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Los escombros espaciales amenazan a nuestro futuro en el espacio

Casi 130 millones de escombros están orbitando la Tierra con el potencial de chocar entre ellos o de provocar explosiones que afectarán a los satélites en activo y a las misiones espaciales en curso. Hemos puesto en órbita 9.300 toneladas de material espacial y todavía no sabemos cómo gestionar sus residuos.

En la órbita alrededor de la Tierra permanecen atrapados escombros procedentes de antiguas misiones espaciales que, fuera de control, amenazan nuestro futuro en el espacio: suponen un riesgo para los satélites en funcionamiento y para las misiones espaciales en curso.

Desde que la extinta Unión Soviética situara su primer satélite en órbita hace más de 60 años, la órbita terrestre baja, que se sitúa entre los 200 y los 2.000 km sobre la superficie de la Tierra, se ha ido llenando de escombros metálicos procedentes de las aventuras espaciales humanas.

Desde 1957, se han lanzado 6.050 cohetes al espacio (sin contar los fallidos) y se han situado en órbita alrededor de 11.370 satélites, de los que 6.900 están todavía en el espacio, 4.000 de ellos en funcionamiento. En total, hemos depositado en órbita más de 9.300 toneladas de material espacial.

En la actualidad hay casi 130 millones de objetos considerados escombros en órbita, de los que 128 millones miden entre 1 milímetro y 1 centímetro. Otros 900.000 de estos objetos miden entre 1 y 10 centímetros y 34.000 más son escombros mayores de 10 centímetros, según el último balance de la Oficina de Desechos Espaciales de la ESA en ESOC, Darmstadt, Alemania.

La Oficina de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre (UNOOSA) ha registrado al menos 550 eventos de fragmentación en lo que llevamos de actividad en el espacio, y considera que esos episodios son los que han ocasionado la mayor cantidad de desechos espaciales. Los eventos de fragmentación se producen cuando una nave o vehículo espacial se divide y desprende de estructuras de propulsión.

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Peligros asociados

Los escombros espaciales representan una amenaza potencial: cualquier cosa que viaje a una velocidad de 56.000 km/h en órbita es peligrosa si entra en contacto con los muchos satélites que nos conectan en todo el mundo, ya sea por GPS, datos de teléfonos móviles o Internet.

Según la Oficina de Desechos Espaciales de la Agencia Espacial Europea, incluso un pequeño fragmento de escombro espacial que circunde la Tierra a 40.000 kilómetros por hora podría causar daños catastróficos a un satélite activo.

“La energía contenida en una partícula de un centímetro que golpea un satélite a esa velocidad corresponde aproximadamente a la explosión de una granada”, explica Holger Krag, jefe de la Oficina de Desechos Espaciales de la Agencia Espacial Europea, en un video sobre la gestión de desechos espaciales, citado en un comunicado del Word Economic Forum.

Las consecuencias de tal impacto significan fallos en los satélites. Si los objetos son más grandes, pueden provocar incluso la destrucción de satélites y la generación de fragmentos, lo que, nuevamente, tiene consecuencias ambientales, añade Holger.

Señala asimismo que las continuas colisiones de fragmentos que con toda seguridad se van a producir en las próximas décadas, también podrían inutilizar ciertas áreas del espacio para los vuelos espaciales.

Incluso se considera que la presencia de escombros podría potencialmente interrumpir las actividades de la Estación Espacial Internacional, que por tres veces casi choca con escombros en 2020, así como afectar a las próximas misiones a la Luna y a Marte.

En 2009, dos satélites, uno ruso y otro estadounidense, chocaron sobre Siberia y se rompieron en cientos de pedazos de escombros.

Dos años antes, China destruyó uno de sus satélites meteorológicos más antiguos como parte de una prueba antisatélite, dejando alrededor de 2.500 piezas de escombros en la órbita de la Tierra.

Este mismo mes, un gran segmento del cohete chino Long March-5B, de 18 toneladas, entró en la atmósfera de la Tierra y se desintegró sobre el Océano Índico.

Un problema adicional de los escombros espaciales es que la energía que queda a bordo de un satélite o del cuerpo de un cohete abandonado, puede provocar explosiones.

El ELSA-d tiene la capacidad de capturar y eliminar de forma segura los desechos espaciales de la órbita. Crédito: Astroscale.

Limpieza espacial

La Agencia Espacial Europea acaba de lanzar una nave parecida a una lavadora que se considera la primera misión comercial del mundo para testar las tecnologías necesarias para limpiar de escombros la atmósfera terrestre.

La misión ELSA-d experimentará un método pionero para capturar y eliminar de forma segura los desechos espaciales de la órbita mediante la recuperación magnética.

ELSA-d consta de dos satélites. El primero es una nave de servicio diseñada para eliminar de forma segura los escombros en órbita. El segundo es un satélite más pequeño que imita una pieza de basura espacial durante los vuelos de prueba.

La tecnología se propone capturar escombros y con ellos a bordo regresar a Tierra y arder al ingresar al planeta. La aspiradora se destruye junto con los escombros.

Junto a esto, se está pensando también en reducir el impacto de la aventura espacial, diseñando naves que limiten la liberación de escombros, así como limitar la posibilidad de accidentes que terminen dejando más residuos en la atmósfera terrestre.

Foto superior: Así se ve nuestro planeta rodeado de basura espacial. ESA/ID y Sense / ONiRiXEL.

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe, periodista científico, es el Editor de Tendencias21.

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