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La televisión no favorece el desarrollo cognitivo de los niños pequeños

Un estudio realizado con más de 800 niños de tres años ha revelado que la televisión no ayuda a los más pequeños a ser más inteligentes. Al relacionar los resultados de diversos tests de inteligencia y de capacidades motoras y visuales realizados a los niños, con los datos aportados por las madres sobre los hábitos televisivos de los participantes, se constató que cada hora adicional de televisión vista en la infancia no tenía nada que ver con las puntuaciones obtenidas en los test. Además de no favorecer la inteligencia, estudios anteriores han demostrado que la televisión puede tener efectos nocivos en los niños, como riesgo aumentado de obesidad, problemas de atención o reducción de la calidad del sueño. Por Yaiza Martínez.

La televisión no favorece el desarrollo cognitivo de los niños pequeños

Un estudio llevado a cabo con niños de tres años ha demostrado que ver la televisión antes de los dos años no mejora ni el lenguaje ni las aptitudes visuales y motoras de los pequeños. Ni siquiera si los niños ven programas para su edad, de los supuestamente “educativos”.

La investigación, que fue llevada a cabo en el Children’s Hospital Boston (CMCH) y en la Harvard Medical School, respalda las directrices actuales de la Academia Americana de Pediatría (AAP) que recomienda que los niños no vean la televisión antes de los dos años.

Asimismo, sugiere que las características maternas, del niño y del hogar influyen más en el desarrollo cognitivo del bebé que cualquier programa televisivo.

Desarrollo del estudio

Según declaró la directora del estudio Marie Evans Schimdt, del CMCH, al contrario de lo que venden algunos anuncios o creen algunos padres, ver la televisión no es beneficioso para el desarrollo del cerebro de los bebés.

Según se explica en la revista especializada Pediatrics, el estudio analizó los datos de 872 niños del Proyecto Viva, que fue un estudio de cohorte (estudio longitudinal en el que los individuos analizados se seleccionan en función de la presencia de una determinada característica) sobre madres e hijos.

En él, se realizaron visitas en persona inmediatamente después del parto, a los seis meses, y a los tres años después de nacer cada niño. Las madres rellenaron cuestionarios sobre los hábitos televisivos de sus hijos cuando éstos tenían uno y dos años. En concreto, las progenitoras informaron sobre la cantidad de horas de televisión que los niños veían en periodos de 24 horas.

Después, estos datos fueron relacionados con los resultados de pruebas de lenguaje y de capacidades visuales y motoras de los niños a los tres años. Los tests aplicados fueron el Peabody Picture Vocabulary Test III (PPVT III) y el test Wide-Range Assessment of Visual Motor Abilities (WRAVMA).

El PPVT mide el vocabulario receptivo y está relacionado con el cociente de inteligencia, mientras que el WRAVMA es una prueba para medir las habilidades motoras y espacio-visuales.

Ninguna ventaja

El presente estudio es el primero que investiga las relaciones a largo plazo entre la cantidad de televisión que ven los niños desde su nacimiento hasta los dos años, y sus capacidades cognitivas a los tres años.

Los investigadores consideraron para la investigación, además de los tests mencionados y los datos aportados por las madres, factores sociodemográficos y ambientales que se sabe condicionan el desarrollo cognitivo de los niños: edad de la madre, educación, renta familiar, estado civil, igualdad, depresión post-parto, sexo del bebé, raza, peso al nacer, índice de masa corporal y hábitos de sueño.

Utilizando modelos de regresión lineal, los investigadores igualaron las influencias de cada uno de estos factores y calcularon los efectos independientes de la televisión en el desarrollo cognitivo de los niños.

Así, descubrieron que ver la televisión por sí solo no tiene ningún efecto mensurable en la cognición de los bebés. En concreto, “descubrimos que cada hora adicional de televisión vista en la infancia no estaba asociada con las puntuaciones en el Peabody Picture Vocabulary Test III o en el test Wide-Range Assessment of Visual Motor Abilities a la edad de tres años”, escriben los científicos en Pediatrics.

Según los especialistas, los padres deben entender, por tanto, que los niños y los bebés que empiezan a andar no aprenden ni se benefician de ninguna manera de ver la televisión a una edad tan temprana.

Por otro lado, diversos estudios previos han demostrado que la exposición a la televisión en los niños está asociada a un riesgo aumentado de obesidad, a problemas de atención y a una reducción de la calidad del sueño.

Más razones para evitarla

La relación entre televisión y bebés también fue analizada anteriormente, desde otra perspectiva, por científicos de la Tufts University de Boston, en Massachussets.

En este caso, tal y como explicamos en Tendencias21 los investigadores constataron que la televisión puede condicionar el comportamiento de niños muy pequeños, de un año de edad.

Se supo entonces que, con sólo 12 meses, los niños son capaces de decodificar a la perfección un vídeo de 20 segundos de duración, imitando los comportamientos en él reflejados, y tomando como modelo las reacciones de sus protagonistas.

Los científicos concluyeron que los bebés son especialmente sensibles al efecto de la televisión, que afecta a sus emociones y a sus comportamientos.

Asimismo, la doctora Marie Evans Schimdt, en un estudio anterior al del CMCH, constató que la televisión –incluso cuando está puesta y los niños no le hacen caso- puede afectar al desarrollo normal de los niños.

Al parecer, la distracción de ese “ruido de fondo” constante tendría un efecto considerable en la capacidad de concentración de los pequeños.

Yaiza Martinez

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