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La política puede marcar la evolución humana, y viceversa

Las políticas aplicadas por los gobiernos pueden afectar a la evolución humana, cambiando –para bien o para mal- los genes de las poblaciones, que serán heredados por las siguientes generaciones. Esto es lo que aseguran especialistas en ciencias políticas de la Universidad Estatal de Pensilvania, en Estados Unidos. Estudios previos habían demostrado que también existe el efecto inverso: nuestros genes pueden condicionar nuestras convicciones y comportamientos políticos. Por Marta Lorenzo.

La política puede marcar la evolución humana, y viceversa

Las políticas aplicadas por los gobiernos pueden afectar a la evolución humana, cambiando –para bien o para mal- los genes de las poblaciones, que serán heredados por las siguientes generaciones. Esto es lo que afirma un equipo de especialistas en ciencias políticas de la Universidad Estatal de Pensilvania, en Estados Unidos.

En dirección contraria, también habría una influencia, señalan el investigador Peter K. Hatemi y sus colaboradores, de dicha Universidad. Según ellos, existe una interacción en dos direcciones entre las fuerzas políticas y culturales y la evolución de nuestra especie.

En otras palabras, que, por un lado, los genes dan forma a la cultura y a las instituciones políticas pero estas, a su vez, también dan forma a la biología y a la fisiología humanas, propiciando la transmisión de ciertos rasgos a generaciones futuras.

Algunos ejemplos obvios

Según explica Hatemi en un comunicado de la Universidad Estatal de Pensilvania, la influencia del medio ambiente sobre la adaptación y los cambios biológicos es más conocida y, a menudo, más fácil de observar.

Sin embargo, la forma en que la política “puede afectar a la expresión de los genes en generaciones futuras es más difícil de demostrar, y puede precisar de más tiempo para revelarse”.

Aún así, ya existen ejemplos obvios del efecto de las políticas sobre la selección natural: Se sabe que atrocidades políticamente inducidas, como las purgas comunistas en China o el Holocausto nazi, han afectado a la diversidad genética de los pueblos que las padecieron.

Otros casos están comenzando a ser estudiados. En la actualidad, por ejemplo, hay investigadores analizando si, en determinados conflictos, como el de Sudán, los niños que sufrieron la violencia tras ser obligados a convertirse en soldado o las madres que sufrieron estrés y desnutrición durante hambrunas han experimentado cambios en su expresión génica.

Hacer política para el presente y para el futuro

El hecho de que las políticas puedan afectar a nuestra biología y provocar en esta cambios que se extiendan en el tiempo, explicaría por qué algunos conflictos y dificultades se prolongan casi indefinidamente.

Según explica Hatemi, las personas que nazcan en ambientes agresivos pueden transmitir rasgos (genéticos) que hagan que sus descendientes sean más propensos a reaccionar con violencia ante determinadas situaciones.

Por esta razón, el investigador y su equipo alertan de la forma actual de hacer política. “La mayoría de las democracias occidentales generan políticas como si fueran vendas; para arreglar lo que se pueda y seguir adelante”.

Sin embargo, “también hay que tener en cuenta que las políticas deben servir, además de para el presente, para estar preparados para lo que vendrá después". "Podemos dar forma a políticas que a su vez puedan dar forma a la evolución”.

Los genes y la política

El interés por comprender la interacción entre política o cultura y biología ha ido aumentando en los últimos años. Así, trabajos sobre la interacción entre genética y política realizados desde la década de 1970 han ido revelando la influencia de la genética en las convicciones y comportamientos políticos.

En el primer caso, se ha constatado que los genes pueden influir mucho más en nuestras convicciones políticas que las ideas familiares y el entorno; y en el segundo, que existen dos genes responsables de que vayamos a las urnas en las elecciones y de otros comportamientos políticos, como el de presentar una candidatura: el MAOA y el 5HTT, ambos relacionados con la serotonina del cerebro, un neurotransmisor que regula las interacciones sociales.

RedacciónT21

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