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Descubren la firma cerebral que nos lleva a tomar riesgos

Una “firma” cerebral se aprecia en diferentes áreas del cerebro cuando las personas toman riesgos y enfrentan grandes desafíos. No existe una “región del riesgo” en el cerebro, sino señales anatómicas que se aprecian en distintas zonas. Además, influyen cuestiones genéticas y ambientales.

Aunque no existe una región específica del cerebro que nos motive a tomar riesgos, a perder el miedo a la incertidumbre y a sobrepasar límites, un nuevo estudio de investigadores de la Universidad de Pensilvania ha identificado una «firma» cerebral que puede rastrearse en distintas regiones del cerebro al momento de concretar este tipo de elecciones.

Según una nota de prensa, los científicos comprobaron relaciones con patrones genéticos y factores ambientales, así como una conexión entre genes, niveles más bajos de materia gris y comportamiento de riesgo.

¿Por qué algunas personas se lanzan al vacío casi sin pensarlo y en cambio otras necesitan un largo tiempo de análisis? ¿Qué lleva a algunos a caer constantemente en adicciones y a otros a mantener una vida saludable? ¿Cuál es la causa que determina tomar un riesgo financiero o económico o preservar una actitud conservadora?

Todas estas preguntas son las que intentaron resolver los especialistas estadounidenses en su estudio, publicado en la revista Nature Human Behaviour. La investigación, que incluyó datos de más de 12 mil personas en una etapa inicial y luego sumó información de otras 13 mil en una nueva instancia, encontró una firma cerebral que identifica al comportamiento de riesgo y lo hace visible en la anatomía cerebral.

Un estudio a gran escala

Los especialistas utilizaron datos del Biobanco del Reino Unido, específicamente escáneres cerebrales y datos genéticos.

Analizaron información de más de 25 mil personas adultas de ascendencia europea, si tenemos en cuenta la etapa original y luego la segunda fase en la que se replicó el estudio en otro conjunto de voluntarios.

Para definir la predisposición al riesgo tomaron en cuenta condiciones informadas por los propios voluntarios, como tendencia a diferentes adicciones o problemas por violar normas de tránsito, entre otros aspectos.

Los investigadores destacaron que no se había realizado hasta el momento un estudio sobre este tema que incluyera una cantidad de datos tan importante. Sostienen que este aspecto permite alcanzar conclusiones y resultados más firmes y fiables.

Reducción de la materia gris

El hallazgo más trascendente es que la predisposición genética hacia el comportamiento de riesgo se materializa en el cerebro. No lo hace en una zona específica, sino en muchas regiones diferentes cuya anatomía está alterada en personas que asumen riesgos, de acuerdo a las conclusiones de los científicos.

Encontraron que una mayor tolerancia al riesgo se correlaciona con un volumen general de materia gris más bajo. La materia gris lleva adelante las funciones cerebrales básicas, como el control muscular, la percepción sensorial o la toma de decisiones. Está conformada por los principales cuerpos celulares de las neuronas del sistema nervioso central.

Las regiones del cerebro más afectadas por la reducción de la materia gris fueron la amígdala, involucrada en sentimientos de miedo y emoción; el hipocampo, que participa en la creación de nuevos recuerdos, y el cerebelo, un área relacionada con el equilibrio y la coordinación pero que en estudios recientes también se ha vinculado a la cognición y la toma de decisiones.

La cuestión genética y ambiental

Finalmente, el equipo de investigación buscó identificar relaciones entre los genes, los cambios en el cerebro y el comportamiento con tendencia al riesgo.

Después de analizar datos genéticos de alrededor de 300 mil personas y compararlos con los casos estudiados en el marco de esta investigación, hallaron que las diferencias observadas en la materia gris se relacionaban en alrededor de un 2,2% de los casos con la disposición genética hacia el comportamiento de riesgo.

Los expertos creen que la menor influencia genética podría explicarse por el impacto de factores ambientales y sociales, que actúan por fuera de los cambios cerebrales. Por ejemplo, nacer en una familia con padres que estimulan la actitud hacia el riesgo en sus hijos podría explicar parte de las tendencias observadas.

En cualquier caso, los científicos creen que se necesitan nuevas investigaciones para poder avanzar hacia una definición más precisa de la relación que se establece entre los factores genéticos, cerebrales y ambientales que predisponen al riesgo.

Referencia

Genetic underpinnings of risky behaviour relate to altered neuroanatomy. Aydogan, G., Daviet, R., Karlsson Linnér, R. et al. Nature Human Behaviour (2021).DOI:https://doi.org/10.1038/s41562-020-01027-y

Foto: Sammie Chaffin en Unsplash.

Video y podcast: editados por Pablo Javier Piacente en base a elementos y fuentes libres de derechos de autor.

Pablo Javier Piacente

Pablo Javier Piacente

Pablo Javier Piacente es periodista especializado en comunicación científica y tecnológica.

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