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Nuevos indicios de vida a 2.000 millones de kilómetros de la Tierra

Hay muchas posibilidades de que exista vida microbiana a casi 2.000 millones de kilómetros de la Tierra: Encélado, la luna de Saturno, no solo contiene hidrógeno molecular, sino que también su metano procedería de seres vivos.

Cada vez que se profundiza un poco más en los mundos ocultos de Encélado, una de las 53 lunas de Saturno, aumentan los indicios de que realmente puede contener vida microbiana.

En 2014, la misión Cassini-Huygens descubrió que Encélado contenía un océano regional de agua líquida, a unos 40 kilómetros por debajo de su superficie. Un año después se supo que ese océano era global.

En 2017 se averiguó que ese inmenso océano reúne varios de los elementos necesarios para la formación de la vida e, incluso, que puede acoger pequeños ecosistemas microbianos.

En 2020, un nuevo estudio del Southwest Research Institute (SwRI) en Texas, realizado mediante modelos informáticos, confirmó que ese océano podría disponer de un menú metabólico diverso, capaz de sustentar una rica comunidad microbiana.

Esa investigación descubrió hidrógeno molecular, una posible fuente de alimento para los microbios, en la columna de granos de hielo y vapor de agua que brotaban de las grietas en la superficie helada de Encélado.

Aunque tanto Saturno como sus lunas conforman un mundo gélido, Encélado tiene zonas calientes debido a su actividad geológica interna: volcanes de hielo y agua emiten vapor de agua que se convierte en polvo de hielo, donde se localizó el hidrógeno molecular.

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También el metano

Por si no fueran suficientes estos indicios, una nueva investigación realizada por la Universidad de Arizona y la Universidad de Ciencias y Letras de París, usando también datos obtenidos por la misión Cassini-Huygens, identifica al metano como un elemento más que confirmaría el ambiente necesario para la vida.

La presencia de metano en las plumas de vapor de agua que emergen de la superficie de Encélado podría estar relacionada con la existencia de vida microbiana en la luna más fría de Saturno, según los autores de esta investigación.

Hasta ahora se había considerado que esas enormes cantidades de metano en la atmósfera de Encélado se debían a la dinámica hidrotermal de la luna, una hipótesis que la nueva investigación descarta completamente.

Esta constatación es la que los ha llevado a la conclusión de que la explicación más plausible de la presencia de tanto metano en Encélado es que se debe a procesos biológicos: microbios que devoran hidrógeno y producen metano, tal como ocurre en la Tierra.

Existe otra posibilidad: que la presencia de metano se deba a procesos termodinámicos. Los investigadores plantean al respecto que el metano podría provenir de la descomposición química de la materia orgánica primordial que puede estar presente en el núcleo de Encélado.

Modelos informáticos

Para obtener estos resultados, los investigadores aplicaron modelos matemáticos, tal como habían hecho en 2020 los científicos del Southwest Research Institute (SwRI), ya que de momento no hay otra manera de aproximarse a los secretos de Encélado.

Los modelos informáticos de la nueva investigación combinaron datos de la geoquímica y la ecología microbiana para analizar los datos de la pluma de Cassini y modelar los posibles procesos que explicarían mejor las observaciones.

Concluyeron que los datos de Cassini son consistentes, tanto con la actividad de los respiraderos hidrotermales microbianos, como con procesos que no involucran formas de vida, pero que son diferentes de los que ocurren en la Tierra.

«Obviamente, no estamos concluyendo que exista vida en el océano de Encelado», dicen los investigadores en un comunicado, añadiendo a continuación que tampoco pueden considerar la «hipótesis de la vida» como altamente improbable.

Estamos hablando de que todos estos procesos microbianos probablemente se están desarrollando en el séptimo satélite de un planeta que está a 1.400 millones de kilómetros del Sol.

El escenario donde todo esto podría estar ocurriendo es una luna que tiene alrededor de 500 kilómetros de diámetro, que es 25 veces más pequeña que la Tierra, que está casi 10 veces más lejos del Sol y a unos 2.000 millones de kilómetros de la Tierra.

Referencia

Bayesian analysis of Enceladus’s plume data to assess methanogenesis. Antonin Affholder et al. Nature Astronomy (2021). DOI: https://doi.org/10.1038/s41550-021-01372-6

Foto superior: superficie de Encélado, captada por la sonda Cassini. Crédito: NASA/JPL Caltech

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe

Eduardo Martínez de la Fe, periodista científico, es el Editor de Tendencias21.

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