminología anglosajona. Muchas veces hay términos españoles fantásticos, pero nos resistimos a usarlos. En los países hispanos sí los usan, y a los españoles se nos cae la cara de vergüenza. Si hay que hablar en inglés, se habla en inglés, pero si estamos hablando en español, utilicemos la enorme riqueza de nuestra lengua».

Antonio Hernández Briz, presidente del Comité de Terminología del IIE, presentó a los ponentes; el primero, José Manuel Sánchez Ron, físico e historiador de la ciencia, y miembro desde 2003 de la Real Academia Española de la lengua, sillón G.

Sánchez Ron comenzó matizando que el lenguaje técnico no es uno de los objetivos específicos de la RAE. Aun así, de las 93.111 acepciones que contiene la 23ª edición (2014), 11.504 llevan marcas técnicas.

«Se han corregido anacronismos, como que la marca astr. incluyera tanto los términos astrológicos como los astronómicos, o que linaje humano se definiera como «aquellos descendientes de Adán y Eva». No es muy actual, pero refleja la historia», explicó.

«Hay muchas palabras que no llevan marca, pero podrían llevarla, como oro (elemento químico), o dispositivo electrónico«, añadió.

La Comisión de Vocabulario Científico y Técnico de la RAE incluye a varios lingüistas y filólogos, así como al traductor con conocimientos de aeronáutica Miguel Sáenz, a la bioquímica Margarita Salas, el arquitecto Antonio Fernández de Alba, el médico Pedro García Barreno, y el propio Sánchez Ron.

«Hace ocho años sólo había un no científico. Es una tensión saludable entre los criterios de los científicos y los de los lexicógrafos. Si fuera por nosotros, incluiríamos las formulas analíticas de los elementos químicos».

«El objetivo es centrarnos en el uso general, en los últimos tiempos, aunque no me pregunten qué quiere decir eso. Luego se debate en las juntas, y finalmente es la comisión delegada la que decide.»

Sánchez Ron citó a los científicos que ha habido en la RAE, «que no son muchos»: entre otros, José Echegaray -ingeniero, matemático y dramaturgo- y Julio Rey Pastor. «Médicos sí ha habido muchos».

El académico señaló también que la Academia se informatizó durante la etapa de Lázaro Carreter (años 90), digitalizando 300 años de historia, y que se están creando varios bancos de datos, entre ellos el Corpus del Diccionario Histórico, «una obra mayúscula. Un buen almacén para el futuro».

Todas las obras de la Academia, señaló, se consensúan con el resto de academias de hispanohablantes. «En el campo científico y tecnológico la RAE tendrá que contar con el resto de academias».

El lenguaje científico tiene una gran «vitalidad», señaló Sánchez Ron, al menos en inglés, donde se incorpora una gran cantidad de términos al Oxford Dictionary, por ejemplo. En español, sin embargo, las publicaciones científicas son escasas, «y la lengua se llena de términos de raíz extraña, como el espín, o los quarks top, bottom… Al no ser grandes productores de ciencia y tecnología no intervenimos en la creación de nuevas palabras.»

Siempre ha sido así: los Nobel españoles e iberoamericanos son escasos, y muchos de los que ha habido, como Severo Ochoa, desarrollaron su carrera en EE.UU.

Traducir

¿Se debe traducir o no del inglés? El lingüista Julio Calonge apostaba por seguir la senda del inglés, para ser leídos por todo el mundo. Otros apuestan por proteger el español. «Nos apañamos», dijo Sánchez Ron. Algunas palabras se españolizan, como spìn; otras se mantienen, como big bang, «porque la cultura funciona como funciona y nadie dice gran estallido».

Overbooking se ha eliminado, por «sobreventa»; quásar se traduce por cuásar. «Sobran acrónimos, como DNA, que aparece en la RAE al igual que ADN, que se ha impuesto, al igual que sida sobre AIDS y VIH sobre HIV. A veces hay textos llenos de acrónimos cuyos autores no saben lo que significan».

El idioma, con todo, a veces no sigue ninguna norma clara, dijo. «La RAE admite electrolisis y electrólisis, pero los puristas quieren que se opte por una».

El ponente concluyó su exposición recordando que el histólogo alemán Kölliker tradujo personalmente la obra de Ramón y Cajal, «el único hombre universal de la ciencia española. Si hubiera muchos cajales que amaran su idioma, no estaríamos discutiendo la posición internacional de nuestra lengua».

Más español en la ciencia y en la ingeniería

Diccionario de Ingeniería

El segundo y último ponente fue Antonio Colino, doctor en Caminos e ingeniero eléctrico nuclear, académico de la Real Academia de Ingeniería desde 2004, y director del Diccionario Español de la Energía y del Diccionario Español de Ingeniería (español-inglés).

“El español lo hablan 480 millones de personas como lengua materna, y otros 80 con dominio total.
Los de España no somos ni el 9%. El 91-92%, que va en aumento, no viven aquí, y son los que harán el futuro”, comenzó. “Pero este idioma que habla tanta gente no tiene ninguna tradición técnico-científica, y los traductores e intérpretes de la Organización Internacional de la Energía Atómica tenían problemas para encontrar palabras en el diccionario, y recurrieron a mi”.

Eso llevó a hacer -en cuatro años un diccionario de la energía, que se basó en uno de los años 60 sobre energía nuclear, y a continuación el de la ingeniería, “8 o 9 veces más grande, que costó casi 11 años”.

Para escribirlo, tuvieron que decidir “qué es ingeniería. ¿Las ovejas, el tamaño de los huevos? Eso es de los agrónomos. Los chopos, de los de montes. Tuvimos que hacer un árbol de la ciencia, ver hasta dónde llegaba. En el Ministerio nos dijeron que era uno de los proyectos más bonitos que habían recibido”.

Había miles de pequeños diccionarios, de todo tipo. “Hasta uno de los aparatos de riego por aspersión”. El equipo de Colino consiguió financiación del Gobierno, de Caja Madrid y Endesa, y colaboración de la Fundación ONCE para hacer accesible el diccionario.

Después de estudiar durante años las publicaciones técnicas en español, terminaron el Diccionario, con 55.000 términos. El McGraw-Hill, de ingeniería “pero también ciencia, porque no consiguieron distinguirlas”, tiene 105.000.

El objetivo, dijo, es hacerlo panhispánico, y para ello la RAI está creando equipos en EE.UU., México, Chile y Argentina. “Si el 92% le llama de una manera a las cosas, no podemos poner que se dice de otra. Hay tecnologías, como la del petróleo, que ellos usan más que nosotros”.

Además, han empezado a hablar con las universidades de EE.UU. “Con la de Nuevo México hemos llegado a un acuerdo. La mitad de los alumnos y profesores son de lengua hispana. Luego, en MIT, el rector es hispano, 200 profesores son hispanos.” Hay científicos hispanohablantes, por tanto, “pero lo que hay que hacer es que publiquen en español”.

“Podemos luchar. Es difícil que nuestros técnicos publiquen en español, pero hagamos revistas españolas con prestigio. Hagamos premios de tecnología. Sobran premios de literatura, de poesía, de fútbol”.

“Queremos potenciar el español. En una reunión estábamos 20 hispanohablantes y un extranjero, que sabía español, y hablábamos inglés. Que aprendan español también, los que no sepan”.

Para hacer accesible el diccionario contaron con la ayuda de la Fundación Once, representada en la charla por el ciego Daniel Montalvo Charameli, que hizo una demostración de cómo funciona. El diccionario tiene un sistema de voz que lee la pantalla para que los ciegos sepan lo que pone.

Coloquio

Durante el coloquio, Sánchez Ron explicó que al realizar el Diccionario de la RAE se busca la colaboración de las academias americanas “por egoísmo cuando menos, para que el diccionario se use. Los americanos se quejan de localismos de España, cuando no hay palabras usadas por millones de hispanohablantes. Cuanto antes se haga, mejor, por una cuestión de poder. La RAE quiere seguir ocupando durante mucho tiempo el liderazgo en lexicografía, y si nos cerramos, el diccionario lo harán ellos”.

“Es verdad que no tienen nuestra infraestructura, que la mayor parte del trabajo la hacemos nosotros. Pero es más lo compartido -el 90%- que lo que nos separa. Y México, con 120 millones de habitantes, ya se postula para dirigir el Diccionario, y razones de número no le faltan”.

Colino añadió: “En España decimos Máster en Business Administration, en México dicen Maestría en Mercadeo. Defienden mejor el español”.

Sánchez Ron también defendió la apuesta por describir en español el lenguaje científico-técnico, pese a la preponderancia del inglés. “A los que hablan un idioma, les resulta más fácil hablar su idioma. No pasa nada porque entren anglicismos. Nuestro idioma está lleno de arabismos, de galicismos, etc. La lengua cambia constantemente, pero una cosa es el resultado de la batalla y otra la batalla. No creo que existan muchas esperanzas de hacer revistas de ciencia en castellano que sean leídas por gente que no conoce el español, pero me parece noble defender el idioma de mucha gente”.

Colino añadió que el dominio del inglés es más incierto de lo que parece. “En Internet hace años el 100% del contenido estaba en inglés, pero ahora no llega al 25%. El español está en el 8%, y queremos que llegue al 10 o 12%. Hay un gran proyecto de procesamiento del lenguaje natural, del Gobierno, en ese sentido. Hay países que aprovechan mucho mejor el idioma que nosotros”.

EE.UU., continuó, “ya no es el imperio. China gasta más energía. Se puede luchar. Los estadounidenses hablaron español, luego francés, luego ingle. Queremos que en el próximo cambio hablen español”.

Ron añadió: “Todas las predicciones sobre imperios han metido la pata. Se trata de salvaguardar modernizando nuestro idioma. Cambiará, porque si no cambiara, seguiríamos hablando en latín. Pero se trata en principio de que la gente hable en su idioma materno, que le resulta más fácil, de que el español tenga los recursos para hablar de ciencia y tecnología. A lo mejor eso produce una especie de esquizofrenia con el inglés, sí. Sabemos lo que es eso”.

Y Colino remató: “Ya hay más hablantes de español que de inglés en el mundo, aunque en el aspecto técnico el inglés prepondere”. Manuel Moreu recordó para terminar la importante presencia del latín en el inglés, sobre todo en el culto.

RedacciónT21

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