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La actual división entre ciencia y religión se remonta a Galileo

El escritor Dan Hofstadter ha publicado un libro titulado “The Earth Moves: Galileo and the Roman Inquisition”, en el que analiza el juicio de Galileo por parte de la Iglesia Católica Romana a mediados del siglo XVII, y el conflicto surgido entonces por la defensa que hizo el astrónomo de la teoría del heliocentrismo (la Tierra gira alrededor del Sol). Según Hofstadter, el enfrentamiento entre ciencia y religión surgido en aquel momento explicaría muy bien la génesis de la división entre ciencia y religión, característica de la mentalidad occidental moderna. Por Yaiza Martínez.

La actual división entre ciencia y religión se remonta a Galileo

El escritor estadounidense Dan Hofstadter afirma en su último libro “The Earth Moves: Galileo and the Roman Inquisition” ( La tierra se mueve: Galileo y la Inquisición Romana) que el gran choque entre ciencia y religión que supuso el juicio al que fue sometido Galileo (1564-1642) por parte de la Iglesia Católica Romana persiste de alguna forma en nuestros días.

Hofstadter, autor de obras anteriores, como “The Love Affair as a Work of Art” o “Falling Palace” es un gran conocedor de la cultura italiana, de su literatura, y también de los archivos del Vaticano, que ha analizado a fondo para tratar de comprender, desde el punto de vista político, científico y psicológico, el enfrentamiento entre Galileo y el Papa Urbano VIII.

Al parecer, este papa y Galileo habían sido inicialmente amigos, cuando Urbano VIII aún era el cardenal Maffeo Barberini, con el que Galileo intercambió amables cartas, según se explica en otro libro: “Galileo en Roma: Crónica de 500 días”, de William y Artigas.

Consecuencias presentes de un conflicto antiguo

Pero luego las cosas cambiaron, y durante su pontificado (septiembre de 1632- junio de 1634) fue cuando tuvo lugar el juicio contra Galileo Galilei, en el que el científico se vio obligado a retractarse de sus tesis sobre el heliocentrismo.

La causa del procesamiento de Galileo fue que el astrónomo defendió la teoría de Nicolás Copérnico, autor del libro «De revolutionibus orbium coelestium», en el que se expone el modelo heliocéntrico del universo.

Este modelo, que planteaba que la Tierra giraba alrededor del sol en lugar de ser el centro del cosmos como hasta entonces se había pensado, resultó demasiado revolucionario para la mentalidad de la época, por lo que la Iglesia Romana ordenó explícitamente que la teoría copernicana no se enseñase ni se promoviese.

Sin embargo, las observaciones realizadas por Galileo con su famoso telescopio no dejaron lugar a dudas para el científico de que su antecesor llevaba la razón, por lo que el investigador entró en conflicto con la institución eclesiástica de entonces.

Según declaraciones realizadas por Hofstadter para la agencia Reuters, este enfrentamiento –sucedido en el año 1633- ha tenido consecuencias incluso en el presente.

Restos de la discusión

El autor señala dos de ellas: en primer lugar, la relacionada con la cuestión de qué es una teoría científica.

Ya entonces se planteó esta pregunta, y hoy día se ha tenido que volver a plantear ante aquéllos que apoyan conceptos como el del diseño inteligente. Básicamente, nos encontramos ante la misma discusión, afirma el escritor.

El diseño inteligente es el nombre utilizado para describir a la corriente que sostiene que el origen o evolución del Universo, la vida y el hombre, son el resultado de acciones racionales emprendidas de forma deliberada por uno o más agentes inteligentes.

Aunque esta corriente está considerada como pseudociencia por la comunidad científica, sus partidarios la defienden como propuesta científica legítima, susceptible de ser objetivo de investigaciones metodológicamente rigurosas.

Otro de los efectos del enfrentamiento entre Galileo y la Iglesia Católica Romana se reflejó en las declaraciones que Benedicto XVI realizó en 2006, cuando aún era el cardenal Ratzinger.

Entonces, el actual papa defendió que: “en el tiempo de Galileo, la Iglesia permaneció más fiel a la razón que el mismo Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo”, en un intento de limpiar la leyenda sobre el trato de la Iglesia a Galileo. Estas declaraciones de Ratzinger supusieron, incluso, una rectificación a las palabras de Juan Pablo II, que en 1992 había pedido perdón por el maltrato al científico.

Persistente división ideológica

El juicio de Galileo en 1633 supuso una conmoción política y científica –además de religiosa-, y se produjo gracias a una mejora tecnológica: los adelantos de Galileo en el telescopio (con respecto al anterior telescopio holandés, el científico consiguió que el suyo no deformara los objetos y los aumentara 6 veces).

Por otro lado, en 1616, un edicto de la Iglesia contra el heliocentrismo intentaba proteger a la Biblia de las lecturas e interpretaciones libres de los profanos.

En este contexto, y a pesar del coste que podía suponer enfrentarse al orden establecido por la Iglesia y la ciencia de la época, Galileo publicó en Florencia, en 1632, su diálogo de los Massimi sistemi (Diálogo sobre los principales sistemas del mundo) donde se burlaba implícitamente del geocentrismo de Ptolomeo y argumentaba abiertamente a favor de la teoría copernicana. El Diálogo fue a la vez una revolución y un verdadero escándalo.

Para Hofstadter, el conflicto surgido en ese momento y el relato de la posterior persecución de Galileo explicarían la génesis de la persistente división ideológica del mundo occidental, que aún hoy sigue vigente.

Yaiza Martinez

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