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Para percibir los colores no son imprescindibles los ojos

Un pequeño gusano que vive en materia orgánica descompuesta es capaz de percibir el color azul de una bacteria, aunque no tiene ojos ni moléculas sensibles a la luz.

Un gusano que mide un milímetro, no tiene ojos ni moléculas sensibles a la luz, puede, sin embargo, percibir el color en un entorno contaminado. No lo ve, pero lo siente.

Lo ha descubierto una investigación del Instituto Tecnológico de Massachussets, que pone de manifiesto insospechadas capacidades en seres vivos tan simples como el nematodo Caenorhabditis elegans.

Su consistencia orgánica es tan discreta que parece transparente, aunque posee muchos de los órganos y sistemas de cualquier otro animal. Su vida media es de tres semanas.

También se comporta como cualquier otro animal, ya que puede oler, saborear, tocar y reaccionar a diferentes temperaturas e incluso ante un destello de luz brillante.

Bacteria peligrosa

Según ha podido comprobar esta investigación, estos gusanos utilizan esta capacidad de ver sin ojos para evaluar el riesgo de alimentarse de una bacteria potencialmente peligrosa que secreta unas toxinas azules.

Los investigadores piensan que esta sorprendente capacidad está relacionada con las preferencias de este nematodo por instalarse en terrenos expuestos al sol, por lo que piensan que pueden estar dotados para percibir de alguna forma la luz y el color.

Esta capacidad es importante para su supervivencia porque estos nematodos se alimentan básicamente de microorganismos, como la bacteria Escherichia coli, que forma parte de la biota humana.

Sorpresa en el laboratorio

Los investigadores pudieron comprobar esta capacidad del nematodo porque identificaron dos genes que contribuyen a la sensibilidad espectral que le permiten identificar una bacteria tóxica gracias al color azul que presenta.

Estudios previos habían observado que este nematodo, que vive en materia orgánica en descomposición, evita una bacteria presente en estos entornos, llamada Pseudomonas aeruginosa, que es nociva (en los humanos puede causar neumonía) y secreta una toxina azul característica.

Los investigadores comprobaron, en primer lugar, que este nematodo huye del entorno en descomposición en el que vive si es iluminado por la luz blanca de una bombilla LED.

Ámbar azul

Esto demostró que el gusano podía percibir de alguna manera la luz blanca. En un experimento posterior, comprobaron también que era sensible a la luz azul, si bien solo si venía asociada a una toxina.

Eso significa, según los investigadores, que estos gusanos son capaces de evaluar, con un sistema sensorial tan limitado, tanto la naturaleza tóxica de una bacteria como el color de sus secreciones.

Otra constatación obtenida en esta investigación es que los gusanos no detectan escala cromática alguna, sino que solo pueden evaluar niveles de brillo y oscuridad.

Además, comprobó que estos nematodos solo reaccionan a un tipo de azul concreto, el ámbar azul, que exhibe una coloración rara y clara y emite también un aroma agradable.

En laboratorio y en la naturaleza

Los investigadores observaron el comportamiento de este nematodo, tanto en laboratorio como en el campo, y descubrieron que la sensibilidad al color es más intensa en los ejemplares que viven en la naturaleza.

Fue así como llegaron a la explicación final de estos comportamientos insólitos: analizaron los genomas de ambos gusanos y descubrieron dos genes específicos (llamados jkk-1 y lec-3) que contribuyen a estas variaciones en la capacidad de percibir el color sin sistema visual alguno.

Los investigadores explican al respecto que, aunque los dos genes desempeñan muchas funciones importantes en una variedad de organismos, incluidos los humanos, ambos están involucrados en vías moleculares que ayudan a las células a responder al estrés causado por la luz ultravioleta dañina.

¿Otros animales?

«Hemos descubierto que el color de la luz en el entorno del gusano puede influir en cómo el gusano navega por el mundo», explica uno de los investigadores, Dipon Ghosh, en un comunicado.

Y añade: «nuestro trabajo sugiere que muchos genes, además de los dos que ya hemos identificado, pueden afectar la sensibilidad al color, y ahora estamos explorando cómo».

Ghosh sospecha que estos descubrimientos podrían generalizarse a otras criaturas, además de los gusanos redondos. Al menos, está claro que la sensibilidad a la luz no siempre requiere visión u ojos, concluye.

Referencia

C. elegans discriminates colors to guide foraging. D. Dipon Ghosh et al. Science, 05 Mar 2021: Vol. 371, Issue 6533, pp. 1059-1063. DOI:10.1126/science.abd3010

Foto superior: el nematodo Caenorhabditis elegans en un momento de la investigación. Crédito: Eugene Lee, MIT.

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe, periodista científico, es el Editor de Tendencias21.

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