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Llegamos al núcleo cerebral del miedo

El miedo nos paraliza, provoca trastornos neurológicos y nos amarga la vida. Es una emoción inconsciente que regula el cerebro a través de varias regiones críticas. Ahora sabemos mejor cómo gestionarlo.

El miedo es una emoción primara que comparten todos los animales, incluidos los seres humanos.

Se produce ante la presencia de un peligro, real o imaginario, y desencadena una serie de reacciones: la principal es que nos paraliza y concentra nuestra atención en la fuente del estímulo.

La consecuencia más frecuente es que nos provoca conductas defensivas, como hacer frente al peligro o salir corriendo.

Cuando aparece el miedo, viene acompañado de algunas reacciones fisiológicas como sudoración, aumento de la presión cardiaca e incluso agarrotamiento de los músculos.

Es una experiencia desagradable que nadie quiere vivir, aunque muchas veces la buscamos por entretenimiento cuando vamos al cine y vemos una película de terror. Pero es una simulación emocional.

Efectos no deseados

Aunque es un recurso evolutivo de primera necesidad, el miedo se convierte a veces en un obstáculo para la felicidad: se apodera de nosotros y nos paraliza, nos bloquea emocionalmente y nos impide disfrutar de la vida.

En el peor de los casos puede tener efectos psicológicos como la ansiedad, el pánico, fobias, trastornos obsesivos compulsivos y síndrome de estrés postraumático, que viene acompañado de pesadillas y angustia grave.

El miedo se ha convertido también en uno de los pilares del proceso socializador: no solo regula el sistema de premio y castigo que caracteriza a las relaciones humanas, sino que también es la base del derecho penal (el miedo a la cárcel evita el delito).

Pánico colectivo

Recientemente se ha considerado al miedo como la base de la sociedad del riesgo en la que nos encontramos, porque por primera vez nuestra especie se enfrenta a la posibilidad de su propia destrucción y a la desaparición de la vida en la Tierra, tal como estableció el sociólogo alemán Ulrich Beck.

El miedo ha sido analizado desde diversos ángulos, desde las neurociencias, pasando por la psicología y la psiquiatría, hasta las ciencias sociales, que han analizado especialmente los episodios de pánico colectivo.

El episodio más elocuente de un pánico colectivo lo desencadenó Orson Welles en 1938: el relato imaginario de una invasión alienígena por una emisora de radio de Nueva York desató la alarma de la sociedad norteamericana la víspera de Halloween.

Emoción inconsciente

Desde el punto de vista de las neurociencias, se han realizado diversos experimentos para descubrir cómo el cerebro procesa el miedo y activa las respuestas correspondientes.

Hasta ahora se ha establecido que el miedo es una emoción inconsciente en la que está implicada la amígdala cerebral: sin ella, no experimentamos miedo.

Sin embargo, nuevas investigaciones han descubierto que su papel no se limita al procesamiento del miedo: también participa en el aprendizaje basado en recompensas y en una variedad de comportamientos adaptativos, incluidos los defensivos.

Una nueva investigación desarrollada en el Laboratorio Cold Spring Harbor de Nueva York ha profundizado aún más en estos procesos cerebrales y descubierto que no solo la amígdala procesa el miedo, tal como se explica en un comunicado.

Proceso complejo

Hay otro circuito de neuronas de otra zona del cerebro llamada Globus Pallidus, involucrada en la regulación del movimiento voluntario, que juega un papel esencial en el condicionamiento clásico del miedo.

Según los autores de esta investigación, el globus pallidus nos indica qué es lo que debemos aprender de una experiencia desagradable: regula el aprendizaje en el condicionamiento del miedo.

Este trabajo viene a completar lo que otras investigaciones han establecido en el pasado sobre los secretos que guarda el cerebro sobre el miedo. Un trabajo de 2016 estableció que existe un circuito neuronal que nos permite distinguir los lugares seguros de los que no lo son.

El neurocientífico norteamericano Joseph E. LeDoux, autor del best seller El cerebro emocional, había señalado en 2003 que, además de la amígdala, una parte de la corteza (infralímbica) está implicada también en la expresión del miedo.

De esta forma, se va armando el corpus necesario para entender lo que nos pasa cuando sentimos miedo y no sabemos cómo salir del laberinto emocional que nos atrapa y amarga la vida. Seguimos allanando el camino de la felicidad.

Referencia

A central amygdala-globus pallidus circuit conveys unconditioned stimulus-related information and controls fear learning. Jacqueline Giovanniello et al. Journal of Neuroscience 16 October 2020, JN-RM-2090-20; DOI:https://doi.org/10.1523/JNEUROSCI.2090-20.2020

 

Imagen: The Digital Artist. Pixabay.

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe, periodista científico, es el Editor de Tendencias21.

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