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Una delgada línea separa al amor del odio en el cerebro

Un área del cerebro estimula las relaciones ligadas al odio y la agresión, mientras que otra favorece al amor, aunque las expresiones sean similares. Así lo demuestra un reciente estudio realizado sobre comportamientos sexuales en ratones.

Los ratones machos muestran algunas reacciones similares cuando se relacionan con otros machos o con hembras: tienden a “montarse” entre ellos. Sin embargo, únicamente cuando lo hacen con las hembras emiten una especie de “canto”, mientras que entre machos todo termina en peleas. ¿Existen patrones cerebrales que determinan el amor o el odio? Una investigación realizada por neurocientíficos del Instituto Tecnológico de California confirma que una delgada línea marca el límite en el cerebro entre las relaciones amorosas y las agresivas.

De acuerdo a una nota de prensa, los ratones machos “montan” a otros machos con el propósito de mostrar dominio o manifestar una actitud agresiva. Por el contrario, cuando tienen este comportamiento con las hembras su propósito es reproductivo y amoroso.

Incluso emiten vocalizaciones ultrasónicas, un extraño canto agudo que no capta el oído humano pero que puede ser registrado a través de micrófonos específicos. Estas diferencias tienen un origen cerebral: con cada comportamiento se activan distintas zonas del cerebro.

En los resultados del estudio, publicado en la revista Nature, los científicos indicaron que las pruebas realizadas con roedores machos, las imágenes cerebrales y los análisis de aprendizaje automático dejan en claro que existen dos áreas del cerebro implicadas en esta dinámica.

Actividad neuronal en dos regiones del hipotálamo

El área preóptica medial (MPOA) se activa con el comportamiento amoroso, mientras que la subdivisión ventrolateral del hipotálamo ventromedial (VMHvl) lo hace con el comportamiento agresivo o ligado al odio.

Por ejemplo, al grabar en video la actividad de los roedores los especialistas advirtieron que los ratones machos comienzan rápidamente contiendas y peleas cuando alguno de ellos busca montar a otro. No lo hacen con las hembras en ningún momento, evidenciando que existen intereses diferentes y que los mismos están relacionados con determinados patrones cerebrales.

Pero aunque ambos comportamientos se observan representados en dos sectores diferentes del cerebro, las reacciones entre dos machos o entre machos y hembras generan por igual actividad neuronal en el hipotálamo, una región del cerebro dedicada a controlar cuestiones como el metabolismo, los comportamientos defensivos o el hambre y la sed.

Cuando se profundiza en los comportamientos y los patrones cerebrales se puede determinar que cada actitud impacta en un área distinta del hipotálamo: las reacciones de amor activan el área MPOA, en tanto que las actitudes de confrontación se aprecian en el sector VMHvl.

Un delicado balance cerebral

Los especialistas examinaron incluso la actividad de neuronas individuales en el MPOA y VMHvl. Hallaron que algunos grupos de neuronas se “encendían” cuando los ratones montaban con fines amorosos y reproductivos, mientras que el mismo comportamiento pero con tendencia agresiva activaba otros grupos neuronales. Además, desarrollaron un modelo informático capaz de predecir correctamente si la tendencia del roedor era sexual y amorosa o de carácter agresivo.

Profundizando un poco más, los expertos comprobaron que las reacciones pueden inducirse. En otras palabras, si se activa el área VMHvl el roedor “amoroso” puede volverse agresivo, sucediendo exactamente lo contrario cuando se estimula el sector MPOA. En consecuencia, un delicado balance cerebral es el responsable de marcar la inclinación de las actitudes en los roedores, volcando en ocasiones la balanza hacia el amor y en otras hacia el odio.

Según los neurocientíficos, al comprender los mecanismos neuronales subyacentes que controlan los estados emocionales o motivacionales en los roedores, se puede dar un gran paso para entender al detalle en el futuro el proceso de control de las emociones en el cerebro humano. ¿Estaremos más cerca de comprender la enorme complejidad de nuestro mundo emocional?

Referencia

Distinct hypothalamic control of same- and opposite-sex mounting behaviour in mice. Karigo, T., Kennedy, A., Yang, B. et al. Nature (2020).DOI:https://doi.org/10.1038/s41586-020-2995-0

Foto: Wesley Balten en Unsplash.

Pablo Javier Piacente

Pablo Javier Piacente es periodista especializado en comunicación científica y tecnológica.

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