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El ordenador más pequeño del mundo tiene solo dos milímetros de diámetro

Científicos de la Universidad de Michigan (EE.UU.) han creado el ordenador más pequeño del mundo, con dos milímetros de diámetro, el Michigan Micro Mote (M3). Consta de un miniprocesador, y de una célula solar de 1 milimetro cuadrado que alimenta su pequeña batería.

El ordenador más pequeño del mundo tiene solo dos milímetros de diámetro

Michigan Micro Mote (M3), el ordenador más pequeño del mundo, está ganándose un lugar entre otros logros revolucionarios de la historia de la informática, en el Computer History Museum de Mountain View (California, EE.UU.). Con un tamaño de menos de medio centímetro, casi 150 de estos equipos encajan dentro de un solo dedal.

El M3 es un sistema informático totalmente autónomo que actúa como sistema de detección inteligente. Es el logro de los miembros de la Universidad de Michigan (EE.UU.) David Blaauw, Dennis Sylvester, David Wentzloff, Prabal Dutta y varios estudiantes de posgrado, algunos de los cuales ya han fundado empresas para explotar los aspectos clave de la tecnología.

Estos dispositivos ayudan a marcar el comienzo de la era de la Internet de las Cosas (IoT), donde las personas se conectan a las cosas y a otras personas a través de la nube. Los equipos tienen que ser pequeños con el fin de percibir el mundo que nos rodea sin ser intrusivos, y tienen que funcionar con energía extremadamente baja.

El Michigan Micro Mote constituye el primer sistema informático completo y operativo que mide tan poco como dos milímetros de diámetro. «Para ser «completo», un sistema informático debe tener una entrada de datos, la capacidad de procesar esos datos -es decir, procesarlos y almacenarlos, y tomar decisiones acerca de qué hacer a continuación- y, en última instancia, capacidad para dar resultados», explica Blaauw en la nota de prensa de la universidad. «Los sensores son la entrada y los radios son la salida. La otra clave para que sea un equipo completo es la capacidad para autoabastecerse de energía».

El M3 contiene células solares que alimentan la batería con luz ambiente, incluso en habitaciones interiores sin luz natural, lo que permite a los ordenadores funcionar perpetuamente.

Esta línea de dispositivos incluye ordenadores equipados con generadores de imágenes (con detección de movimiento), sensores de temperatura y sensores de presión.

Bajo consumo

Uno de los retos para conseguir un ordenador pequeño es hacer que la batería también lo sea. «Es fácil hacer chips pequeños, pero es más díficil con las baterías», explica Blaauw. El bajo consumo de M3 permite que se alimente con una pequeñísima célula solar, de 1 milímetro cuadrado.

Todos los equipos M3 puede recoger y transmitir datos a distancias de 2 metros. En ese rango estos equipos pueden rastrear movimientos o anomalías en la presión y la temperatura, a la vez que comunican los datos a una estación base.

Los sensores se activan por su cuenta para tomar mediciones periódicas y luego registran y envían los datos. Que funcionen a una potencia extremadamente baja durante el tiempo de «reposo» es una de las muchas claves para el éxito de esta tecnología.

Futuro y pasado

«En el futuro queremos que estos sensores sean capaces de hablar entre sí», dice Blaauw, «y en la actualidad estamos trabajando para ampliar su alcance a unos 20 metros.» Un obstáculo para esto es el tamaño de la antena y el aumento de la potencia necesario para comunicarse a grandes distancias.

En un trabajo reciente, Wentzloff y su grupo lograron una comunicación inalámbrica con un M3 con sensor de temperatura a una estación base situada a 7 metros de distancia.

Los inicios de estos ordenadores están en el procesador Phoenix, desarrollado también en la Universidad de Michigan, en 2008, y que usa hasta 30.000 veces menos energía cuando está en reposo que uno convencional. Su batería era igual de reducida que él, 1 milímetro, precisamente gracias a la poca energía que consume.

La primera generación de estos sensores fueron desarrollados para dispositivos médicos implantables, para crear una red invisible de sensores que vigilen el agua o el aire, o para comprobar la integridad estructural de los edificios o puentes. También podrían utilizarse en aplicaciones de seguimiento de pozos de petróleo, o para investigar el comportamiento de los caracoles.

RedacciónT21

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