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La naturaleza humana es moral y creyente, origen de la diversidad cultural

La naturaleza humana es moral y creyente, origen de la diversidad cultural

La cuestión de si las personas estamos predeterminadas por la evolución, o si somos libres merced a nuestra cultura, divide a la comunidad científica. En un reciente artículo publicado en The Global Spiral, el biólogo y antropólogo Sloane Wilson comenta la obra del sociólogo de las religiones Christian Smith, «Moral Believing Animal», y señala que la naturaleza es moral y creyente, y da lugar a una diversidad cultural que diferencia a nuestra especie del resto de las especies terrestres. El establecimiento de esta concepción dentro de las ciencias sociales es un hecho, por lo que integrarla con la teoría evolutiva sería un logro aún mayor hacia el que se encamina el constructivismo social evolutivo, concluye Sloan. Por Yaiza Martínez.

La naturaleza humana es moral y creyente, origen de la diversidad cultural

Christian Smith, sociólogo de las religiones y la cultura, director del Center for the Study of Religion and Society, es autor de un libro, Moral Bielieving Animal, publicado en 2003, que ha suscitado un amplio debate intelectual.

David Sloane Wilson es profesor de Biología y Antropología en la Binghamton University. Se describe a sí mismo como un biólogo evolucionista con un interés especial por la selección natural como proceso jerárquico, la naturaleza de la variación intraespecífica, la evolución de las comunidades ecológicas y la biología evolutiva humana.

Sloane, en un artículo publicado por The Global Spiral, analiza el libro de Smith, profundiza en los conceptos de evolución y constructivismo social y destaca la necesidad de una teoría de la naturaleza humana que trascienda las diferencias culturales.

La evolución y el constructivismo social son dos temas que para la mayoría de la gente están separados por una enorme brecha, señala Sloane en su artículo.

La evolución nos habla de los genes y de los comportamientos adaptados desde un pasado distante, que limitan lo que somos hoy y lo que llegaremos a ser en el futuro. El constructivismo social, por su parte, se refiere a la cultura y a nuestra casi ilimitada capacidad para definir qué somos y qué llegaremos a ser en el futuro.

Esta brecha entre ambas posturas a menudo parece tan profunda que los especialistas de una u otra rama colaboran muy poco unos con otros. La mayoría de los constructivistas sociales no son como los creacionistas, que niegan la evolución, sino que marginan su relevancia hasta el punto en que parece preferible que sea falsa.

La mayoría de los evolucionistas interesados por el comportamiento humano, por otro lado, no niegan la existencia de la cultura, pero no ofrecen una explicación consistente que la explique, y en muchos casos su relevancia también es marginada hasta el punto de que parece como si no existiera.

La síntesis del constructivismo social

El constructivismo social evolutivo es un término que se ajusta al intento de lanzar un puente sobre esta brecha (Wilson 2005). Reconoce que la gente vive en un mundo mayormente construido por ellos pero contempla la evolución como tema esencial para la comprensión de cómo hemos llegado a ser tan diferentes de otros animales y de cómo el proceso de la construcción social funciona hoy día. Libros recientes escritos por evolucionistas de este tipo incluyen The Symbolic Species (Deacon 1998), The Imagined World Made Real: Toward a Natural Science of Culture (Plotkin 2003), o Niche Construction: The Neglected Process of Evolution (Odling-Smee, Laland, and Feldman 2003), entre otros.

El artículo de Sloane resume brevemente el esfuerzo por sintetizar ambos campos, y examina con detalle, en concreto, el esfuerzo de Christian Smith. Sloane explica que Smith se ha distanciado del relativismo extremo y ha reconocido la necesidad de una teoría de la naturaleza humana que trascienda las diferencias culturales: “A pesar de las vastas diferencias en la humanidad entre culturas y a lo largo de la historia, no importa la diversidad de la narración de la historia y vidas de las personas, porque quedan restos de una estructura subyacente a la condición humana que ayudan a ordenar la cultura, la historia y la narración del ser humano (pp. 3-4).”

Desafortunadamente, concluye Sloan, el esfuerzo de Smith por desarrollar esta tesis no es compartido por la literatura evolutiva más relevante, por lo que en su artículo intenta identificar y corregir las discrepancias, de manera que los esfuerzos para construir puentes desde ambos lados puedan encontrarse en un punto medio.

El lado evolutivo del esfuerzo por construir puentes

En su libro Darwin’s Cathedral, Sloane describe el estudio de la cultura desde una perspectiva evolutiva señalando que, aunque la cultura ha sido vista durante décadas como un proceso evolutivo, poco tiene que ver esta perspectiva con su naturaleza e importancia precisas, o con su relación con la evolución genética.

La crítica más severa de la sociobiología descansa sobre la cultura como alternativa, sin referencia a la evolución. Algunos biólogos contemplan la cultura como una criada de la evolución genética, que avanza como lo haría el fenotipo para conseguir la adaptación. Otros, intentan descomponer la cultura en unidades similares a los genes.

Dada la falta de consenso, debe reconocerse que el estudio de la cultura desde una perspectiva evolutiva aún se encuentra en un estadio de especulación. No obstante, ciertos desarrollos en biología evolutiva en las últimas décadas están llevando al concepto de evolución cultural, lo que podría probar las convergencias con los temas centrales del constructivismo social.

Estos desarrollos interrelacionados incluyen la concepción de la cualidad única del ser humano y el pensamiento simbólico (que llevan a la idea occidental de que somos distintos del resto de las criaturas). Las características únicas del ser humano, dentro de la tendencia general de la investigación evolutiva, han sido muy exageradas. Aún así, somos claramente distintos sobre todo en nuestra capacidad para el pensamiento simbólico (The Symbolic Species, Deacon, 1998).

La perspectiva de Smith

Smith intenta establecer en su obra una concepción de la naturaleza humana y de la sociedad en una disciplina que incluya los siguientes elementos: existe una naturaleza humana universal que trasciende las diferencias culturales; la cultura humana es fundamentalmente un orden moral del que los individuos no pueden sustraerse; los humanos somos fundamentalmente animales creyentes que trasmiten sus propias creencias a través de la narrativa.

Esta concepción de las personas, de la sociedad y de la cultura, es muy compatible con el desarrollo de la biología evolutiva. Smith trata de explicar estos sistemas morales como genéticamente “adaptativos”. Según él, somos criaturas biológicas cuya moral y creencias deben proceder de alguna parte.

Para él, los sistemas morales son un producto de la inteligencia humana, que nos permite anticipar las consecuencias de nuestras acciones, hacer juicios de valoración o elegir entre diversas alternativas. Pone un énfasis especial en la auto-conciencia como capacidad de ir más allá de nosotros mismos, previniéndonos de usar otras capacidades mentales para fines más limitados y utilitaristas.

Comentarios a la perspectiva de Smith

Smith trata así de interpretar la moralidad como un producto derivado, lo que le lleva a rechazar la perspectiva de la evolución como adaptación, así como el utilitarismo y la funcionalidad de dicha moralidad. Por otro lado, otro elemento de la moralidad y de la religión expuesto por Smith en su libro es que, en parte, realizamos nuestras acciones porque éstas afirman o expresan lo que entendemos por bueno, correcto o digno, por ejemplo. Estas acciones llevarían a la posibilidad de la formación y mantenimiento de los grupos.

Según Sloane, Smith rechaza la adaptación evolutiva en particular dentro de este concepto, y el funcionalismo en general en su concepción de la moralidad. Sloane defiende precisamente la posición evolutiva que Smith rechaza: hay maneras mucho mejores de explicar la naturaleza de las agrupaciones sociales de nuestra especie.

La explicación utilitarista, según Sloane, se considera a menudo como vulgar, como si la moralidad y la religión perdieran su belleza y majestuosidad cuando parecen prácticas. Pero esta actitud utilitarista es muchas veces parte de nuestra capacidad de supervivencia.

Por otro lado, Smith contempla la sociobiología y la psicología evolutiva no sólo como erróneas, sino también como corrosivas moralmente. Para Sloane, permiten que, por suerte, podamos concentrarnos en la cuestión empírica de por qué somos animales morales y creyentes sin tener que preocuparnos que el orden moral en que nos movemos se colapse a raíz de nuestras propias conclusiones.

Por último, las hipótesis evolutivas son a menudo criticadas por la dificultad para probarlas, señala Sloane. Sin embargo, Smith define las religiones como “conjunto de creencias, símbolos y prácticas sobre órdenes de realidad “superempíricos” que permiten organizar y guiar la vida humana”, entendido aquí “superempírico” como la realidad ordenada que no podemos observar normalmente con nuestros cinco sentidos.

Búsqueda de un nuevo logro

Smith se aleja del creacionismo, pero su anhelo de preservación de un teísmo resulta claro, advierte Sloane, que señala estar de acuerdo con Smith en la concepción de los humanos como animales morales y creyentes, pero que, mientras la teoría de la evolución puede ser rechazada por no ser del todo verificable empíricamente o intelectualmente coherente, no debe considerarse la religión como “superempírica”, porquealgunos de sus aspectos no se pueden conocer científicamente, como lo que las diversas religiones señalan que deben creer sus fieles.

Por otro lado, Sloane afirma que “Moral, Believing Animal” comienza y termina con una concepción de la cultura y de la naturaleza humana no inherentemente teísta, perspectiva que ayudaría a lanzar puentes entre las dos disciplinas analizadas: la naturaleza es moral y creyente, y da lugar a una diversidad cultural que diferencia a nuestra especie del resto de las especies terrestres.

El establecimiento de esta concepción dentro de las ciencias sociales en un gran logro, concluye Sloan. Cuadrarla además con la teoría evolutiva sería un logro aún mayor hacia el que se encamina el constructivismo social evolutivo.

Yaiza Martinez

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