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Donar el tiempo ocioso de ordenadores y móviles ayuda a la lucha contra el ébola

IBM ha diseñado un método para que cualquiera pueda unirse a la lucha contra el ébola, simplemente donando tiempo de procesamiento de ordenadores, teléfonos o tabletas. La idea no es nueva, pues varias universidades e institutos de investigación han utilizado la denominada computación colectiva para hacer frente a problemas complejos en diversos campos. A través de la red World Community Grid, los voluntarios simplemente descargan un software que aprovecha la capacidad de procesamiento sin utilizar de sus dispositivos. Por Patricia Pérez

Donar el tiempo ocioso de ordenadores y móviles ayuda a la lucha contra el ébola

Hasta relativamente poco antes de que estallara la crisis del ébola, la investigación en torno a la enfermedad estaba relegada a laboratorios científicos y pequeñas empresas biotecnológicas. Las grandes empresas farmacéuticas no se habían interesado por este tipo de virus porque era muy poco común, el mercado era muy pequeño, por lo que no interesaba desde el punto de vista económico.

Ahora, según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la epidemia de ébola ha provocado la muerte a 6.331 personas de los 17.800 casos detectados en los tres países más afectados de África Occidental. El virus ha creado una emergencia de salud sin precedentes, por lo que toda la ayuda es poca.

Desde el ámbito tecnológico también están sumando esfuerzos para combatir el avance del ébola. El último ha llegado desde la multinacional IBM, que ha diseñado un método para que cualquiera pueda unirse a la lucha contra el virus, simplemente donando tiempo ocioso de su ordenador personal, teléfono o tableta para la investigación.

Para ello ha puesto la organización World Community Grid al servicio de la investigación sobre la enfermedad. Se trata de una red de computación colectiva, cuyo éxito depende de individuos que contribuyen colectivamente donando el tiempo libre de su ordenador para su uso en proyectos de investigación humanitaria que, de otra forma, no se llevarían a cabo por el alto coste de la infraestructura de computación necesaria.

En este caso, según informa la propia compañía en un comunicado, se ha asociado con científicos del Scripps Research Institute (TSRI) en el sur de California, en Estados Unidos, en un proyecto para acelerar la detección de compuestos químicos prometedores. Y es que aunque ya se están probando algunos tratamientos médicos con esperanzas frente al Ébola, los científicos siguen buscando con urgencia una cura definitiva.

Donar el tiempo ocioso de ordenadores y móviles ayuda a la lucha contra el ébola

Superordenador virtual

Desde este mes cualquier usuario puede descargarse una aplicación gratuita y segura que permite el aprovechamiento de la capacidad de procesamiento de sus dispositivos cuando están inactivos. De hecho, los voluntarios pueden estar durmiendo, de viaje o en una pausa para el café mientras contribuyen en la búsqueda de una cura para el Ébola.

Combinando la potencia de cálculo aportada por cientos de miles de participantes formarán un superordenador virtual que permitirá “hacer en meses lo que de otro modo tomaría años y años”, como destaca Erica Ollmann Saphire, investigadora biomédica en TSRI. Mientras tanto, los dispositivos seguirán estando plenamente disponibles para el uso normal por parte de sus propietarios.

El ‘Outsmart Ebola Together’, como se denomina el proyecto de investigación, ha desarrollado un mapa detallado con las estructuras y vulnerabilidades de las proteínas que componen el virus del Ébola. Paralelamente investiga millones de compuestos químicos en la búsqueda de aquellos más prometedores para el desarrollo den nuevos fármacos.

Los que destaquen dentro de este esfuerzo colectivo se probarán físicamente en laboratorio, para determinar su eficacia contra la infección por el virus real. A su vez, aquellos que pasen esta criba se modificarán para realizar mejor aún, a concentraciones más bajas, y con menos efectos secundarios. De esta forma se podrá acelerar drásticamente la búsqueda de una cura, algo fundamental para evitar que una enfermedad especialmente letal siga propagándose o sea capaz de mutar.

«Nuestras imágenes moleculares muestran dónde es vulnerable el virus y los objetivos que necesitamos golpear”, subraya Ollmann Saphire. “Con este proyecto podremos aprovechar el poder de la supercomputación virtual para encontrar los medicamentos que tenemos que apuntar a esos objetivos», añade.

Diez años de investigación

El software de descarga gratuita, disponible en www.worldcommunitygrid.org, funciona en ordenadores Windows o Mac y dispositivos móviles Android, y está diseñado para usar sólo la capacidad ociosa cuando un dispositivo está conectado a Internet, por lo que no ralentiza otras funciones. Del mismo modo, en los dispositivos móviles el programa sólo funciona cuando se está cargando y conectado a Wi-Fi.

Además, el usuario puede elegir cuándo quiere que su dispositivo use el programa, o puede dejar que lo haga automáticamente. IBM promete también respetar la privacidad de los participantes y asegura que el software no puede acceder o alterar cualquier otro archivo del dispositivo.

La plataforma funciona dividiendo grandes y complejos problemas de computación en miles de tareas más pequeñas que asigna a cada dispositivo para compilar después los resultados. Los voluntarios pueden obtener informes del avance de cada proyecto, cuyos datos resultantes están además a disposición de cualquier investigador interesado.

World Community Grid ha estado llevando a cabo iniciativas similares en materia de salud y sostenibilidad durante los últimos diez años, como un servicio filantrópico gratuito a la comunidad científica. Así, ha participado en proyectos relacionados con la búsqueda de fármacos para combatir enfermedades como el sida, el cáncer o la malaria, permitiendo avances como el descubrimiento de siete nuevos fármacos candidatos a combatir el neuroblastoma infantil, en colaboración con el Chiba Cancer Center en Japón.

Casi tres millones de ordenadores y dispositivos móviles utilizados por más de 680.000 personas y 460 instituciones de 80 países han contribuido a crear potencia para llevar a cabo estos proyectos. Todo ello gracias a la Infraestructura Abierta de Berkeley para la Computación en Red (BOINC, por sus siglas en inglés), una plataforma de código abierto creada en 2002, originalmente para el proyecto SETI@home que, como contamos en Tendencias21, analiza señales de radio en busca de pruebas de inteligencia extraterrestre. A partir de ahí amplió su colaboración a los fines científicos más dispares.

RedacciónT21

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