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La ciencia está transformando las interpretaciones religiosas de la realidad

El teólogo británico Keith Ward ha publicado un libro en el que se replantea la relación entre ciencia y religión desde la perspectiva de una evolución conjunta y paralela de ambas. Tanto la religión como la ciencia se han ido desarrollando desde la prehistoria, pasando por tres fases distintas. La tercera de ellas, que aún no ha acabado, comenzó tras la Ilustración y ha propiciado avances tecnológicos y científicos de gran envergadura que han provocado una revisión de los conceptos religiosos. Pero, para Ward, la ciencia no ha hecho que la religión se vuelva obsoleta sino que, más bien, debe reconstruir sus explicaciones del mundo. Por Yaiza Martínez

La ciencia está transformando las interpretaciones religiosas de la realidad

Keith Ward, teólogo de la Universidad de Oxford especializado en historia y filosofía de la religión, acaba de publicar un libro titulado “The big questions in science and religion” (Las grandes cuestiones en ciencia y religión), en el que plantea los puntos principales del diálogo actual entre el conocimiento científico y las creencias religiosas.

Preguntas como ¿podrán las creencias religiosas sobrevivir en la era científica o, por el contrario, han quedado completamente obsoletas? o ¿hay algo en dichas creencias tan importante para el ser humano como para que resulte necesario mantenerlas en esta era, aunque cambiando sus formas para que se adapten al nuevo contexto científico?

Keith Ward, que fue ateo antes de convertirse en sacerdote anglicano, aborda asimismo otra serie de preguntas como si el universo tiene un objetivo o fin, si las leyes de la naturaleza excluyen los milagros, si la ciencia puede aportar una explicación naturalista total a las creencias morales y religiosas, o si existe algún argumento basado en la ciencia que respalde la existencia de Dios.

Evolución de ciencia y religión

Para tratar de resolver todas estas cuestiones, Ward acude a conceptos del budismo, del confucionismo, del taoísmo, del Islam, del hinduismo, del judaísmo y del cristianismo, a la vez que va presentando las especulaciones científicas modernas de cosmólogos, físicos, matemáticos y filósofos.

La revista The Global Spiral del Instituto Metanexus publicó recientemente un extracto de este libro. En dicho extracto, Ward señala que, en la prehistoria, tanto la religión (entendida como la reverencia al mundo espiritual) como la ciencia (entendida como la comprensión del mundo natural) se hallaban en un estado de subdesarrollo y de necesidad, por tanto, de evolucionar.

La realidad espiritual fue avanzando así a partir de las religiones más tempranas –en las que había a menudo muchos dioses, algunos buenos y otros malos-, que según los psicólogos evolutivos, tuvieron a su vez su origen en rituales pre-racionales y en creencias que tenían realizaban funciones esenciales para la sociedad, como la de aumentar la solidaridad.

Desde entonces, la religión, al igual que la ciencia, ha ido cambiando. Como ejemplo, Ward cita el desarrollo del teísmo en el pensamiento hebreo, que unificaría las expresiones de lo divino en un solo Dios con un propósito moral.

La religión tras la Ilustración

Pero no sólo es el judaísmo el que llega a la creencia en una Realidad Espiritual Suprema, como escribe Ward, sino que este fenómeno se da en diversas religiones y tiene un correlato muy profundo en el pensamiento filosófico, con el desarrollo de argumentos a favor o en contra de la existencia de Dios.

Según el autor, tras el siglo XVI, se produce la tercera fase del desarrollo religioso, cuando aparecen las interpretaciones modernas de la religión y de la ciencia. El estudio de la ciencia introduce nuevas tecnologías que permiten que la observación y la experimentación sean mucho más fiables, y aparece la batalla entre la religiosidad tradicional y la autoridad científica.

Ward señala que, tal y como sugirió el filósofo francés Augusto Comte, ha habido tres estadios principales en el desarrollo humano, y en los tres ha estado implicada la religión, que no ha permanecido inamovible. En este tercer estadio, que según Ward aún no ha terminado, la religión ha desarrollado la capacidad de competir con las observaciones objetivas de la ciencia.

Pero tampoco se puede negar que la ciencia ha tenido un impacto en la religión, y debemos, según Ward usar la mejor ciencia actual para clarificar conceptos de la Realidad Espiritual que la historia nos ha legado. Existen esquemas conceptuales acerca del espíritu compatibles con la comprensión de la naturaleza del mundo físico que la ciencia nos ha permitido alcanzar.

Dios y el Multiverso

Posiblemente, escribe el autor, la primera lección que nos enseña la ciencia moderna es que una dimensión espiritual de la realidad, si es que existe, probablemente sea unitaria e inteligible. La ciencia contempla el universo como un conjunto de fenómenos interconectados y relacionados mediante leyes matemáticas inteligibles. Por tanto, según la ciencia, habría una unidad o una inteligencia unitaria en el universo.

Los físicos ya no aceptan que el universo, simplemente, exista por azar. Sí se acepta, por el contrario, que todas las cosas existen por algo o tienen alguna razón para existir. Las únicas explicaciones intelectuales aceptables para esa posibilidad serían: que existe una inteligencia creadora o que existe el llamado multiverso.

Para aquellos que apuestan por el multiverso, este espacio/tiempo en que nosotros habitamos sería sólo uno entre muchos otros posibles. En esos otros espacio/tiempos posibles existirían otros muchos universos paralelos al nuestro. Una teoría que, si bien elude la posibilidad de que exista un Creador inteligente, plantea el problema de que, para poder responder a la cuestión que nos atañe (la de la creación), debería introducir un Selector, que seleccionara este universo de la amplia gama de universos posibles.

Para Ward, cuanto más se analiza la idea de multiverso, menos se puede considerar como una alternativa aceptable a Dios. Para los creyentes, no hay problema en aceptar que haya otros universos posibles, porque éstos existirían en la mente de Dios, aunque nunca serían universos físicos reales, como el nuestro.

Otros argumentos

Por otro lado, algunos matemáticos han sugerido la idea de un Ser sin causa, eterno, una realidad no cambiante. No suelen pensar en dicho ser como “Dios” pero, si reflexionáramos sobre Él como una Mente racional con el poder creativo de actualizar estructuras matemáticas posibles e inteligibles, el postulado de Dios como razón de la existencia de uno o más universos se convertiría tanto en racional como en plausible, asegura Ward.

Asimismo, la física moderna nos explica que las diversas fuerzas de la naturaleza se deben ajustar entre ellas de una manera extremadamente precisa para dar lugar a un universo con vida. Por ejemplo, según Stephen Hawking, la existencia de la vida parece depender del índice de expansión del universo.

En definitiva, este universo es en sí una realidad muy improbable, que existe gracias a un conjunto de leyes ajustadas con enorme precisión de sorprendentes y muy diversas maneras. Por último, la ciencia moderna nos muestra que el cosmos es maravillosamente bello y complejo, y matemáticamente elegante. Parece haber sido diseñado de manera inteligente para albergar vida inteligente.

Por todo ello, concluye Ward, no parece que la ciencia haya convertido a la religión en algo obsoleto, sino que, más bien, está ayudándola a afinar y a reconstruir sus interpretaciones de la realidad.

Yaiza Martinez

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