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El esplendor del mundo. Ensayo de un pensamiento de resistencia

El esplendor del mundo. Ensayo de un pensamiento de resistencia

Ficha Técnica

Título: El esplendor del mundo. Ensayo de un pensamiento de resistencia
Autor: Vicente Ramos Centeno
Edita: Biblioteca Nueva
Colección: Ensayo
Encuadernación: Tapa blanda
Número de páginas: 172
ISBN: 978-84-9940-427-1
Precio: 18 euros

Quien abra las páginas de este libro, ciertamente, no será llevado a engaño. Su objetivo y las motivaciones que impulsaron a Vicente Ramos Centeno a escribirlo se encuentran en las primeras hojas. “Nuestro punto de partida tiene que ser la experiencia terrible del hombre contemporáneo, aplastado por la barbarie, pero para aportar esperanza, para buscar a la historia su verdad, no para afirmar la desesperación en un jugueteo de señoritos con la muerte y la nada”. Así de claro. Y ¿cuál es esa barbarie a la que se refiere el autor y que no podemos soportar? Pues “que los gobernantes impongan éticas y prácticas irracionales e inhumanas, que el Estado meta cada vez más las narices en aquellos asuntos que pertenecen a la intimidad del hombre y afectan a su más esencial libertad, que nuestros hijos sean privados cada vez más del conocimiento de nuestra hermosa tradición religiosa, humanista y científica, que se insulte constantemente a nuestra historia, que se nos niegue la alegría de ser hombres y la libertad para rezar a Dios”. Y ¿cuál es la solución que propone? Pues un pensamiento nuevo. Y ¿quiénes pueden construir tal pensamiento? Los que creen en la razón, los portadores de la herencia bíblica, los cristianos; es a ellos a quienes toca salvar la herencia.

Y este libro pretende contribuir a la creación de tal pensamiento, exponiendo en sus capítulos algunas cuestiones que parecen prioritarias; no se trata de un pensamiento ajeno a la política, no: tiene sus consecuencias en ella, especialmente para señalar aquellas corrientes ideológicas que parecen hoy cada vez más embriagadas por un nuevo sueño totalitario. Y una última confesión del autor antes de introducirnos en la temática de su obra: “Yo no me inscribo en ninguna escuela (…). En todo caso, creo que hoy lo que necesitamos es un pensamiento no sincretista, sino nuevo y vivo, que, apropiándose de la verdad que pueda haber en todo el pasado y en las diferentes corrientes del pensamiento, aborde con valentía el presente para resistir a esta barbarie y para volver a pensar bien del hombre y de Dios”. Dicho queda.

El libro consta de seis capítulos, subdividido cada uno en varios epígrafes, y una conclusión: Sí al hombre.

Un pensamiento de resistencia es el título del primer capítulo. Y su contenido responde adecuadamente a su enunciado. Se trata, en efecto, de una ampliación de los planteamientos expuestos en la Introducción. Hace hincapié, nuevamente, en el tema de la barbarie, tal y como el autor la concibe, que hace que “Iberoamérica se ha llenado de populismos zafios, en Europa gobiernan una serie de incapaces”, que se haya producido un estancamiento del pensamiento donde los intelectuales se hallan “perfectamente adaptados a este mundo nihilista y cátaro donde el islamismo amenaza con destruir nuestras aburridas sociedades llenas de progres resentidos”. Nos encontramos en una profunda crisis del espíritu que necesita un pensamiento nuevo desde nuestra realidad actual; tal pensamiento ha de adoptar la forma de resistencia, no quedándose en mero pensamiento, sino que ha de pasar a la acción y convertirse en vida. Tal pensamiento ha de apartarnos del camino de Heidegger, es decir, no ha de estigmatizar la historia y pretender ninguna vuelta al pasado, ni a lo Heidegger ni a lo Nietzsche, sino que ha de resistir aceptando al hombre, su realidad y su historia. Reivindica el poner en el centro la verdad, rechazando por totalitario al relativismo. Igualmente, este pensamiento de resistencia ha de partir expresamente del rechazo de la instalación en la muerte de Dios, no olvidando la realidad de Cristo y que no sea cómplice de los asesinos perseguidores de la religión, especialmente, el cristianismo. Y finaliza así este capítulo: “En definitiva, pues, un pensamiento de resistencia es aquel que, aceptando al hombre y a su historia, busca a esta su verdad y rechaza la aniquilación del hombre que hoy se proponen el poder y sus aliados, el laicismo nihilista anticristiano y otras formas de barbarie”.

El capítulo segundo lleva por título La verdad de lo real y el hombre. Para Ramos Centeno, ningún tipo de idealismo, escepticismo o fenomenismo tiene sentido tras Auschwitz y el Gulag y tras la barbarie planetaria de hoy. El mundo es real, afirma, y los sentidos no nos engañan; el dolor y el sufrimiento son las mejores pruebas de esa realidad, que no es fantasía; y pensar hoy, ese pensamiento que reclama, ha de partir de aceptar la experiencia, tanto del hombre como de su relación con el mundo, que también es real; rechaza, por tanto, esa especie de panteísmo en el que se diluye el orgullo de ser hombre. El pensamiento que propugna el autor tiene que recuperar el amor al mundo, la alegría por la vida, la afirmación de la existencia. Luego, se detiene en argumentar que sabemos del mundo, gracias a la ciencia, que demuestra que el orden es un dato objetivo del universo; la física nos dice que la naturaleza es un libro escrito en lenguaje de las matemáticas y que nosotros podemos leer ese libro. Deduce que la actitud filosófica de nuestro tiempo, la que contribuye a ese pensamiento propio de nuestra época, es la de, al menos, cierto realismo, ya que la ciencia nos permite percibir destellos parciales de la realidad, conocimientos incompletos, pero, al fin y al cabo, pensamientos, no ilusiones. Con abundantes citas de Benedicto XVI, se posiciona frente al positivismo, el cientificismo y la reducción de la razón a la razón instrumental y, ante el fracaso de la modernidad, afirma que, aunque la ciencia nunca podrá demostrar que debemos hacer el bien y evitar el mal, la razón moral sí ha ido sacando a flote la verdad sobre el hombre y sus exigencias. Sostiene que el pensamiento que hoy necesitamos debe proponerse continuar con la gran tradición de la razón, ampliando la noción que de ella tenía la modernidad y superando todo tipo de cientificismo y positivismo. Se trata, en definitiva, en un denso capítulo, difícil de condensar en estas escuetas líneas cuando ya el texto que nos ofrece Ramos Centeno es de por sí bastante concentrado, manteniendo una severa línea argumental.

El tercer capítulo aborda Una adecuada concepción de la historia. Una idea de lo que se analiza en él nos la da el siguiente párrafo, con el que se inicia: “El pensamiento más oficial de hoy, el nihilismo relativista cuya dictadura padecemos (…) está poseído por el odio al hombre, por el odio a la historia, que es la obra del hombre y donde el hombre ha ido descubriendo las exigencias de su humanidad, y también por el odio a la realidad misma, lugar del hombre, y a su Creador”. Encuentra los orígenes de esta situación en Lutero y en Descartes; el primero, por rechazar la historia del cristianismo y borrar, así, dieciséis siglos de fructificación de este en la historia; el segundo, por su rechazo a la tradición filosófica. Recorre, luego, personajes como Hegel, Marx y, especialmente, a Nietszche, al que culpa en gran medida del progresismo actual, “cientificista y nihilista, despreciador del pasado y que nada espera ya del futuro a pesar de su nombre [y que] nada tiene de extraño que se haya convertido en el reino de la muerte y en la fuente de legislaciones aberrantes y antihumanas, pues, en su misma entraña, lleva el odio a la humanidad y el desprecio de su historia y de su obra”. Concepción que se ha extendido a los historiadores, quienes, según el autor, no dudan en manipular la historia, citando, como ejemplo, todo lo negativo que se ha escrito sobre la actuación de Pío XII durante la Segunda Guerra Mundial. Esta visión de la historia ha conducido al perdoneo, a esa necesidad de que, por ejemplo, la Iglesia haya de pedir perdón; tema al que dedicará el próximo capítulo. ¿Y quién tiene la solución a esta situación? “Los cristianos son precisamente los que tienen la clave de la historia, ellos son los que conocen su sentido, ellos saben que la historia es historia de la salvación y que Dios, manifestado definitivamente en Cristo resucitado, es el Señor de la historia”.

Como indicábamos, el capítulo cuarto se dedica a El error del perdoneo. Admite el autor, eso sí, faltaría más, lo que en la Iglesia Católica se ha llamado purificación de la memoria que “responde, más bien, a una exigencia de verdad irrenunciable, que, junto a los aspectos positivos, reconoce los límites y las debilidades humanas de las sucesivas generaciones de los discípulos de Cristo”. Pero, de ahí a solicitar perdón por nuestra historia, como si en ella se acumularan todos los males, mientras que en el resto se hallasen todos los bienes, hay un gran trecho. Cita, como ejemplo, la leyenda negra de España o la actuación de los cristianos con los reinos árabes de la Península. ¿Qué es, pues, lo que necesitamos? Un pensamiento nuevo que mire de otra manera la historia; “necesitamos recuperar la alegría de ser hombres. Conocer la historia e interpretarla como se debe ha de servirnos para recuperar esa alegría”, pese a las barbaries pasadas e, insiste nuevamente, la barbarie que nos domina y que se manifiesta, según el autor, en un ecologismo desquiciado, en el odio a tener hijos, en el odio a la maternidad, en la idea de que solo merece la pena una vida donde se pueda disfrutar de los placeres, en el odio a la vejez, en el odio a la cultura que ennoblece al hombre, en el odio a la religión que nos acerca a la divinidad. “Para esa tarea, los cristianos, con su concepción de la historia como marcha hacia el Reino de Dios, tienen mucho que hacer”.

El penúltimo capítulo, quinto de la obra, se dedica al Ateísmo nihilista anticristiano y fundamentalismo islámico. Un capítulo consecuencia de los planteamientos que hasta aquí ha hecho el autor. Para él, “el ateísmo como ideología dominante en el mundo de la cultura en nuestro momento tiene una función social e histórica que considero dañina para el hombre”. Pero, más que al ateísmo, teme a la imposición de una forma irracional de concebir a Dios. Con la idea matriz de la obra, la necesidad de un pensamiento nuevo, hace un recorrido histórico sobre el ateísmo, deteniéndose, especialmente, en el ateísmo humanista de Bloch, del que ya no queda nada. Y, ¿cuál es el temor que plantea Ramos Centeno? Pues que el creciente islamismo también se lleve por delante la cultura laicista que hoy predomina. Alude a los ejemplos de resistencia que dieron los mártires cristianos y judíos y aboga por una concepción racional de Dios y de la religión, apuntando discretamente a un diálogo interreligioso. Y, por supuesto, son los cristianos quienes deben asumir la responsabilidad de salir de esta situación.

Llegamos, así, al sexto y último capítulo, Un pensamiento que pasa a la acción. Insiste, una vez más, el autor, en la barbarie que nos oprime; pero “podemos mantener la esperanza de que los hombres de nuestro tiempo también sepan superar este período tan terrible que les ha tocado en suerte”. Es nuestro deber, proclama Ramos Centeno, negarnos a ser cómplices de esta barbarie y a la aniquilación de lo humano, y actuar a favor de todo aquello que sirva para que este mundo nos resulte un día tan extraño como hoy pueden resultarnos las democracias populares del Este europeo. Y, ¿de quiénes puede esperarse el compromiso para construir esta alternativa? Ya conocemos la respuesta: de los amigos de la razón y de los cristianos, unos cristianos a los que, en la actualidad, considera poco luchadores. Como docente, propone una alternativa en educación, contra la irracionalidad de nuestro mundo y la irracionalidad antirreligiosa, mientras defiende la moral que nos hizo humanos y que se muestra en defensa de la vida humana y de la familia.

La conclusión de la obra se encierra en esta frase: Sí al hombre. En unas pocas páginas, Ramos Centeno resume la línea argumental de la obra, comenzando con este párrafo: “De nuevo nos ha tocado una hora terrible de la historia, un mundo de laicismo agresivo y nihilista, contaminado en muchas cosas de valores nazis y totalitarios, que se ha propuesto exterminar el nombre de Dios de la faz de la tierra y arrasar toda idea del hombre como valor central”. El pensamiento y la filosofía han de hacer frente a esta situación que amenaza el valor central del hombre: su vida (aborto y eutanasia) y su realidad, atacada por un ecologismo enloquecido que lo sitúa como el gran depredador de la naturaleza. Tal odio al hombre es fruto del odio a Dios. Este pensamiento, este enfoque de la filosofía que se reclama, exige una mirada nueva al hombre y a su historia, para actuar de otra manera. Y, en este pensamiento de resistencia, es mucho más importante la idea cristiana de que Dios es el Señor de la historia y de que la historia tiene sentido y el mundo no es ese absurdo que dice el nihilismo actual.

Desde luego, se trata de una obra que no pasa desapercibida; todos aquellos que resultan acusados por el autor como situados en el origen de la “barbarie” que denuncia, tendrán muchos reparos y objeciones a estos planteamientos. Y, por el contrario, los que se sientan identificados con sus premisas y conclusiones, percibirán una reafirmación de sus posturas personales, no solo por el desarrollo de su razonamiento, sino, sobre todo, por el vehemente estilo que emplea el autor, claro indicador de lo profundo de sus convicciones.

Índice

Introducción

Capítulo 1. Un pensamiento de resistencia

Un nuevo género de barbarie
Necesitamos un pensamiento nuevo
La noche más profunda de la historia
Resistimos al totalitarismo
El actual primado de la razón práctica
Pensar aceptando al hombre y su historia
Contra el progresismo totalitario y la destrucción de la moral común
La herencia de la tradición humanista
Un pensamiento que ponga en el centro la verdad
No a la instalación en la muerte de Dios
No al olvido de la realidad de Cristo
Una filosofía que no sea cómplice de los asesinos

Capítulo 2. La verdad de lo real y el hombre

No engañan los sentidos y el mundo es real
Sabemos del mundo
La racionalidad del mundo
Un cierto realismo
Contra el positivismo, el cientificismo y la reducción de la razón a razón instrumental
Continuando la gran tradición de la razón

Capítulo 3. Una adecuada concepción de la historia

El pecado de origen de la Modernidad
Nietzsche y el progresismo contemporáneo
Ateísmo nihilista y negación de la historia
El tiempo de los grandes asesinatos juzga severamente la historia
Un programa de destrucción
Una concepción de la historia que aporta esperanza a los hombres

Capítulo 4. El error del «perdoneo»

La purificación de la memoria
El absurdo del perdoneo
Aceptar humildemente nuestra historia
La alegría de ser hombres

Capítulo 5. Ateísmo nihilista anticristiano y fundamentalismo islámico

¿Ha pasado la hora del ateísmo?
La larga historia del ateísmo
El ateísmo humanista de Bloch
La abominación de la desolación
La función irracional del ateísmo laicista
Resistiendo con los mártires cristianos y judíos
Por una concepción racional de Dios y de la religión

Capítulo 6. Un pensamiento que pasa a la acción

Lo que es hoy nuestra obligación
Una alternativa en educación
Contra la irracionalidad de nuestro mundo
Contra la irracionalidad antirreligiosa
A favor de la moral que nos hizo humanos
En defensa de la vida humana y de la familia
El imperativo categórico de Adorno

Conclusión: Sí al hombre

Bibliografía

Notas sobre el autor

El esplendor del mundo. Ensayo de un pensamiento de resistencia

Vicente Ramos Centeno (San Juan de la Cuesta, Zamora, 1947), doctor en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, ha sido durante treinta años catedrático de Filosofía en EE. MM. En sus artículos y libros sobre Bloch y en los posteriores, como Razón, historia y verdad y Europa y el cristianismo, ha desarrollado un pensamiento que apuesta por el hombre frente a su aniquilación en la resaca nihilista.

RedacciónT21

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