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La bioconstrucción, mucho más que materiales ecológicos

Expertos del sector cuentan en la Universidad de Cantabria las últimas novedades de este ámbito

La bioconstrucción no son solo materiales ecológicos y renovables y eficiencia energética, sino que requiere tener en cuenta muchos factores, como la adaptación al entorno. Expertos reunidos en un curso de verano de la Universidad de Cantabria han abordado las últimas novedades del sector. Por Carlos Gómez Abajo.

La responsable del departamento de Eficiencia de la empresa guipuzcoana Kursaal Rehabilitaciones (Kursaal Green), Marta Epelde, defiende la utilización de materiales de bioconstrucción para garantizar la salud de las personas y el medioambiente, y señala que en este sector siempre «hay una alternativa» para elegir.

Epelde ha participado en un curso de verano sobre bioconstrucción en la Universidad de Cantabria (UC), miembro del ecosistema de innovación Global ImasT, de eGauss, que celebrará su evento anual el 23 de noviembre.

La responsable de Kursaal Green defiende que la bioconstrucción no es «elegir unos cuantos materiales que nos suenen a ecológicos y que provengan de una fuente renovable», sino que hay que tener en cuenta «muchas» características, incluidas las técnicas, que garanticen la elección de «los mejores».

Al respecto, apunta aspectos a valorar como el origen sostenible del material; que no utilice, por ejemplo, energías fósiles; que no sea tóxico y que permita ambientes saludables; que posibilite que el ambiente interior sea capaz de ayudar a regular la humedad; o que tenga un olor «agradable» que no va a molestar al inquilino.

Para esta experta, la relación entre la construcción o la vivienda y la salud de las personas que van a habitarla es clara, dado que, al igual que en el ser humano, cuando falla un órgano, «la salud de todo el cuerpo se ve afectada», si dentro de un edificio hay un material que «no es sano», afecta a todo el edificio y a la salud de las personas que están dentro.

​Factores de riesgo

Por eso Epelde resalta la existencia de factores de riesgo, que la bioconstrucción estudia de «una manera más profunda», como los riesgos que suponen los campos electromagnéticos, cómo nos afectan todo tipo de radiaciones, antenas de móviles o la electricidad; los tóxicos que genera, por ejemplo, una casa llena de muebles con cola de formaldehído; y los que crea la humedad y la condensación, como hongos o esporas de moho en las paredes.

Asimismo, reconoce que los materiales de bioconstrucción son «más caros» pero asegura que tienen «una calidad exquisita», por lo que remarca que «hay que abrir un poco la mente», subrayando que estos componentes «no hacen daño» al medio ambiente y «mejoran» la salud de las personas.

En definitiva, esta experta considera que, al final, la bioconstrucción «no deja de ser volver a los orígenes», en el sentido de utilizar los materiales locales y que están disponibles, pero «adaptándolos» a la técnica y a los conocimientos actuales.

«En realidad, la bioconstrucción ha estado presente siempre. Las casas de nuestros abuelos se construían con las cosas que había a mano. Se trata, por tanto, de recuperar esos entornos donde nos sentíamos bien y, cada vez, más gente solicita un espacio sano de este tipo, que podemos hacer mejor que nuestros abuelos, al disponer de conocimientos nuevos y tecnología», explica.

Por su parte, Miguel Martínez, del Instituto Español de Baubiologie, aboga por una «mayor» difusión de la bioconstrucción, también en el ámbito universitario, y por empezar a sustituir los materiales contaminantes, que afectan a la salud de las personas y al medio ambiente, por materiales naturales, para conseguir dar el paso de la construcción convencional a este tipo de sistema «más respetuoso».

Cambio de mentalidad

Martínez destaca que hace falta «un cambio de mentalidad» y lo argumenta con que «pasamos el 80 o el 90 por ciento de nuestro tiempo» en los lugares donde «vivimos, trabajamos y vamos de ocio», algo que tiene «una importancia muy grande» en la salud de las personas, a lo que añadió que los efectos en el medio ambiente de todo el sector de la construcción en general son «grandes».

Por ello, apuesta por ir más allá de la eficiencia energética y por contar también con apoyo público, aunque afirma que «si queremos empezar a construir» de cara a la salud de las personas y al medio ambiente, hace falta «un esfuerzo muy grande» de las instituciones y de todos los agentes que intervienen en la construcción.

Decálogo

El decálogo de la bioconstrucción incluiría los siguientes requisitos:

  1. Ubicación adecuada: Se evitará la proximidad de fuentes emisoras de contaminación eléctrica y electromagnética, química y acústica, y aquellos lugares donde, por la actuación del hombre, puede ponerse en peligro algún determinado ecosistema.
  2. Integración en su entorno más próximo: Atendiendo a la morfología del terreno, construcciones adyacentes, los estilos arquitectónicos tradicionales de la zona, incluyendo vegetación propia del lugar y armonía de formas constructivas.
  3. Diseño personalizado: Se procurará, en la medida de lo posible, cuidar el efecto «onda de forma», evitando los elementos excesivamente rectilíneos, con esquinas pronunciadas. No son convenientes los materiales excesivamente rígidos y/o tensionados. Las grandes luces se pueden salvar con arcos, bóvedas, etc.
  4. Adecuada orientación y distribución de espacios: Se proyectarán los acristalamientos adecuados para el máximo aprovechamiento térmico y lumínico (con paredes y suelos de alta inercia térmica). Se dedicará especial atención al estudio de los lugares de descanso, evitando que en la vertical de los mismos transcurran conducciones de electricidad, agua o de cualquier otro tipo.
  5. Empleo de materiales saludables y biocompatibles: Deben facilitar los intercambios de humedad entre la vivienda y la atmósfera. La vivienda debe «respirar». Los materiales deberán ser de materia prima lo menos elaborada posible y encontrarse lo más cerca posible de la obra (utilizar recursos de la zona). Deben hallarse totalmente exentos de elementos nocivos como asbesto, poliuretano, cloro, PVC.
  6. Optimización de recursos naturales. Es muy recomendable realizar un estudio de recursos del lugar, de tal manera que se puedan determinar los elementos naturales que pueden aportar algún tipo de «trabajo» sin limitar su perdurabilidad.
  7. Implantación de sistemas y equipos para el ahorro: Bioclimática, a través de sistemas de captación solar pasiva, galerías de ventilación controlada, sistemas vegetales hídricos reguladores de la temperatura y la humedad.
  8. Incorporación de sistemas y equipos de producción limpia.
  9. Programa de recuperación de residuos y depuración de vertidos.
  10. Manual de usuario para su utilización y mantenimiento.

En el cual se detallen las actuaciones que debe realizar el usuario y las que deberá realizar el mantenedor profesional.

RedacciónT21

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