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Puntos ciegos en el ojo de la mente nos impiden soñar despiertos

La vida sin imágenes mentales es una condición neurológica que impide a muchas personas soñar despiertas: no pueden contar ovejas en su mente, pero sí reconocer a familiares, aunque no recordar sus rostros cuando no los ven.

El ojo de la mente es el que nos permite imaginar cosas: recordamos una puesta de sol y podemos recrearla en nuestra mente y disfrutar de nuevo de esa visión. También nos permite contar ovejas para conciliar el sueño.

Sin embargo, hay mucha gente que no puede soñar despierta por esta incapacidad: llevar una vida sin siquiera poder imaginar a Peter Pan disminuye la capacidad de soñar despierto y de recordar.

El ojo de la mente es nuestra particular fábrica de imágenes mentales: nos permite percibir visualmente algún objeto o escena, aunque en ese momento no esté presente para los sentidos.

El ojo de la mente se basa en las reacciones de dos regiones cerebrales específicas, el núcleo geniculado lateral y la corteza visual primaria: ambas se activan cuando disfrutamos de imágenes mentales, según un estudio del año 2002.

Otro detalle: estudios de imágenes cerebrales funcionales han demostrado también que la percepción visual y las imágenes mentales comparten sustratos neuronales comunes.

Según el profesor Rick Strassman, autor de la obra DMT: The Spirit Molecule, la glándula pineal, que regula los patrones del sueño, también podría estar implicada en el ojo de la mente.

En general se piensa que la base biológica de las imágenes mentales se encuentra en las partes más profundas del cerebro, donde existe el centro de la percepción.

Algo innato y potente

Para la mayoría de la gente, las imágenes mentales son una característica innata de muchas de las experiencias internas y desempeñan un papel fundamental en apoyo de los procesos cognitivos centrales.

Sin embargo, entre el 2% y el 5% de la población humana no dispone de esa capacidad: no puede soñar despierta ni recrearse en un recuerdo agradable. Una especie de puntos negros en el ojo de la mente les impide imaginar lo que no está a la vista.

Las regiones cerebrales que les permiten percibir el mundo físico no funcionan cuando intentan replicar en la mente la realidad, ya sea un paisaje, un beso, o el rostro de un ser querido.

Esta carencia tiene un nombre: afantasía, que se define como la incapacidad de visualizar voluntariamente imágenes mentales. Aunque su existencia se conoce desde 1880, la ciencia no ha profundizado mucho sobre su naturaleza: menos de 10 artículos científicos sobre esta condición se han publicado en los últimos 140 años.

La afantasía se refiere solo a la incapacidad de generar voluntariamente imágenes mentales, pero no impide a los que la padecen disfrutar de sueños vívidos, aunque con una calidad de imagen peor, según otro estudio publicado el verano pasado.

La condición de la afantasía puede ser congénita o manifestarse a lo largo de la vida y, según ese mismo estudio, deja una huella cognoscitiva en el cerebro que provoca cambios en la percepción de imágenes, así como en la capacidad de soñar y de recordar.

Imagen de una habitación y lo que una persona con afantasía (en el centro) puede pintar, comparado con una persona sin esa condición. A la derecha, bocetos de dos participantes sin afantasía mientras veían la imagen original. Crédito: Universidad de Chicago.

Diferencias y virtudes

Una nueva investigación realizada en la Universidad de Chicago, cuyos resultados se publican en la revista Cortex, arroja nueva luz sobre la afantasía, según se explica en un comunicado.

La investigación establece claras diferencias cognitivas entre personas con afantasía y las personas que generan sin problemas imágenes mentales a voluntad.

Una primera diferencia surgió cuando se les pidió a ambos grupos que dibujaran lo que habían visto en una habitación: los dibujos de las personas con afantasía eran mucho más simples, incluso pasaban a describir sus recuerdos con palabras, en vez de con imágenes.

Los investigadores destacan al respecto que incluso personas con cegueras congénitas pueden dibujar una habitación que nunca han visto, pero que le es familiar.

Los investigadores también apreciaron que las personas con afantasía tienen una memoria visual intacta: pudieron colocar los objetos que habían visto en la posición exacta sin problemas, aunque a veces en la habitación equivocada.

Experiencia mental única

También manifestaron una ventaja respecto al grupo de personas sin esa condición: aunque recuerdan menos objetos, las personas con afantasía no crean recuerdos falsos.

Por último, la investigación comprobó que la afantasía no afecta al reconocimiento de rostros: saludan a familiares y amigos, aunque no pueden imaginar sus caras cuando no los ven.

Todavía se necesita más investigación para comprender las bases neurológicas de la afantasía y su eventual tratamiento, pero los investigadores destacan algo relevante sobre estas personas: “tienen una experiencia mental única que puede proporcionar conocimientos esenciales sobre la naturaleza de las imágenes, la memoria y la percepción».

Otro dato relevante: según un estudio de la Universidad de Exeter, las personas que no pueden visualizar imágenes mentales tienen más posibilidades de prosperar en las carreras científicas y técnicas, que de progresar en sectores creativos.

Referencia

Quantifying aphantasia through drawing: Those without visual imagery show deficits in object but not spatial memory. Wilma A.Bainbridgeab et al. Cortex, Volume 135, February 2021, Pages 159-172. DOI: https://doi.org/10.1016/j.cortex.2020.11.014

 

Foto superior: las personas con afantasía no entienden lo que significa «contar ovejas» antes de irse a la cama, porque no pueden visualizar ovejas sin verlas. Crédito: Tanner Yould, unplash.

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe, periodista científico, es el Editor de Tendencias21.

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