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Los bebés aprenden más con las manos que con la observación

Un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Washington ha demostrado que la experiencia activa, manual, permite a los bebés aprender mucho más de una acción concreta que el observar a los adultos realizar esa misma acción. Cincuenta y un bebés fueron divididos en varios grupos. Uno de ellos aprendió a alcanzar un juguete con un bastón, mientras que el resto sólo miraron cómo se hacía. Una filmación posterior de la atención de los bebés hacia los adultos que imitaron el procedimiento reveló que aquellos niños que habían tomado por sí mismos el juguete con el bastón prestaron más atención a los adultos que repitieron esta acción. Según los científicos, esta atención apunta a que estos niños comprendían mejor las intenciones de los mayores, gracias a su propia experiencia. Por Yaiza Martínez.

Los bebés aprenden más con las manos que con la observación

Investigadores de la Universidad de Washington han realizado un estudio cuyos resultados demuestran que, también para los niños menores de un año, la mejor forma de aprender es la experiencia.

El estudio ha sido dirigido por la psicóloga de dicha universidad, Jessica Somerville, y aparece explicado con detalle en la revista especializada Developmental Psychology.

En concreto, los investigadores descubrieron que de un grupo de niños, aquéllos que tuvieron la oportunidad de utilizar un bastón de plástico para llegar hasta un juguete que estaba fuera de su alcance, posteriormente fueron más capaces que otros niños de comprender las intenciones de un adulto al usar una herramienta similar.

Importancia de la experiencia en el desarrollo

Según explicó Sommerville en un comunicado emitido por la Universidad de Washington, “interactuar con el mundo es una de las maneras que los niños tienen de aprender cosas de él, y sólo recientemente se han realizado estudios que demuestran que la experiencia activa, manual, es más efectiva como aprendizaje que el mero hecho de mirar”.

La presente investigación, señaló además la científico, indica que el conocimiento humano se beneficia de la experiencia manual incluso en los estadios más tempranos de nuestro desarrollo. En un estudio anterior, Sommerville había demostrado que los niños de 10 meses de edad raramente usan herramientas, como un bastón, de manera espontánea.

En este nuevo estudio, para comprobar si el entrenamiento activo, manual, proporcionaba una mayor comprensión a los niños de las intenciones de los adultos al usar una herramienta concreta, los investigadores dividieron a 51 bebés -26 varones y 25 niñas- en tres grupos distintos.

Los niños de uno de estos grupos fueron entrenados en el uso de un bastón de rayas rojas y un bastón de rayas verdes para mover un juguete de goma (un pato amarillo o un hipopótamo de color púrpura) hacia ellos, sobre una mesa. A estos niños se les mostró como usar la curva del bastón para asir el juguete. Finalmente, se les permitió probar dos veces para ver si podían acercar el juguete hacia ellos sin ayuda.

Filmación de la atención

Los niños del segundo grupo, el grupo de observación, siguieron el mismo procedimiento con una diferencia: no llegaron a usar los bastones sino que, simplemente, miraron cómo un adulto imitaba a los bebés del primer grupo, mientras éstos aprendían a usar el bastón para coger el juguete.

Los niños de estos dos grupos y los del tercer grupo, que se tomó como referencia, observaron individualmente pruebas de entrenamiento en las que un investigador, sentado frente a una mesa, usó un bastón para alcanzar un juguete y recogerlo con él. Fuera de la vista de los bebés, la localización del juguete fue cambiada en cuatro pruebas.

En dos de ellas, la curva del mismo bastón usado previamente por el adulto fue colocada alrededor de un nuevo juguete. En las otras dos pruebas, la curva de un nuevo bastón fue colocada alrededor del mismo juguete. Todos los bebés fueron filmados durante dichas pruebas para comprobar cuánto tiempo permanecían atentos a cada una de ellas.

Sommerville explicó que el experimento fue diseñado para ver si los niños prestaban atención a cualquier cambio en el juguete objetivo del adulto, o si se fijaban más en el cambio en la herramienta utilizada.

Más tiempo mirando intentos

Los niños de los grupos de observación y de referencia, dedicaron la misma cantidad de tiempo a observar el nuevo bastón y los intentos de acercar los juguetes. Pero el grupo de entrenamiento dedicó más tiempo a observar los nuevos tanteos, lo que sugiere que entendían que el adulto estaba usando el bastón como herramienta.

Pero incluso más llamativo fue el hecho de que, dentro del grupo de entrenamiento, aquellos niños que fueron los más competentes al recoger un juguete –mirándolo, utilizando con decisión el bastón para atraerlo hacia ellos, y asiendo rápidamente dicho juguete- tendieron más a mirar esos mismos tanteos durante más tiempo que el resto de los niños de su mismo grupo.

Sommerville señala que, para que los niños comprendiesen realmente el uso del bastón y, en particular, para que pudieran anticipar acciones próximas y el resultado de éstas mientras observaban el proceso, era necesario haber ejecutado antes la secuencia del uso de la herramienta por sí mismos. Simplemente, mirar cómo lo hacía un adulto no parecía ser suficiente como para comprender todo el proceso.

Según la psicóloga, este experimento demuestra que la experiencia en primera persona resulta de gran importancia para la comprensión de las acciones por parte de los niños desde edades muy tempranas.

Estudios anteriores

The Early Childhood Cognition Lab de la Universidad de Washington que dirige la profesora Sommerville, se centra en el estudio de los orígenes de nuestra habilidad de representar las acciones humanas en términos de objetivos e intenciones. Para ello, se investigan los comportamientos de niños y bebés utilizando juegos apropiados para cada edad.

En Tendencias21 ya hablamos de un trabajo anterior realizado por Sommerville en colaboración con la profesora de ciencia cognoscitiva del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), Laura E. Schulz.

En aquella ocasión, Sommerville y Schulz se preguntaron si los niños pequeños pueden aceptar la idea de que las causas de los fenómenos físicos funcionaran sólo a veces. Examinando a un total de 144 niños de cuatro años de edad determinaron que éstos son proclives a pensar que existen causas “ocultas” para los efectos que observan, y que los acontecimientos no son aleatorios.

Yaiza Martinez

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