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Por qué hay sitios donde no nos gusta el agua del grifo

Una de las preguntas más frecuentes que surgen al salir de vacaciones es si se podrá o no beber el agua del grifo en nuestro lugar de destino. En la mayoría de las ocasiones, la respuesta es un no y se opta, aunque solo sea por precaución, por consumir agua mineral. Aún así, los más audaces se atreven a probar el agua local, y comprueban que su sabor no resulta familiar, que puede llegar incluso a ser desagradable. La razón de esta diferencia en el sabor del agua se encuentra en las diversas sales que contienen los manantiales. Estas sales determinarán si el agua es dura o blanda. Por Julia Romero.

Por qué hay sitios donde no nos gusta el agua del grifo

Una de las preguntas más frecuentes que surgen al salir de vacaciones o abandonar nuestra ciudad habitual por motivos laborales es ¿ se podrá beber el agua del grifo? En la mayoría de las ocasiones la respuesta es un no y se opta, aunque solo sea por precaución, por consumir agua mineral.

Aún así, los más audaces se atreven a probarla y comprueban que su sabor no resulta familiar, que puede llegar a resultar desagradable y finalmente se decantan por el agua embotellada.

En principio, si se atiende a la definición de sus propiedades (inodora, incolora e insípida) puede parecer un contrasentido.

Lo que ocurre es que, además de agua propiamente dicha, el líquido que brota de los manantiales (o de las tuberías) tiene en su composición disueltas algunas sales, que son las que la dotan de un gusto diferente y hacen que las aguas se denominen como «duras».

Pero, ¿que significa eso de que el agua es muy dura o muy blanda Básicamente, estas sales disueltas son sodio, magnesio y de calcio.

Cuando las concentraciones de estas sales son altas, notamos como el sabor del agua varía, y cuando la echamos en un vaso, se puede ver cierta turbidez.

Cómo saber si el agua es dura o blanda

Para saber si el agua es muy dura basta con hacer una sencilla prueba: mezclarla con jabón y comprobar si hace menos espuma de lo normal.

Los resultados se comprueban en que, al salir de la ducha, la piel estará algo más seca o que se precisa más detergente de lo habitual para obtener los resultdos de limpieza de la ropa acostumbrados.

Cuando el agua es blanda, por el contrario, no notamos un sabor especial, y hace mucha espuma al mezclarla con el jabón.

En cualquier, caso sea dura o blanda, que sea potable o no el agua de la que disponemos, depende de los procesos de control de calidad que se realizan en las plantas depuradoras.

En España, las aguas sufren un exhaustivo proceso de análisis antes de salir por el grifo.

Y, aunque los márgenes permitidos para el contenido en sales son bastante amplios, la conclusión última es que nuestras aguas son aptas para el consumo. Otra cosa es que nos agradade más o menos su sabor y optemos o no por su ingesta.

RedacciónT21

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